31/5/10

URIBARRI LO SABE (a.k.a. EUROPA)

Noche cerrada en Botosani (Rumania). Nicolae no consigue olvidar el fallecimiento de su mujer. Duda si acostarse temprano o quedarse mirando viejos álbumes. Casi por casualidad descubre el Festival de Eurovisión en la televisión y se entretiene con la sucesión de canciones. A Maria le gustaba ver estos últimos años el Festival desde la cama. Medio dormido por la cerveza y los gatos de la calle Cornilescu, recuerda aquel año en el que Maria y él votaron en Eurovisión, y sonriéndole levemente a esa memoria llama y vota por su canción favorita. Cuelga rápidamente y vuelve a sus ensueños. Cree que nadie puede saber lo que acaba de hacer. Se equivoca: José Luis Uribarri sabe a quién ha votado Nicolae.

Llueve con fuerza sobre Lisboa. Louise intenta sin esperanzas abrir la ventana de su habitación de hotel de cinco estrellas para sentir la lluvia en la cara y olvidar el terrible día de hoy. Está decidida a abandonar su trabajo. Se rinde pronto, se desploma en la cama y enciende el televisor: Festival de Eurovisión. Se pregunta si podrá votar por su propio país estando de viaje en Portugal y llama para comprobarlo. Efectivamente, se puede, y Louise se siente suavemente excitada por esta pequeña travesura. Decide seguir viendo el Festival para conocer la suerte de su canción. No puede imaginar que José Luis Uribarri sabe todo lo que ha hecho.

Waterford es la ciudad más antigua de Irlanda. Patrick y Kate son, por el contrario, una pareja muy reciente. Hoy han cenado pronto, han hecho el amor y discuten con cariño sobre el país en el que pasar doce días de julio. El gran televisor de plasma está encendido, y Patrick, como parte de la divertida defensa de su país favorito para las vacaciones, envía un SMS para votar por la canción de Eurovisión que defendió su representante. Kate no para de reír, le quita el teléfono de las manos y comienzan a hacer el amor de nuevo. El deseo les hace olvidar toda la conversación anterior, pero José Luis Uribarri sabe lo que ha ocurrido y a quién ha votado Patrick.

30/5/10

PIRRO DE EPIRO Y "PERDIDOS"

Lo mayor puede ser pequeño. Cuatro obtuvo esta semana su mayor cifra de share de todo el año gracias a la emisión de "La noche de Perdidos", un programa colocado entre las 3 y las 8 AM en donde se ofrecieron los capítulos finales de la serie más chiripitifláutica de esta galaxia y todas sus galaxias paralelas. En todos los medios se recogió el triunfo de Cuatro y se pudieron leer sujetos y predicados del estilo de "Cuatro barre", "Cuatro arrasa", "Cuatro consigue un espectacular seguimiento por parte de los espectadores". Y sin embargo los porcentajes de audiencia de "La noche de Perdidos" se mantuvieron durante las cinco horas rondando tan sólo el 30%. Sólo el 30%. Tres de cada diez. Las otras siete personas que se encontraban viendo la tele en el momento en el que Cuatro emitía simultáneamente con el resto del planeta Tierra el capítulo más esperado de la historia universal de las series de televisión no estaban viendo el capítulo más esperado de la historia universal de las series de televisión, sino teletiendas, call tvs, porno cutrón, competiciones regionales de deportes aficionados y reposiciones de la secuela de "El coche fantástico".

A veces se utiliza la expresión "victoria pírrica" para referirse a victorias muy ajustadas, por la mínima, victorias in extremis o por los pelos. No es un uso adecuado. Refiriéndose a la victoria que Pirro de Epiro logró sobre los romanos en el siglo III a.C., la expresión nos habla más bien de una victoria demasiado costosa para su beneficio, una victoria que no merece la pena por estar demasiado cargada de esfuerzos, bajas o gastos para las compensaciones que trae al bando ganador. Cuatro movilizó todo su ejército mediático para disputar la batalla de la madrugada del martes con el final de "Perdidos" como arma de destrucción masiva, y efectivamente consiguió vencer a los anuncios de aparatos de cocina y la música clásica de La 2. Pero sólo tres de cada diez espectadores vieron Cuatro. Los otros siete no. Como dijo Pirro tras su triunfo sobre Roma: "Otra victoria así y estamos perdidos". Pues eso: "Perdidos"

29/5/10

LA CONJETURA DE RICO

La conjetura de Rico fue formulada por primera vez el 29 de mayo de 2010. Establece que para cualquier número finito de horas de emisión televisiva siempre existirá un conjunto superior a cero de contenidos interesantes que no serán emitidos por ninguna cadena. En su formulación más sencilla afirma que aunque la oferta televisiva aumente de forma exponencial, siempre podremos imaginar un programa maravilloso, soñar con un espacio estupendo que no emiten en ningún sitio.

Una vez que el matemático ruso Grigori Perelman demostró en 2002 la famosa conjetura de Poincaré formulada en 1902, y ahora que el matemático español Francisco Santos acaba de resolver la conjetura de Hirsch formulada en 1957, el nuevo reto de la matemática actual es demostrar la veracidad de la conjetura de Rico (elevándola a la categoría de teorema de pleno derecho) o “violarla”, es decir, contradecirla de forma concluyente.

Ha muerto Martin Gardner. La muerte de este gran divulgador matemático y científico que todos deberíamos conocer pasa desapercibida porque no salía en la tele. Pues debería haber salido. Si “Scientific American” (nuestra “Investigación y ciencia”) publicó durante 25 años su columna con juegos matemáticos, debería haber un programa televisivo durante 25 años que los llevara a todos los rincones del planeta. Si publicó un montón de libros de divulgación científica de primera calidad, debería existir un programa de televisión para cada uno de ellos. Pero, sobre todo, si persiguió esas supercherías, fenómenos paranormales y fraudes pseudocientíficos que tanto salen en la tele, debería existir un programa que pusiera a todos los timadores en su sitio. No lo hay. Y mira que hay canales a montones y horas de emisión a porrillo. Pero no lo hay. La conjetura de Rico se cumple. Ahora falta que algún genio matemático la demuestre.

28/5/10

SINESTESIAS

A mí "Sálvame" me huele mal. No me refiero a que el programa no me guste, o a que sospeche una trastienda de una sordidez inimaginable. Cuando digo que "Sálvame" me huele mal no estoy haciendo una metáfora. Sólo les informo de que el tostón telecínquico me produce un trastorno neurológico denominado "sinestesia" y que consiste en notar sensaciones correspondientes a sentidos diferentes de aquellos que están siendo estimulados. Así, las personas que padecen sinestesias pueden oír colores, ver olores, oler sonidos, o casi cualquier otra combinación sensorial. ¿Entienden ahora qué les quiero decir cuando les digo que a mí "Sálvame" me huele mal? Sencillamente eso: que veo la cara de Lidia Lozano en la pantalla y noto como una peste a podrido, que oigo la voz de Kiko Hernández por los altavoces y directamente huelo a mierda.

Una vez al mes veo "Sálvame". Como forma de meditación que armonice el ciclo eterno de las acciones y sus efectos. Como purgante. Como tranquilizadora confirmación de que el universo sigue siendo un cosmos predecible en donde lo único que sabemos sobre el futuro es lo que ha ocurrido en el pasado. Y anteayer me tocó mi ración mensual de sinestesias: chirridos estremecedores cada vez que la cámara enfocaba a Kito Matamoros, picores generalizados que ocupaban el lugar de la voz de Milagros Ximenez, una Terelu Campos que más que una Terelu Campos era una sucesión de fogonazos y ondas de color de naturaleza etérea. Y una entrevista de Jorge Javier Vázquez, Lidia Lozano y Kiko Hernández a Rafa Méndez, -sí, hombre, el mamífero placentario de "Fama"-, que a punto estuvo de colapsar el continuo espacio-tiempo formando un agujero negro de majadería y convenció a mi córtex somatosensorial de que me estaba fumando la mitad del desierto de Sonora.

Llamé al médico y su consejo fue sencillo: cambie de canal. Lo hice y las imágenes volvieron a ser visuales y los sonidos auditivos. Los olores desaparecieron. Al menos hasta el mes que viene.

27/5/10

IMITANDO A GROUCHO

Groucho Marx se negaba a pertenecer a cualquier club que le aceptase a él como socio. A mí me pasa lo mismo: me niego a pertenecer a cualquier club que acepte a Groucho Marx como socio, e incluso me niego a pertenecer a cualquier club que me acepte a mí como socio. Y con "El club del chiste" no voy a hacer una excepción. Ah, ¿quieren que yo participe en ese club? Perfecto, ahora ya tengo claro que no lo haré. En serio, no insistan, no continúen solicitando a la audiencia que grabe sus chistes y los envíe al club susodicho con el dudoso reclamo de que podrá ser seleccionado, aparecer en pantalla e incluso ganar alguna disputada contienda que se premiará con la aparición en plató al lado de Martina Klein y Leo Harlem. Si me aceptan como socio no quiero pertenecer a su club. Groucho y yo somos así.

Me acabo de dar cuenta de que el verdadero motivo por el que me gusta "House" es porque al final de cada capítulo no aparece Hugh Laurie animando a los espectadores a escribir guiones de capítulos prometiendo que el autor elegido hará un cameo en dicho episodio. Le agradezco profundamente a Eduardo Punset que pase de la opinión de los televidentes de "Redes" respecto de qué es el tiempo, el espacio y los neurotransmisores, y se centre en lo que los especialistas pueden enseñarnos. ¿Saben uno de los motivos gracias a los que "Saber y ganar" ha conseguido llegar a los 3000 programas, además de la sencillez, la amabilidad y la amenidad de su formato? Pues que jamás el bueno de Jordi Hurtado ha pretendido que los telespectadores sean algo más que espectadores a distancia y tengan que hacerles por la cara el espacio a los productores.

Así que, imitando a Groucho, seguiré viendo desde fuera "El Club del Chiste" y disfrutando de los dos minutos y veinte segundos divertidos que contiene la media hora diaria de programa. No quiero imaginar en qué se hubiera convertido "Un día en las carreras" si los Hermanos Marx hubieran solitado la participación de los espectadores en el guión.

26/5/10

PERDIDOS EN EL ABISMO

Tuve que madrugar más de la cuenta para ver el final de “Perdidos” (Cuatro y Fox). ¿Qué se puede esperar de un día en que hay que levantarse a las seis de la mañana para ver cómo termina una serie de televisión? Se puede esperar no tener que colgar el teléfono a ese amigo impaciente que te llama a la hora de comer para contarte qué fue de Jack, Sawyer, Kate y compañía. Se puede esperar no tener que taparte los oídos en el autobús para que esa pareja ojerosa que trasnochó para ver “Perdidos” no te destroce el final. Se puede esperar que la humanidad no se conjure para hacerte pagar caro tu absurda intención de ver el último capítulo de una de tus series favoritas en un horario normal, decente, proletario. Yo quería ver “Perdidos” el próximo domingo en Cuatro, pero me lo impidió el lado oscuro de la naturaleza humana.

Los que tenemos miedo a las alturas sabemos que lo mejor es que nadie lo sepa, porque cuando alguien se entera lo primero que hace es ponerse a hacer el tonto al borde de un abismo de cinco metros (sí, cinco metros, ¿qué pasa?) hasta conseguir que el estómago del que sufre vértigo se suba a la faringe. De la misma manera, lo mejor es que nadie sepa que te gustan series como “Perdidos”, porque si alguien se entera hará lo posible para enterarse de cómo termina y correrá a contártelo para fastidiarte la sorpresa. Me gustaba “Perdidos”, mis amigos sabían que me gustaba “Perdidos”, y los amigos de mis amigos sabían que me gustaba “Perdidos”. Si no me hubiera levantado a las seis de la mañana para ver el final de “Perdidos”, mis amigos, los amigos de mis amigos, los usuarios de los transportes públicos y la humanidad entera se empeñaría en bailar al borde de un abismo sólo para hacerme la puñeta. No es que seamos malos, es que nos dibujaron así.

Por si acaso usted tiene miedo a las alturas (o no le gusta madrugar), no le contaré cómo acaba “Perdidos”. Sólo una advertencia. El físico Leon Lederman dice que su ambición es vivir para ver toda la física reducida a una fórmula tan elegante y simple que quepa sin problemas en una camiseta. “Perdidos” no es algo tan sencillo como reducir la física a una elegante y simple fórmula, así que no cabe ni en una camiseta ni en un doble capítulo final. Le dejo a solas con su vértigo. Suerte.