26 mayo 2010

PERDIDOS EN EL ABISMO

Tuve que madrugar más de la cuenta para ver el final de “Perdidos” (Cuatro y Fox). ¿Qué se puede esperar de un día en que hay que levantarse a las seis de la mañana para ver cómo termina una serie de televisión? Se puede esperar no tener que colgar el teléfono a ese amigo impaciente que te llama a la hora de comer para contarte qué fue de Jack, Sawyer, Kate y compañía. Se puede esperar no tener que taparte los oídos en el autobús para que esa pareja ojerosa que trasnochó para ver “Perdidos” no te destroce el final. Se puede esperar que la humanidad no se conjure para hacerte pagar caro tu absurda intención de ver el último capítulo de una de tus series favoritas en un horario normal, decente, proletario. Yo quería ver “Perdidos” el próximo domingo en Cuatro, pero me lo impidió el lado oscuro de la naturaleza humana.

Los que tenemos miedo a las alturas sabemos que lo mejor es que nadie lo sepa, porque cuando alguien se entera lo primero que hace es ponerse a hacer el tonto al borde de un abismo de cinco metros (sí, cinco metros, ¿qué pasa?) hasta conseguir que el estómago del que sufre vértigo se suba a la faringe. De la misma manera, lo mejor es que nadie sepa que te gustan series como “Perdidos”, porque si alguien se entera hará lo posible para enterarse de cómo termina y correrá a contártelo para fastidiarte la sorpresa. Me gustaba “Perdidos”, mis amigos sabían que me gustaba “Perdidos”, y los amigos de mis amigos sabían que me gustaba “Perdidos”. Si no me hubiera levantado a las seis de la mañana para ver el final de “Perdidos”, mis amigos, los amigos de mis amigos, los usuarios de los transportes públicos y la humanidad entera se empeñaría en bailar al borde de un abismo sólo para hacerme la puñeta. No es que seamos malos, es que nos dibujaron así.

Por si acaso usted tiene miedo a las alturas (o no le gusta madrugar), no le contaré cómo acaba “Perdidos”. Sólo una advertencia. El físico Leon Lederman dice que su ambición es vivir para ver toda la física reducida a una fórmula tan elegante y simple que quepa sin problemas en una camiseta. “Perdidos” no es algo tan sencillo como reducir la física a una elegante y simple fórmula, así que no cabe ni en una camiseta ni en un doble capítulo final. Le dejo a solas con su vértigo. Suerte.

4 comentarios:

Amarok dijo...

Después de ver el tan esperado final, yo creo que "Perdidos" si puede entrar en una camiseta, en una que más o menos fuese como sigue: los retratos de J.J. Abrams, Damon Lindelof y Carlton Cuse junto al texto "os hemos tomado el pelo durante seis años y nos hemos forrado con ello. ¡Gracias por vuestro acto de fe!"

"Perdidos" ha pasado de ser una de mis series preferidas a parecerme uno de los mayores engaños de la televisión. Ahora empiezo a arrepentirme enormemente de haberme tirado tantas horas viéndola y esperando que llegase a algún final coherente.

Erosè dijo...

¡Me he librado de una buena!

Cantón dijo...

A mí el último capítulo me extravió. Pero un par de horas después, repasando el conjunto de la serie, llegué a la conclusión de que hay coherencia, por más que por el camino se hayan perdido planteamientos interesantes y personajes memorables que por sí mismos podrían haber justificado una serie aparte.

Y no, desde luego "Perdidos" no se puede simplificar ni en una camiseta ni en el párrafo que acabo de escribir (es resumen salvaje).

Anónimo dijo...

Gracias por no contar lo que no cuentas y por contar lo que cuentas.