31/1/14

EL MAL INTERIOR

Las grandes series de televisión actuales viven obsesionadas por la posibilidad de que el mal penetre dentro de nuestras zonas de seguridad. “Homeland” es la historia de cómo el mal podría llegar al corazón de la patria; no hay momento más desasosegante en las últimas décadas que el capítulo final de la T1 en el que Brody consigue infiltrarse con un chaleco bomba dentro de un búnker junto a la plana mayor del ejército y el gobierno de los Estados Unidos. En el episodio más aterrador de “Sherlock” Moriarty desarma todo el sistema de seguridad británico, penetra en el altar mayor de la monarquía en la Torre de Londres, y se sienta a la espera de ser arrestado mientras ríe y viste las joyas de la corona. El argumento de “Breaking bad” nos habla de un apocado profesor al que un cáncer lleva a traficar con metaanfetamina para dejar en buena situación a su familia tras su muerte, pero el tema que se oculta detrás es la impunidad y la fluidez con la que el mal puede inundar nuestra vida cotidiana más cercana allá donde se abra la menor rendija que lo permita.

Evitar que el mal penetre dentro de una forma ya abiertamente física es el hilo conductor de “The walking dead”, cuyos protagonistas viven para construir vallas y buscar muros tras los que protegerse del exterior malvado. No lo consiguió Rust Cohle, el coprotagonista de “True Detective”, que -con sólo tres capítulos vistos- será el personaje del año y arrastrará a su serie a la misma valoración. Pero no por la trama -vista una y otra vez en la ficción actual norteamericana-, no por la factura prodigiosa que siempre practica HBO, sino por ser la encarnación perfecta de la figura exacta del miedo en el siglo post 11-S: el héroe inundado por el mal, por el mal exterior filtrado hasta convertirse en el mal interior, pero en el que queda todavía un mínimo resquicio de bondad que proteger, una delgadísima última frontera que aún no ha caído. Cohle defiende en una pequeña esquina de su alma las vallas de la prisión que cuida Rick Grimes en “The walking dead”, pero mucho más débiles, asediadas por fantasmas mucho más poderosos. Resiste. Agotado y con sólo una levísima brizna de fuerza se niega a rendirse ante el mal que le ha invadido y que terminará venciéndole.

30/1/14

EXISTEN DOS TIPOS DE PERSONAS

Existen dos tipos de personas en este mundo: las que no son Terelu Campos y Terelu Campos. Terelu Campos acaba de anunciar su retirada temporal de “Sálvame”, y ha declarado: “Es que ‘Sálvame’ no me da felicidad”. Ahí está la clave. No es un matiz circunstancial o secundario. Cuando una persona de la primera categoría -de las que no son Terelu Campos- se encuentra en la oficina del INEM y le ofrecen un trabajo que se ajusta a su perfil profesional no queda unos segundos en silencio y contesta: “es que ese trabajo no me va a dar felicidad”. Y si ya tiene empleo no se presenta en el despacho del jefe y le dice: “lamento comunicarle que no voy a volver más a esta oficina; es que no me da felicidad”. Pero las personas de la segunda categoría -Terelu Campos- sí lo hacen. Podremos encontrar acuerdos entre seguidores de “El intermedio” y del “El hormiguero”, entre partidarios de que la infanta haga el paseíllo o no. Entre la gente que deja su trabajo porque no le da felicidad y los que no lo hacen jamás habrá posibilidad de conexión.

Existen dos tipos de personas en este mundo: las que no son Rafa Mora y Rafa Mora. Rafa Mora  acaba de anunciar su paso al mundo de la literatura, y ha declarado: “Mi libro cambiará la vida del que lo lea”. Ahí está la diferencia. Ahí está la grieta entre él y el resto de la humanidad. No en escribir libros que cambian la vida de los que lo leen, sino en proclamarlo en bañador. Algunas personas de la primera categoría -de las que no son Rafa Mora- han escrito libros de este tipo. “El libro del desasosiego” cambió la vida de mucha gente, pero Fernando Pessoa no lo declaró con su torso musculado desnudo. Muchas personas no volvieron a ser los mismos tras leer “El rayo que no cesa”, pero Miguel Hernández no lo aseguró fotografiándose al salir de una piscina con el pelo rapado. Las personas de la segunda categoría -Rafa Mora- sí lo hacen. Puedo permitir que me cambie la vida un defensor de la pintura prerrafaelita o del rap, pero me da un poquito de miedo que me la cambie Rafa Mora.

29/1/14

80 ÚTEROS DE ARMAS TOMAR


Estrenos y reestrenos en la noche del lunes. Entre tener que echar la pota en La 1 viendo la asquerosa vuelta de “¡Mira quién baila!” a la tele pública o tener que echar la pota en laSexta viendo otra tanda de restaurantes con más mierda que el palo de un gallinero en “Pesadilla en la cocina”, es preferible quitarse de en medio embarcando en “El corazón del océano”, la nueva serie de aventuras de Antena 3 que intenta sustituir a la exitosa “El tiempo entre costuras”.

“El corazón del océano” está basada en un hecho histórico: el viaje de 80 doncellas españolas que en el siglo XVI fueron a América para casarse con los conquistadores españoles y frenar así el mestizaje con las indias de las Indias, algo que preocupaba al emperador Carlos I. Por supuesto, hay que atraer audiencia, así que hay chicos guapos y chicas guapas, simpáticos divertidos y canallas encantadores, amor, drama, comedia y acción. Hay también mujeres de armas tomar muy del gusto de un público contemporáneo que vio “Pretty woman” y “Sexo en Nueva York”, un público que no está dispuesto a engancharse sin más a una serie en la que un imperio preocupado por mantener los privilegios de una élite, envía a sus hombres un paquete regalo de 80 úteros puros cuya misión es someterse y engendrar a la primera generación dirigente hispanoamericana.

Será cosa mía pero, por algún motivo, viéndolo me acordé de “La noche temática” del sábado pasado. Emitió un reportaje espeluznante sobre los Lebensborn, paritorios creados por los nazis para que hombres y mujeres seleccionados según sus criterios de pureza racial engendraran una generación de niños que expandieran la raza aria por Europa. Aquellos bebés hoy pasan de los 70 años y no salen en ninguna serie de Antena 3.

Qué manía esta de tratar a las mujeres como pistilos sumisos en los que varones e imperios (tanto terrenales como celestiales) se empeñan en implantar sus homúnculos y sus prejuicios. Lleva siglos entre nosotros y aún no nos deja ver la tele tranquilos. Del aborto, ya ni hablamos.

28/1/14

VITA BREVIS, "SÁLVAME" CACA


Seamos traperos del tiempo. El doctor Gregorio Marañón lo era y nosotros no vamos a ser menos. Su trabajo era muy absorbente, pero él no desperdiciaba ningún retal, ningún recorte. Por pequeño que fuera, Marañón lo aprovechaba para cultivar su pasión por la escritura. Aprendamos de él. En cuanto nos quede un tiempo muerto debemos devolverlo a la vida, debemos dedicarlo a una de las grandes pasiones que alberga cualquier televidente de bien en lo más profundo de su corazón: el odio a “Sálvame” y todo lo que representa.

Chelo García Cortés, uno de los miembros de ‘la parada de los monstruos’ que lidera Jorgeja, denuncia que hay personas que critican “Sálvame” sin verlo. Además, añade que le molesta que se diga que tienen guion, porque se pelean de verdad. Al parecer, deberíamos dedicar cada día la mitad de una jornada laboral (los viernes, doble) a ver a Lydia Lozano desmayarse en directo o a Kiko ‘Eldegranhermano’ merendar en directo para poder afirmar que eso es lo mejor que saben hacer unos seres humanos que, a cambio de dinero, están dispuestos a dejarse azuzar y pelearse como alimañas.

Pues no. Los supertacaños de “Supertacaños” (Discovery Max) ahorran dinero de cualquier forma imaginable: se duchan con la ropa puesta para no gastar agua y jabón, reutilizan las bolsas de té y recogen las palomitas desperdigadas por el suelo del cine para no comprarlas. Nosotros debemos ser supertacaños con el tiempo, pero sin ser tan retorcidos: nos conformaremos con no malgastar nuestro valioso tiempo con “Sálvame”. No es solo por aquello de “Vita brevis, ars longa” (“la vida es breve, el arte, largo”), que dijeron Séneca e Hipócrates. Es sobre todo porque “Sálvame”, de arte, no tiene nada. Por eso, siempre que tengamos un rato libre, lo dedicaremos a no ver “Sálvame”. ¿Habrá mejor forma de aprovechar el tiempo?

27/1/14

EL ÁRBOL Y LAS MATEMÁTICAS

Decía el ensayista inglés Joseph Addison que prefería mirar un árbol con toda su exuberancia y difusión de follaje y ramas que verlo podado y acicalado como una figura matemática. Un árbol podado y acicalado deja de ser un árbol, digamos, “salvaje”, pero una noticia puede presentarse con toda su exuberancia y difusión de follaje y, a la vez, podada y acicalada como una figura matemática. Lo vemos de lunes a jueves en “El intermedio” (laSexta).

Sandra Sabatés presenta los árboles de las noticias con toda su exuberancia de nuevos cardenales explicando que la homosexualidad es una deficiencia, difusión de Cospedales y otros follajes vomitando frases ininteligibles y ramas de oscuros accidentes como el del metro de Valencia. Luego, Wyoming poda y acicala esas noticias hasta convertirlas en figuras matemáticas. Sabatés cita las declaraciones de Gallardón sobre el aborto (“no por el hecho de que un feto no sea perfecto tiene derecho a menor protección”), y Wyoming las acicala con su tijera hasta dejarlas listas para ser contempladas sin la protección salvaje de la demagogia más ruin. Porque las noticias salvajes, aunque las presente Sandra Sabatés, ocultan su potencia matemática detrás del follaje y las ramas. Es decir, del ruido. Ese cardenal hipertenso que cree que los homosexuales tienen una sexualidad deficiente, esas Cospedales que hablan en mongol, esos políticos que quieren hacernos creer que el accidente de Valencia fue fantasma, ese ministro que se esfuerza en insinuar que los enemigos de su ley del aborto son nazis, todos ellos y tantos otros ocultan lo que hacen, dicen y piensan en la exuberancia de sus cargos, el follaje de su jerga y las ramas por las que se van. Necesitamos podadores. Necesitamos acicaladores. Necesitamos matemáticos. Necesitamos humoristas.

No todos somos como Addison, así que nos reímos con la verdad podada y acicalada y preferimos las divertidas figuras matemáticas de Wyoming a las exuberantes tonterías de un neocardenal que, aunque representa a una religión que mira de reojo la Teoría de la Evolución, se niega a bajar del árbol.

26/1/14

LA COCA-COLA, LA FELICIDAD Y LOS DESPIDOS



Venga, Coca-Cola, ¿qué campaña publicitaria vas a sacar en los próximos días? Tras la noticia del cierre de cuatro de tus plantas en nuestro país y el despido de 750 trabajadores seguro que tus creativos guardan un as en la manga que nos dejará boquiabiertos. Deberías contratar a la misma agencia de publicidad de aquella campaña en la que unos niños cantaban mientras se podía leer “por cada Bolsa de valores que se desploma hay mil madres haciendo tartas de chocolate”. Podríais hacer algo parecido a aquel otro spot en el que Josep Mascaró, a sus 102 años, conocía a un bebé recién nacido y le decía “estás aquí para ser feliz”. No, espera, ya lo tengo, ¿por qué no reemitís aquellos anuncios en los que un directivo malvado expulsaba a un pobre trabajador, y éste le cantaba eufórico “veo una vida nueva y tú no estás en ella”? Yo ya no zapeo en los intermedios de los programas. Quiero ser el primero en ver la nueva campaña. Coca-Cola es ante todo una agencia publicitaria televisiva. El agua con polvitos marrones no es más que la excusa.

La economía funciona mediante el juego de fuerzas de los interes en conflicto de los distintos agentes económicos. Si no fuéramos una sociedad dormida y rendida habríamos respondido al legítimo ajuste laboral de Coca-Cola con un legítimo boicot de padre y muy señor mío, que hubiera hecho recular a la multinacional en 48 horas obligándola a resignarse a ganar mucho dinero en vez de muchísimo dinero. Pero estamos dormidos en nuestro egoísmo de cortísimas miras, y justamente uno de los principales narcóticos es el telón de publicidad comercial permanente que nos envuelve cada segundo. Cuando un simple refresco se anuncia cantando “al mundo entero quiero dar un mensaje de paz” delante de un árbol de Navidad, no sólo aumenta sus ventas: también ayuda a mantener atontado al ciudadano y evitar que haga valer su fuerza en el pulso de las relaciones económicas. Los trabajadores despedidos deben asumirlo: la empresa ha de recortar gastos para poder mantener abierto el Instituto Coca-Cola de la Felicidad.