Mientras le tele analógica vive sus últimos días, la TDT crece y afila sus uñas publicitarias. En unos meses, las cadenas tienen que ser tan eficaces vendiendo espectadores a sus anunciantes como lo eran antes. Lo curioso es que ante el mismo problema, Telecinco y Antena 3 hacen justo lo contrario. Telecinco prefiere el disparo de precisión, la sofisticación de una bala certera; Antena 3 prefiere el ataque masivo, un bombardeo por saturación como el que usó Bart Simpson el día que atacó con globos llenos de agua a Nelson.
Sería sorprendente hacer lo mismo para solucionar problemas diferentes. Pero hacer lo contrario para solucionar el mismo problema puede ser peor, y más si está en juego un negocio millonario como el de la tele. La multiplicación de canales fragmenta la audiencia y cada vez hay menos espectadores viendo lo mismo, así que Telecinco opta por afinar, especializar sus canales, definir productos para diferentes públicos y vender a sus anunciantes grupos de espectadores cómodamente empaquetados según los perfiles que quieran comprar. Antena 3 es más bestia. Todos sus canales de TDT emiten a la vez los mismos cortes publicitarios con los mismos anuncios. Da igual que estén emitiendo una serie, un concurso o un informativo: haces zapping por sus canales y todos anuncian lo mismo a la vez. Venden a los anunciantes un revoltijo de espectadores, así que éstos emiten anuncios sin orden ni concierto. O sea, con el mismo criterio con el que Simon de Montfort dirigió los ejércitos papales que masacraron la población francesa de Béziers para acabar piadosamente con los herejes cátaros: “Mátenlos a todos, Dios reconocerá los suyos”.
¿Qué estrategia publicitaria prefieren padecer? ¿Prefieren morir de un disparo o de un bombazo? Javier Krahe elegiría la hoguera, claro, pero me temo que, en realidad, el futuro de la tele está en el veneno. Mañana se lo cuento.
30/10/09
CATÓLICO DURANTE DOS DÍAS
Yo, como usted, y usted, y usted el del fondo también, odio Jálogüin. Me siento un poco ridículo iniciando una columna con una obviedad de este calibre, pero vivimos tiempos difíciles. Odiaba Jálogüin cuando lo veía en las películas yanquis y no sabía muy bien lo que era. Odio Jálogüin ahora que a base de encontrármelo en España hasta en el papel higiénico sé perfectamente lo que es e intuyo aterrado lo que será. El Grupo de Seguimiento de Catástrofes y Celebraciones Culturales, dependiente del Ministerio de la Vivienda, gradúa en una escala de 1 a 5 la peligrosidad social de este tipo de fiestas; la categoría 5, -que hasta ahora sólo ocupaban la Navidad y el verano-, se aplica cuando aparecen programaciones televisivas especiales asociadas a la celebración en cuestión.
Ya ha ocurrido: hoy comienza la programación especial de Jálogüin en todas las cadenas Disney de por aquí, en las cadenas Turner, -TNT, TCM, etc-. Cuatro anuncia para este fin de semana la emisión de coñazos como "Pesadilla antes de Navidad" o "El fin de los días", -y "El coche fantástico", a ver si no dan miedo los pantalones de Deivid Jáseljof-.
Decía Chesterton que el problema que existe con el catolicismo es que cada vez que desaparece es sustituido por algo peor. No estoy de acuerdo con esta afirmación 363 días al año, pero confieso que me vuelvo un chestertoniano radical el 31 de octubre y el 1 de noviembre, cuarenta y ocho horas en las que últimamente añoro melancólico aquel difunto Día de Todos los Santos y aquel santo Día de Todos los Difuntos que nos daban muy pero que muy poquito la lata y no tenían mayor dimensión comercial que la de las buenas señorinas con flores instaladas a la entrada de los cementerios. Siempre será mejor el catolicismo descolorido y en retirada que el oscurantismo chillón y rampante. Decidido: me pasaré el fin de semana leyendo la "Noche oscura del alma" de san Juan de la Cruz y no encenderé ni un segundo la televisión, -salvo que me entere de que Antena 3 va a emitir algún especial de Jálogüin de "Los Simpsons", claro-.
Ya ha ocurrido: hoy comienza la programación especial de Jálogüin en todas las cadenas Disney de por aquí, en las cadenas Turner, -TNT, TCM, etc-. Cuatro anuncia para este fin de semana la emisión de coñazos como "Pesadilla antes de Navidad" o "El fin de los días", -y "El coche fantástico", a ver si no dan miedo los pantalones de Deivid Jáseljof-.Decía Chesterton que el problema que existe con el catolicismo es que cada vez que desaparece es sustituido por algo peor. No estoy de acuerdo con esta afirmación 363 días al año, pero confieso que me vuelvo un chestertoniano radical el 31 de octubre y el 1 de noviembre, cuarenta y ocho horas en las que últimamente añoro melancólico aquel difunto Día de Todos los Santos y aquel santo Día de Todos los Difuntos que nos daban muy pero que muy poquito la lata y no tenían mayor dimensión comercial que la de las buenas señorinas con flores instaladas a la entrada de los cementerios. Siempre será mejor el catolicismo descolorido y en retirada que el oscurantismo chillón y rampante. Decidido: me pasaré el fin de semana leyendo la "Noche oscura del alma" de san Juan de la Cruz y no encenderé ni un segundo la televisión, -salvo que me entere de que Antena 3 va a emitir algún especial de Jálogüin de "Los Simpsons", claro-.
29/10/09
NO TENGO UNA RESPUESTA PARA USTED
Aceptémoslo: en todos los "Tengo una pregunta para usted" las preguntas tienen mucho más interés que las respuestas. Puedo explicarlo: mientras que los españoles de las gradas son preguntantes amateurs a los que nunca hemos visto en acción, el español que se encuentra en la arena es un respondedor profesional al que estamos hasta el cóccix de verle responder todo tipo de cuestiones en todo tipo de contextos. Los espectadores aumentamos nuestro nivel de alerta cuando vemos a uno de nosotros comenzar a leer tembloroso una pregunta que habitualmente no tiene peor nivel que la que haría el 95% de los indignados tertulianos de la patria toda y la mar océana circundante. Pero una vez que la pregunta ha terminado, un bostezo bíblico recorre la audiencia ante la certeza de que será tan improbable encontrar un átomo de interés en la respuesta como hallarlo en "Soseki", la última novela de Sánchez Dragó centrada en su defenestrado gato.
¿De verdad alguien esperaba anteayer que Díaz Ferrán hiciera algunas declaraciones sorprendentes, cabía la posibilidad de que Toxo o Méndez hicieran algo más que encender la Máquina de Tópicos Automáticos que les vemos usar en 9 de cada 10 apariciones públicas? ¿Algún amable lector de éste su post recuerda un "Tengo...", uno sólo, sea con el entrevistado que sea, en donde los titulares del día siguiente no se hayan centrado en las preguntas en vez de las respuestas? De ahí que "Tengo una pregunta para usted" bien pudiera llamarse "No tengo una respuesta para usted" o, al menos, "Tengo una respuesta para usted, pero, para qué engañarnos, le va a dar igual". Cien ciudadanos se sientan en el hemicicloide pero sólo treinta y cinco consiguen tener tiempo para hacer su pregunta. A partir de ahora, en los futuros "Tengo...", ¿por qué no se permite que el programa entero esté ocupado por las intervenciones de los preguntantes? El entrevistado las iría anotando en una libretina y, si acaso, después colgaba las respuestas en la página web del programa. Total, para lo que importan...
28/10/09
CARO DIARIO
Casi como Nani Moretti en la película “Caro diario”, paseo en una vespa imaginaria con forma de mando a distancia por las calles de la Roma televisiva y asisto a los cambios que ha experimentado el medio en los últimos años. El protagonista de “Caro diario” quiere hacer un musical sobre un pastelero trotskista en la Italia de los años cincuenta, pero mi paseo por esta abigarrada Roma llena de series perfectas, concursos majaderos, chismorreos patéticos, telediarios deprimentes, documentales exactos y películas sin alma no tiene más fin que el paseo mismo. Cómo hemos cambiado. La televisión fue durante mucho tiempo la bicha, el monstruo innombrable, el opio del pueblo, la bruja mala del Oeste yanki. Ahora, casi todo el mundo admite que la televisión es como Roma: caótica, contradictoria, imaginativa, cutre y, sobre todo, fascinante.
En “Caro diario”, un intelectual que no ha visto la tele en los últimos treinta años y que ha dedicado once años de su vida a estudiar el “Ulises” de James Joyce, se enamora de repente de la televisión al descubrir los culebrones. A la mierda James Joyce. Viva “Doña Bárbara” y viva “En nombre del amor”. No conozco casos parecidos al de este ex-estudioso de Joyce (mi abuela siempre me decía que los culebrones son mucho menos extravagantes que la vida), pero sí tengo dos amigas que, tras años de discusiones acerca del ser televisivo, me han dado la razón: se puede vivir sin ver la tele, pero es una vida peor. La gran revelación no les llegó tras escuchar mis argumentos, desde luego, ni después de una ración de “Los Soprano”, una dosis de “Redes” o una final de la Liga de Campeones. Los dos fenómenos televisivos que tiraron a mis amigas del caballo antitelevisivo fueron “Plutón BRB Nero” (La 2) y “Pushing Daisies” (Canal Plus). Los caminos del dios de la televisión son inescrutables.

Sirva este artículo como homenaje al surrealismo sucio de “Plutón BRB Nero”, la serie de Álex de la Iglesia que deja en ridículo a James Joyce, y como agradecimiento al surrealismo mágico de “Pushing Daisies”, ese cuento de hadas forense protagonizado por un pastelero llamado Ned. Ahora, queridas amigas, os dejo con Wollensky, Roswell, Ned y Chuck. Y ahora, caro diario, vamos a dar una vuelta por Roma.
En “Caro diario”, un intelectual que no ha visto la tele en los últimos treinta años y que ha dedicado once años de su vida a estudiar el “Ulises” de James Joyce, se enamora de repente de la televisión al descubrir los culebrones. A la mierda James Joyce. Viva “Doña Bárbara” y viva “En nombre del amor”. No conozco casos parecidos al de este ex-estudioso de Joyce (mi abuela siempre me decía que los culebrones son mucho menos extravagantes que la vida), pero sí tengo dos amigas que, tras años de discusiones acerca del ser televisivo, me han dado la razón: se puede vivir sin ver la tele, pero es una vida peor. La gran revelación no les llegó tras escuchar mis argumentos, desde luego, ni después de una ración de “Los Soprano”, una dosis de “Redes” o una final de la Liga de Campeones. Los dos fenómenos televisivos que tiraron a mis amigas del caballo antitelevisivo fueron “Plutón BRB Nero” (La 2) y “Pushing Daisies” (Canal Plus). Los caminos del dios de la televisión son inescrutables.

Sirva este artículo como homenaje al surrealismo sucio de “Plutón BRB Nero”, la serie de Álex de la Iglesia que deja en ridículo a James Joyce, y como agradecimiento al surrealismo mágico de “Pushing Daisies”, ese cuento de hadas forense protagonizado por un pastelero llamado Ned. Ahora, queridas amigas, os dejo con Wollensky, Roswell, Ned y Chuck. Y ahora, caro diario, vamos a dar una vuelta por Roma.
27/10/09
IN DUBIO PRO REO
La tele es desconcertante, pero no siempre la culpa es suya. Hay veces que es desconcertante porque la realidad es desconcertante. Éste es uno de los casos.
La tele lleva años denunciando que hay lugares del mundo en los que falta lo más básico, carecen de tejido económico para mantener a su población, de capital para construirlo y de estructuras estatales sólidas y responsables que hagan posible su desarrollo. La tele dice que la población civil es víctima de una situación que la sobrepasa. Incluso nos enseña cómo el mundo rico envía grupos de cooperantes para aliviar la situación, y, si hace falta, soldados para intentar poner orden en lugares donde la violencia lo arruina todo. La tele dice que es necesario hacerlo. También denuncia que hay lugares tan crueles que existen niños soldado, unos obligados por la fuerza y otras por las circunstancias, que es lo mismo pero visto de otra manera. En la tele también vemos personas que intentan venir a nuestro rico mundo y les ponemos mil trabas. Una vez aquí, su situación no es fácil, pero la tele enseña que disponemos de lugares de acogida. Incluso los hay especiales para los menores, que según la tele deben ser especialmente protegidos.
Ahora la tele no hace más que hablar de una especie de niño soldado de uno de esos países pobres, pero que esta vez es malo porque no apuntó a los suyos como suelen hacer, sino a los nuestros, que van allí a pescar para que no nos falte comida. No quería venir, pero lo trajimos contra su voluntad y ahora estamos empeñados en juzgarlo como un adulto. Parece que las pruebas médicas no pueden asegurar sin duda que no es un menor, y la tele lleva dos mil años diciendo “In dubio pro reo”, pero quién sabe qué ocurrirá. Seguramente la tele sería más comprensiva si se tratara de un señor con traje al que le regalaron traje.
La tele lleva años denunciando que hay lugares del mundo en los que falta lo más básico, carecen de tejido económico para mantener a su población, de capital para construirlo y de estructuras estatales sólidas y responsables que hagan posible su desarrollo. La tele dice que la población civil es víctima de una situación que la sobrepasa. Incluso nos enseña cómo el mundo rico envía grupos de cooperantes para aliviar la situación, y, si hace falta, soldados para intentar poner orden en lugares donde la violencia lo arruina todo. La tele dice que es necesario hacerlo. También denuncia que hay lugares tan crueles que existen niños soldado, unos obligados por la fuerza y otras por las circunstancias, que es lo mismo pero visto de otra manera. En la tele también vemos personas que intentan venir a nuestro rico mundo y les ponemos mil trabas. Una vez aquí, su situación no es fácil, pero la tele enseña que disponemos de lugares de acogida. Incluso los hay especiales para los menores, que según la tele deben ser especialmente protegidos.Ahora la tele no hace más que hablar de una especie de niño soldado de uno de esos países pobres, pero que esta vez es malo porque no apuntó a los suyos como suelen hacer, sino a los nuestros, que van allí a pescar para que no nos falte comida. No quería venir, pero lo trajimos contra su voluntad y ahora estamos empeñados en juzgarlo como un adulto. Parece que las pruebas médicas no pueden asegurar sin duda que no es un menor, y la tele lleva dos mil años diciendo “In dubio pro reo”, pero quién sabe qué ocurrirá. Seguramente la tele sería más comprensiva si se tratara de un señor con traje al que le regalaron traje.
26/10/09
VALE TUDO TV
Lo importante no es la cara del pobre hombre,
lo importante es la cara de los del recuadro.
Con las cadenas de titularidad pública somos más exigentes. Esta semana por ejemplo, en la BBC surgió una polémica por invitar a un debate al líder ultraderechista, homófobo, racista, xenófobo y neonazi Nick Griffin. ¿Está bien que la tele pública sirva de altavoz para que un Griffin más peligroso que Peter Griffin difunda en horario de máxima audiencia sus ideas de que el Holocausto es una “mentira rentable”, el Reino Unido “es un país para blancos” y el único problema de Hitler con los judíos fue que “simplemente se le fue la mano”? Antes de que contesten, les añado un dato: como la palabra “censura” es muy fea para un no-nazi, el primer ministro británico, Gordon Brown evitó manifestarse contra esta invitación señalando que la aparición en la tele de Griffin serviría para que quedaran en evidencia sus “racistas e inaceptables” puntos de vista. Qué candor. En pantalla, Griffin se hizo la víctima a quien todos atacaban y si hace un año tuvo un seis por ciento de votos en las elecciones europeas, ahora cuenta con una intención de voto del 22 por ciento.
Con las cadenas privadas somos más permisivos. La tele ya no sólo puede hacer lo que quiere con sus espectadores, sino con cualquier ciudadano. Ahí está el vídeo del programa japonés "Panic King Face" en el que un pobre hombre vive un tiroteo y es encañonado para gastarle una broma tan simpática como las que hacían los mozos en el pueblo de Gila.
En España estamos aprendiendo. En la tele pública no hay debates políticos en horario de máxima audiencia (excepto el ocasional e hipervigilado “Tengo una pregunta para usted”). Y en la tele privada, Yola Berrocal cuenta que aquel episodio en el que Kiko Eldegranhermano le destapó en “Sálvame” una teta “sin querer queriendo”… le sirvió para cobrar 400 euros. A cambio, el programa alcanzó notoriedad, creció, y ahora, sumando horas, Jorge Javier Vázquez ocupa él solito un día entero de las emisiones semanales de Telecinco. Como en los combate sin reglas, en la tele vale tudo.
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