12/2/18

EL VALOR EDUCATIVO DE LA BLASFEMIA


Lo ocurrido alrededor del fotomontaje del Cristo de la Amargura no debería haber llegado a los juzgados, al tratarse únicamente de una grave falta de educación. Falta de educación cometida por la Hermandad de la Amargura contra el joven de Jaén, por supuesto. Es preocupante constatar cómo últimamente proliferan estas faltas de educación y respeto en donde individuos invocan una subjetiva sensación de ofensa para atacar personalmente a quienes no se habían dirigido personalmente contra ellos sino contra unas creencias.

Es un problema de mala educación, no judicial. No sería buena idea liarse ahora en una espiral de denuncias, por lo que nos haya podido ofender a las personas sensatas esta nefasta resolución judicial -además, no existe una Ley de Defensa de los Sentimientos Antirreligiosos que ampare a los que no creemos en supercherías-. Es mucho mejor educar que judicializar, y en eso los medios de comunicación pueden resultar de gran ayuda. Es urgente que la televisión ofrezca con frecuencia a la ciudadanía burlas de las creencias parapsicológicas y sobrenaturales, para que, por pura habituación, vaya descendiendo el narcisista y maleducado sentimiento de ofensa que algunos creyentes sienten hacia la libertad de expresión cuando la ejerce gente que no piensa como ellos. El problema no está en el ofensor sino en el ofendido; y, en este sentido, las parodias que realizaron estos días Wyoming en “El intermedio” y el dúo Edu Galán-Darío Adanti en el Informe Mongolia de “Al rojo vivo” fueron actos puramente educativos. Los creíamos ya innecesarios, pero la actuación neanderthalensis de la cofradía andaluza demuestra lamentablemente que no es así.

Pocas cosas en esta vida son tan risibles como la religión. Y pocas cosas son tan sanas como reírse de creencias irracionales. Es triste e inesperado, pero los que no entienden que los sujetos del respeto son las personas y no las ideas, los que exigen que el Estado vele por sus quebradizas veleidades emocionales, los que nos quieren volver a llevar al paleolítico, han conseguido paradójicamente que la blasfemia tenga hoy en día un alto valor educativo. Hay que practicarla, en nombre de la paz social. Hostia puta.

11/2/18

TELEMIERDA


¿“Teleinmundicia”? ¿“Teleasquerosidad”? ¿“Telemierda”? Da igual. Pasará lo que pasó con “telebasura”: un poco de revuelo al principio, y después la palabra se olvida. En los años finales de “Crónicas marcianas”, Javier Sardá respondía “Tu puta madre” a quien hablaba de telebasura porque le parecía un insulto. Hoy nadie contesta nada porque ya nadie dice nada. Aquí nos quejamos un poco de esto o aquello, pero son pataletas tontas. ¿Telebasura? ¡Qué sabemos nosotros, pardillos, si no tenemos ni idea de lo que hay!

Hace una semana de la visita bomba de Mila Ximénez, una de las grandes del género, a Risto Mejide en “Chester” (noche del domingo en Cuatro). Ella sí sabe. Habló sobre cómo va el negocio, cómo es su profesión, cómo funciona el cotar. Y no pasó nada. Reía viendo la diferencia entre las imágenes en bruto y el vídeo tramposo emitido en “Aquí hay tomate”. Qué gracia. Y abría compuertas: “Yo cuando he tenido que sobrevivir he vendido de todo. A veces he mentido para ganar dinero. Era la única forma que tenía de salir del pozo en el que estaba metida. No sabía por dónde sacar la cabeza para respirar. Pensaba que no iba a levantar cabeza”. Profesional, busca empatía cuando miente para ganarse la vida y cuando se gana la vida reconociendo que miente: “Daría cualquier cantidad de dinero por borrar mis años en ‘Crónicas’. Fue la colaboración más humillante. Éramos como cerdos metidos en un corral. Era todo insultar y ver quién era más zafio y cruel”. También dispara: “Alguien que no fuera Lydia Lozano de esta no sale porque no contó la verdad (caso Ylenia, hija de Al Bano). Es rigurosamente mentira. Y eso es un fraude, una estafa. ¿Qué ocurrió? Que dio tanta audiencia que ni unos podían parar por la audiencia, ni ella por el protagonismo que le estaba dando. Fue una vergüenza total y absoluta”.

Y, al fin, “Sálvame”: “Hay días que pienso que me importa una mierda la gente de la que hablamos. Es una putada porque se han dado cuenta de que lo que funciona son los pollos entre nosotros y entonces los provocan para que nos matemos entre nosotros”. Váyanse todos a la mierda y completen el círculo de la telemierda, amén.

10/2/18

MAESTRA MERCEDES MILÁ


Años 80, años de PSOE. “Usted reconoció que era imposible cumplir la promesa electoral del PSOE de los 880.000 puestos de trabajo, y ahora nos dice que están preparados para crear 150.000 puestos más. ¿Le tenemos que creer ahora?”, espeta Mercedes Milá al entonces ministro socialista Carlos Solchaga. El programa era “Jueves a jueves”, en la única tele que había, la pública. ¿Se lo imaginan en la tele pública de hoy, con un periodista de TVE de hoy y ante un ministro de hoy? Ni yo, ni yo, y ni yo.

Milá sabía cómo hacerlo y le sobraba valor. “Déjeme terminar, séame sincero, no se vaya por la tangente”, ataja al todopoderoso banquero Emilio Botín. Incluso torea en corto al peligroso jefe de la oposición cuando pretende ser él quien lleva la entrevista:
—Se pregunta lo que se quiere y se responde lo que se debe. Sentencia Manuel Fraga.
—Lo que se quiere, también. Replica Milá.
—Lo que se debe. Reafirma él.
—Y lo que se quiere. Remata ella.

Esto preguntaba a su jefe, el director general de RTVE, hace 32 años: “¿Está dispuesto, señor Calviño, a afirmar que en los informativos o en un programa como este, por ejemplo, puede hacerse periodismo sin consignas, sin vetos, sin censuras, sin temas tabú, sin ser presionado?”. Como contesta que sí, prosigue: “Mucha gente estará diciendo "pero cómo puede tener la cara dura el señor Calviño de decir eso cuando es recientísima la suspensión de un programa como ‘La clave’ que para muchos era el único programa de debate de televisión"”. Más: “Hay 650.000 personas que han firmado contra usted, han dicho "nosotros no queremos al señor Calviño"”. Su jefazo divide la cifra por dos, y Milá le fulmina: “En todo caso, si fueran la mitad también serían muchas. ¿Usted duerme bien? […] ¿Y su mujer aguanta tener a su lado a semejante monstruo, porque si se tiene que fiar de lo que dicen la prensa y la radio y la gente, dirá: "¡Con quién me casé yo, Dios mío de mi vida, sin saberlo!”.

Nos lo recordó Ana Pastor en “¿Dónde estabas entonces?”, de laSexta. Maestra y discípula juntas en esa escuela de periodismo incisivo y valiente que tanto necesitamos. Pena que el terremoto “GH” solo nos dejara una.

9/2/18

CHENOA Y BISBAL Y AMAIA Y ALFRED

Para bien o para mal, pocas cosas reflejan mejor la evolución de nuestro país en los últimos veinte años que la comparación entre la pareja que formaron Chenoa y Bisbal en el “Operación Triunfo” de 2001 y la pareja que forman Amaia y Alfred en el “Operación Triunfo” de 2018. Chenoa jamás se hubiera enamorado de Alfred. Bisbal jamás se hubiera enamorado de Amaia. Los que votaron a Chenoa y a Bisbal en 2001 -vale, en aquella ocasión ganó Rosa, ya lo sé, pero es que si no no me sale la columna- jamás de los jamases hubieran votado a unos lánguidos melifluos como Amaia y Alfred. Los que votaron a Amaia y Alfred en 2018 hubieran preferido quedarse sin wifi antes que votar a unos pastiches mainstreameros como Chenoa y Bisbal. El abismo generacional de la España actual no tiene que ver con tatuajes, piercings o barberías. Ni con senyeras contra esteladas. Ni con Almodóvar contra los Javis. El verdadero abismo generacional de la España actual -vale, no es una generación, sólo pasaron dieciséis años, no hay que ser tan tiquismiquis- es el que enfrenta a Chenoa y Bisbal contra Amaia y Alfred.

Chenoa y Bisbal eran jóvenes. Amaia y Alfred son adolescentes. Chenoa y Bisbal triunfaban entre los adolescentes. Amaia y Alfred triunfan entre los niños. Chenoa y Bisbal eran unos redomados horteras. Amaia y Alfred son unos cursis disneyficados. Chenoa y Bisbal se enfrentaban a José Ramón Pardo en el jurado. Amaia y Alfred se enfrentaban a Mónica Naranjo. Chenoa y Bisbal tuvieron una destacada carrera musical tras el concurso. Amaia y Alfred no la van a tener. Chenoa y Bisbal tenían en la potencia la principal virtud de su voz. Amaia y Alfred la tienen en el buen gusto. La España de 2001. La España de 2018. Sólo hay dos cosas, dos, en las que las dos parejas se parecen: ambas vivieron historias de amor de una levedad irritante y ambas hicieron ganar mucho, pero que mucho dinero a Gestmusic. El amor y el dinero, las eternas motivaciones, tendiendo puentes entre las generaciones de nuestro país con el macguffin de la música.

8/2/18

INGREDIENTES Y PROPORCIONES


Ya van dos semanas que Jordi Évole se equivoca en la confección del menú para la cena de los domingos. No se equivoca en los ingredientes, sino en la proporción con la que éstos se usan en la receta. El penúltimo “Salvados” habló sobre la depresión. Y la receta incluyó un 90% de testimonios de pacientes y un 10% de información dada por especialistas. Sin minusvalorar la relevancia de lo que cuenten cuatro personas deprimidas, cabe entender que, contra cada experiencia individual, el conocimiento del técnico especialista condensa los resultados de miles de estudios. Hay tantas formas de encontrarse deprimido como personas deprimidas, por lo que cuatro testimonios concretos serán siempre menos representativos e informativos que la opinión de un clínico. Un programa riguroso no sensacionalista acerca de la depresión -u otro aspecto sanitario- debería usar opiniones de especialistas y testimonios de pacientes, sin duda, pero en la proporción inversa a la que vimos en ese “Salvados”: 90% de profesionales, 10% de pacientes.

Y en el último “Salvados”, dedicado a la industria cárnica, se cometió el mismo error, al dedicar un 10% a las casi esclavistas condiciones laborales que sufren los trabajadores en algunos mataderos, y el 90% restante a la insalubre situación en la que se mantiene a grupos de animales enfermos en algunas granjas. De nuevo, ambos asuntos son relevantes, pero a tal distancia, a escalas moralmente tan separadas, que mezclar ambos temas dando prioridad al segundo produce una revoltura ética de difícil digestión. Que las repercusiones en las redes sociales también se escandalizaran más por el maltrato hacia los cerdos que el cometido hacia los humanos me mantiene durante estos días en un triste estupor. No se puede tocar de pasada la explotación laboral ilegal en un programa dedicado a un tema menos importante, por mucho que las imágenes de los cerdos impacten más que las de los obreros. Son cuestiones de ingredientes y proporciones, y han de ser tenidas en cuenta tanto por la industria cárnica como también por la industria periodística.

7/2/18

ANIMADORAS CON ABRIGO


No sé qué es más difícil de entender para los europeos de tradición greco-romana pasada por el cristianismo como ustedes y como yo, si la explicación técnica de la jugada en la que Tom Brady echó a perder la remontada de su equipo ante los Eagles en la Super Bowl, o la polémica acerca de la poca ropa (y, por tanto, mucha carne) que lucieron las “cheerleaders” en esa misma Super Bowl. Juzguen ustedes. Primero, la jugada de Brady: el “quarterback” de los Patriots saltó al campo con 2.21 en el reloj para lograr su sexto anillo, pero hasta los más grandes fallan y Brady sufrió el “sack” de Graham y acabó perdiendo el balón en el que fue el primer “fumble” en los veinte últimos partidos de “playoffs”. Hala. Y ahora, las “cheerleaders”: después de que las azafatas hayan desaparecido en los podios de muchas pruebas ciclistas y, hace poco, de la Fórmula 1, la NFL decidió mantener la presencia de las “cheerleaders” de los Patriots y de los Eagles en la Super Bowl, pero el problema no era tanto la presencia de las “cheerleaders” en el partido como que llevaban  poca ropa a pesar del frío que hacía en el US Bank Stadium. Los conceptos de “sack” y “fumble” no están en Homero, ni en Aristóteles, ni en santo Tomás de Aquino, así que sólo podemos mover ligeramente la cabeza mientras decimos “mmmmmmmm”. En cuanto a las “cheerleaders” con poca ropa en una noche fría, Homero no entendería nada y Aristóteles no encontraría hueco lógico a esta objeción,  pero santo Tomás de Aquino podría echarnos una mano.

Una animadora de un partido de fútbol americano vestida con jersey, gorro y abrigo es como un concursante de “Mujeres y hombres y viceversa” sin tatuajes, sin corte de pelo estrafalario y con camisa de cuadros debajo del jersey. La cuestión no es si las animadoras tienen que abrigarse cuando hace frío para hacer su trabajo, sino si tiene sentido que un grupo de mujeres sonrientes y con poca ropa animen a los espectadores en los tiempos muertos de un partido. Santo Tomás decía que los bienes mayores respecto a un individuo particular son indeterminados, pero los bienes universales mayores son bien determinados. Puede que una animadora particular (o una azafata de la Fórmula 1) considere que es un bien para ella ganar dinero animando o sosteniendo un paraguas rojo, pero parece evidente que es un bien universal determinado acabar con el espectáculo de las chicas guapas con poca ropa en el deporte. No se nace animadora, sino que se llega a serlo. ¿Y saben qué? Me habría gustado ver a las “cheerleaders” de la Super Bowl con abrigo y jersey. Eso sí habría sido un espectáculo universal, y no el ”fumble” particular  de Brady.