6/4/18

O NEGAN O YO

Te lo voy a explicar muy clarito, Fox, que luego no quiero líos: o Negan muere en los dos capítulos que le quedan a la temporada 8 de “The walking dead” o tú y yo vamos a tener serios problemas. Otra como la de la temporada 7 no te la vuelvo a pasar. Me engañaste como un influencer a un millenial. Era obvio, siguiendo los más elementales principios de la narración televisiva, que el malísimo Negan, tras reventarle el jerolo a Glenn, protagonizaría la T7 y acabaría muriendo a manos de Rick. Me comí los dieciséis capítulitos porque supuse que cumplirías el acuerdo implícito que obliga a que el malo de cada temporada muera en su capítulo final. Y no. Con esa maestría que sólo “The walking dead” tiene, la T7 fue avanzando episodio a episodio sin que pasara nada, hasta llegar al episodio final, en el que tampoco pasó nada. Bueno, murió esa chica alta y negra (¿Sasha?), pero no estuve mirando al televisor dieciséis horacas de mi vida para ver cómo se zombifica una mujer de cuyo nombre ni siquiera estoy seguro.

Como en el fondo soy un hombre de buen corazón, acepté darte otra oportunidad, Fox. Venga, Negan es tan malo que vale por dos. Se le puede exprimir otra temporada más. La T7 por él y la T8 por su bate. Pero la octava temporada ya se acerca al final, y me empiezo a oler la misma jugada: dieciséis horas de uy-casi-muere-pero-no sin que en verdad pase nada relevante en todo el año. Vale, murió el hijo de Rick, pero es que con ese parche sucio puesto todo el día sobre el ojo hubiera acabado palmando igual de una infección aunque no le mordieran los zombis. Y eso sí que no. Imagino la sonrisa traidora de los guionistas mientras piensan que con un poco de jeta pueden estirar una temporada más al líder de los Salvadores. No way, Fox. Que ni se te pase por la cabeza alargar más la saga de Negan. Hasta los
críticos televisivos tenemos una paciencia limitada. O Rick mata a Negan con su propio bate la semana que viene -la siguiente como mucho-, o dimito para siempre de tu apocalipsis zombie. Elige: o Negan o yo.

5/4/18

LETIZIA TIENE UNA PRECUELA

Seguramente Froilán tendrá un spin-off. Y Urdangarín, un crossover con “Prison Break”. Pero Letizia tiene una precuela de muuuuchas temporadas. Se trata de géneros nacidos gracias al florecimiento de las nuevas series de televisión. En una precuela no se nos cuenta lo que le ocurre a un personaje a partir de un determinado momento, sino cómo fue el curso de su vida hasta ese determinado momento. En las secuelas se nos cuenta una historia “desde”. En las precuelas se nos cuenta una historia “hasta”. Tan fascinante es el personaje de Sheldon Cooper en “The Big Bang Theory” que la productora se vio obligada a crear “El joven Sheldon” para explicar su origen. “Fear the walking dead” es una precuela planetaria de “The walking dead”. Una vez conocido a Saul Goodman en “Breaking bad”, tenía más atractivo saber cómo llegó hasta ahí que sus años finales de cajero en Omaha; por eso nació “Better call Saul”.

Hay dos tipos de personas: aquéllas cuyo mayor interés consiste en descubrir lo que van a hacer a partir de ahora y aquéllas cuyo mayor interés consiste en conocer cómo han llegado hasta este momento. Sinceramente, cada vez más adentrada en su proceso de michaeljacksonización, el futuro de nuestra reina no plantea más incertidumbre que especificar la variedad de córvido a la que se va a ir pareciendo cada vez más. No es que eso no pueda competir contra “El secreto de Puente Viejo”, es que no puede competir ni contra las teletiendas de madrugada. Pero su pasado, uy, su pasado… su evolución desde la joven ovetense hasta la monarquesa que impidió el otro día la foto de su antecesora con sus sucesoras… puff, eso, a fecha de hoy, es lo único que puede impedir que “Fariña” sea la serie del año.

“La joven Letizia”, “Fear Letizia”, “Better call Letizia”. Porque cuando no haya futuro, siempre nos quedará el pasado. Una precuela para Letizia, ya que la monarquía no puede tener secuelas. Bueno, sí puede tener secuelas, pero de las otras. No de las de las series de televisión.

4/4/18

ENHORABUENA, MÁXIMO


TVE programó la película “Gladiator” la noche del Jueves Santo. No fue “Ben-Hur”, ni “Quo vadis”, ni “Los Diez Mandamientos”, ni siquiera la deliciosa (y odiada por Paul Newman) “El cáliz de plata”. La elegida fue “Gladiator”, con el imponente general Máximo interpretado por Russell Crowe poniendo orden en el Imperio desde la arena del Coliseo, con Cómodo haciendo bueno al Nerón poeta y pirómano de “Quo vadis”, y con el emperador-filósofo Marco Aurelio siguiendo el canon del filósofo de cine. Ya es oficial: “Gladiator” es el nuevo clásico del cine de Semana Santa a pesar de que, como en el “Espartaco” de Kubrick y Douglas (Espartaco murió en el siglo I a. C.), no salen los cristianos.

La imagen de Marco Aurelio que nos transmite “Gladiator” se resume en la escena en que el emperador recibe a Máximo mientras está trabajando en su estudio de campaña. Marco Aurelio es un hombre viejo y cansado, y pregunta: “¿Por qué estamos aquí, Máximo?” Máximo responde a la pregunta del emperador tirando de manual: “Por la gloria del Imperio”. Marco Aurelio insiste: “¿Qué es Roma, Máximo?”. Y Máximo, un poquito enfadado, dice: “He visto mucho del resto del mundo. Es brutal, es cruel y oscuro. Roma es la luz”. La respuesta de Máximo es interesante, aunque también podríamos decir al general que Roma siempre buscó el interés propio de la forma más brutal, pero Marco Aurelio va por otro lado: desde que se convirtió en emperador ha tenido “cuatro años de paz entre veinte de guerra”. ¿Y para qué? Las palabras finales de Marco Aurelio son de total desesperanza: “He aportado la espada. Nada más”. Marco Aurelio se pregunta en “Gladiator” cómo será recordado: “¿Como el filósofo? ¿El guerrero? ¿El tirano? ¿O más bien como el que devolvió a Roma la libertad restaurando la república?”. Cualquier posibilidad sería históricamente válida... excepto la última. Pero, ahora que “Gladiator” se ha convertido en un clásico (ya veremos si a la altura de “Ben-Hur” en el altar popular), hay que decir que Marco Aurelio no será recordado como el filósofo, ni como el guerrero, ni como el tirano, ni como el hombre que restauró la república en Roma, sino como el tipo que pretendió hacer de Máximo el salvador de Roma y que, por ello, murió asfixiado contra el pecho de su desagradable hijo Cómodo. El cine da y el cine quita. Y el cine nos ha quitado al Marco Aurelio filósofo, guerrero, tirano o libertador y nos ha dado un general-gladiador inmortal para el Jueves Santo: “Mi nombre es Máximo Décimo Meridio, comandante de los ejércitos del Norte, general de las legiones Félix, leal servidor del auténtico emperador Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado, esposo de una mujer asesinada. Y alcanzaré mi venganza, en esta vida o en la otra”.

Lo has conseguido, Máximo.

3/4/18

QUEJARSE A FAVOR


También podíamos probar a quejarnos a favor. Podíamos probar a decir que esta Semana Santa estuvo bien, pero faltaron procesiones en Televisión Española. En las redes sociales la gente decía lo contrario, que menuda chapa de tele pública repleta de procesiones con soldados y ministros calle arriba y calle abajo como en tiempos del innombrable; pero quejarse así, a la contra, es tontería. Solo acumula frustración y hace mala sangre. A ver si se entera el quejica de Xabier Fortes, periodista vicepresidente del Consejo de Informativos de TVE: lamentar “tanta procesión” y “tanta homilia machista en las teles públicas” es perder el tiempo. Como diría Peret: “no sirve de ná, no sirve de ná, no sirve de ná”.

Así que quejémonos a favor, que al menos no se pasa tal mal rato. Por ejemplo: TVE hizo bien en cargarse esa pecaminosa fruta del árbol del conocimiento que es “La noche temática”. Gracias a eso pudo emitir “Santos Oficios” durante más de cuatro deslumbrantes horas ininterrumpidas en la franja de más consumo televisivo. Pero se quedó corta. TVE también debería haber eliminado todos los documentales y reportajes que emite a lo tonto para emitir, además de “Santos Oficios”, “Inquisiciones”. A la Congregación para la Doctrina de la Fe le harían los ojos chiribitas.

Respecto a la sobredosis de procesiones, la queja a favor es fácil: TVE debería haber retransmitido la que protagonizó Mariano Rajoy. No fue hecha con la pompa, el boato y los disfraces tan chulos de otras de más tradición, pero sí con fortaleza y convencimiento. El “Telediario” recogió cómo Rajoy se despachaba a gusto contestando a un periodista de laSexta sobre la situación de Cataluña, pero cortó cuando venía lo mejor. Cuando el periodista intentó preguntar por Cristina Cifuentes, el presidente mudó la color, realizó una “levantá” inolvidable y arrancó una emocionantísima Procesión del Silencio. Es una vergüenza que TVE no haya ofrecido a los españoles esta procesión, ejemplo de devoción y, sobre todo, recogimiento.

2/4/18

LA TORRE INCLINADA DE FLORENCIA


Cuanto más pasta ganen los concursantes de “Supervivientes”, mejor. Y cuanto más se filtre lo que les pagan por rebozarse en arena y más se difunda lo que se embolsan por sentarse en un plató, mejor que mejor. Contra lo que pudiera parecer, eso no causa vergüenza ajena ni denigra el programa. Al contrario, es una de las bases de su éxito.

Estas son algunas de las preguntas que hicieron a los participantes de “Supervivientes” sobre cultura general y las respuestas que acertaron a dar:
—¿Quién fue la pareja de Felipe el Hermoso?
—No lo sé.
—¿Quién podría decirte: eres mi hijo pero yo no soy tu padre?
—Nadie.
—¿Cuál es el nombre del jefe de Estado español?
—Felipe dos.
—¿Cuántos dedos tienen los pies de un Homo sapiens sapiens?
—Tres.

Ver en la tele a unos tipos listos resolviendo el rosco de “Pasapalabra” o superando las exigentes pruebas de cultura general de “Saber y ganar” puede ser divertido, pero frustrante. Uno piensa que no sería capaz de hacerlo tan bien. Pero en “Supervivientes” la cosa cambia. Cualquiera de sus seguidores piensa que eso que hacen los concursantes no tiene ningún mérito, que él lo haría mucho mejor, que si le dieran una oportunidad demostraría de lo que es capaz.

—¿El famoso detective Sherlock Holmes, fue personaje real o inventado?
—Real.
—¿Qué escritor era conocido como “El manco de Lepanto”?
Federico García Lorca.
—¿Qué es “El grito”, de Munch?
—…

(Míralos. Ganan un pastizal por nada y saben mucho menos que yo. Solo porque son famosos. Yo sí que tenía que estar ahí, y no ellos. Pero si no tienen ni idea de nada. Si a mi me dieran una oportunidad así, de estar unos meses de vacaciones y sin trabajar en una playa, iba a demostrar de lo que soy capaz. Pero claro, aquí el que tiene padrinos se bautiza. Y yo si quiero que me paguen cuatro euros tengo que deslomarme a trabajar. Míralos. Ahí siguen. Pandilla de inútiles).

—¿En qué ciudad está la famosa Torre de Pisa?
—En Florencia.

1/4/18

EL DEFENSOR DEL FINANCIADOR


No me gusta la figura del Defensor del Espectador de TVE. No tengo nada contra Ángel Nodal, pero no me gusta que se llame “Defensor del Espectador”. El aspecto más relevante de mi relación con la televisión pública no es el hecho de que yo sea su frecuente espectador. Yo soy espectador y sólo espectador de “Fariña” en Antena 3. Soy ante todo un espectador -¡fascinado!- de “One strange rock” en National Geographic Channel. Soy espectador de la Sexta. No recuerdo cuándo fue la última vez que fui espectador de Cuatro. Incluso a veces -los días entre semana a las nueve menos diez, por aquello del rosco de “Pasapalabra”- soy espectador de Telecinco.

Pero de Televisión Española soy, ante todo, financiador. Después ya veremos si veo “Maestros de la costura” o no. A lo mejor coincide que he terminado de comer y empieza “Saber y ganar”. Veré “Cuéntame cómo pasó” a poco que me venga bien. No veré “Desaparecidos” ni arrastrado por una yunta de bueyes. Pero de todas todas, soy financiador de “Maestros de la costura”, “Saber y ganar”, “Cuéntame cómo pasó” y “Desaparecidos”. Mi condición de espectador, siendo importante, es menos permanente y decisiva que mi condición de financiador.

Y, por eso, cuando nos cascan retransmisiones de procesiones con ministros, legionarios y muñecos de madera, o cuando algún presentador defiende la homeopatía y desconfía de las vacunas, no quiero que se nos ofrezcan explicaciones como a meros espectadores de un servicio defectuoso que graciosamente la televisión nos estaba ofreciendo, sino como a los que hemos contratado y pagado un producto que se nos ha entregado en mal estado. Que defiendan a sus espectadores Atresmedia y Mediaset. La televisión pública, a través de “RTVE responde”, no ha de responder amablemente a sus espectadores sino contractualmente a sus financiadores. Y en el contrato figuran las palabras "aconfesionalidad" y "no decir sandeces ignorantes". Cambiar el nombre del cargo que ejerce Ángel Nodal de “Defensor del Espectador” a “Defensor del Financiador” es mucho más que cambiar una palabra: es cambiar el tipo de defensa que merecemos.