7/1/14

¡LES PRESENTAMOS LA NUEVA INTERECONOMÍA!


Pues tampoco veo yo mucha diferencia entre la programación antigua y la nueva programación de Intereconomía. Es cierto que el desmoronamiento económico de esta cadena de televisión y sus medios de comunicación acólitos ha provocado ciertos ajustes que pueden llamar la atención en un análisis superficial: se acabó “El gato al agua” y los demás programas de producción propia, que se ven sustituídos por teletiendas y por reposiciones. ¿Pero seguro que eso es un cambio? ¿Alguien, con la distancia que empieza a dar el tiempo, puede asegurar que todas las emisiones de “El gato al agua” no fueron la misma repuesta una y otra vez? ¿Un análisis conceptualmente fino de lo que ocurría en la tertulia política intereconómica no concluiría que estábamos ante un programa de teletienda, tan teletienda como los espacios de Galería del Coleccionista o de La Tienda en Casa?

Véanlo de esta manera: “¿Cansado de tanta ideología que requiere de estar horas razonando y encima deja preguntas sin resolver? ¿Le irritan las tertulias políticas en donde alguno de los contertulios no opina como usted? ¡Le presentamos el nuevo ‘El gato al agua’, la tertulia que tiene la solución definitiva para todos los problemas políticos, sociales y culturales de España con argumentos que entendería una persona decorticada! ¡Una mezcolanza ininteligible de liberalismo económico extremo y nacionalcatolicismo que igual termina con el paro que analiza el cine español! ¡Y con el 100% de los contertulios de acuerdo en todo, Julio Ariza 100% Guaranteed!”. Desde este punto de vista, Intereconomía fue desde su origen una gigantesca teletienda reponedora. Lo único que ha ocurrido es que antes vendían ideología facha y ahora venden aparatos de cocina, vinos y relojes-que-son-auténticas-joyas-del-diseño-pensadas-para-todo-aquél-que-quiere-dar-a-cada-segundo-la-importancia-que-se-merece. Sólo ha funcionado el libre mercado y la ley de la oferta y la demanda dentro del ramo de la extrema derecha.

6/1/14

ANNE, MÍRAME, ¿QUÉ TE PASA? (aka AMOR)

¿El amor del que se habla constantemente en “Mujeres y hombres y viceversa” es el mismo amor del que se habla en “Amor” de Michael Haneke (reemitiéndose en Canal+ durante estas semanas)? ¿Pudiera ser, por ejemplo, que Suhaila y Fede terminaran consolidándose como pareja y dentro de cincuenta años vivieran una historia como la que nos cuenta el director austríaco en su película? ¿Anne (Emmanuelle Riva) y Georges (Jean Louis Trintignant) podrían haberse conocido en un concurso como el que presenta Emma García, haber sido tronistas, haber competido contra rivales como Cristini, Oriana, Yanira, Leo o Álvaro?

Seguramente no. Aunque en español usamos la misma palabra para referirnos tanto a lo que une a Georges y a Anne como a lo que une a Gina y a Nano, es obvio que nos estamos refiriendo a  realidades muy diferentes. Como cuando llamamos “música” tanto a la bossa nova como a las marchas militares, cuando llamamos “pintura” tanto a lo que hacía Francisco de Goya como a lo que hizo el profesional que echó gotelé al pasillo de mi casa, o cuando llamamos “periodismo” tanto a lo que hace Maruja Torres como a lo que hace Lydia Lozano. ¿Degeneración semántica? ¿Polisemia? Quizá Emma García lleva demasiados años viviendo de la carroña polisémica.

El amor no es, no puede ser la mierda caprichosa y egoísta de la que habla veinticuatro horas al día Telecinco en todos sus programas (bla, bla, amor, “Mujeres y hombres y viceversa”, amor, bla, bla, “Sálvame”, bla, bla, amor, “Hay una cosa que te quiero decir”). Pero eso no quita para que una buena parte de los jóvenes que se han educado emocionalmente bajo esos modelos se estén convirtiendo en hombres y mujeres arrogantes, orgullosos, manipuladores, elementalmente idiotas, que sencillamente no tienen capacidad para salir de sí mismos y, por tanto, son incapaces de amar. De amar como ama Georges a Anne cuando le pone un trapo húmedo en la nuca durante su primera crisis neurológica. “Anne, mírame, ¿qué te pasa?”.

5/1/14

LOS REYES MAGOS Y EL REY


A ver, Reyes Magos, esta no es otra carta del montón pidiendo regalos. Es un chivatazo para preveniros de un peligro. Prestad atención: tenéis un infiltrado en vuestro real gremio que os está dañando la imagen de reyes simpáticos y guays. De hecho, este sujeto puede haceros más daño que Papá Noel (y mira que sé que no tenéis nada contra Papá Noel. Al fin y al cabo todos trabajáis para los mismos jefes como vendedores en esta orgía de compras en que se ha convertido el originario y prístino solsticio de invierno).

El infiltrado es un rey como vosotros, pero con su vida de privilegios, su mal ejemplo y el de su familia está perjudicando a la realeza a la que pertenecéis. Él no trabaja desinteresadamente para los demás, como hacéis vosotros. Tampoco aparece una vez al año vestido de forma estrambótica y divertida como vosotros, para luego desaparecer dejándonos en paz hasta el año siguiente, qué va. Está señor aquí el año entero y no hace más que salir en la tele hasta saturarnos a todos. Acapara telediarios con sus achaques. Aburre con un programa televisivo semanal llamado “Audiencia abierta” que es un tostón. Y remata arrasando la programación de todos los canales a la vez en Nochebuena. Vosotros también estáis hoy en todas partes y estos días salís mucho por la tele, pero con una puesta en escena bastante más currada. Y los mensajes que leéis desde los ayuntamientos son mejores que el suyo, no hay duda. Eso por no hablar de que él ni tira caramelos ni hace regalos. De regalos solo sabe lo que es llevar una vida regalada, que es lo suyo.

Por eso, Reyes Magos, deberíais llevaros a este peligroso elemento en vuestro viaje de regreso a Oriente para enseñarle modales y a portarse bien. Si queréis, el año que viene lo traéis de visita degradado a paje real para que aprenda. Seguro que entonces iba a dar gusto volver a verlo en el “Telediario” en un segundo término, detrás de vosotros, tirando caramelos y rompiendo el protocolo.

4/1/14

TERNERITO BENITO AL PUNTO


La imagen sigue ahí, grabada a fuego. Quien haya visto la última entrega de “MasterChef Junior” sabe lo que digo. Lo ocurrido tras la visita de un pequeño ternero llamado Benito al programa fue de una crueldad extrema. Después de hacer que el ternerito Benito entrara y saliera del plató tras un biberón, explicaron a los niños cómo se despieza un ternero, y les hicieron cocinar solomillo antes de llevarlos a todos a Disneyland París. ¡Qué horror! ¿Qué necesidad había de ofrecer semejante espectáculo? ¿No tiene suficiente audiencia el programa sin recurrir a este recurso tan burdo? ¿Es que nadie piensa en que los seres humanos también somos animales y como tales tenemos derechos que deben ser respetados?

Fíjense en la loca sucesión de acontecimientos. Primero traen a un ternero para que los niños y los espectadores conozcamos de primera mano el valioso recurso económico y nutricional que es la carne de vacuno. Luego cocinan, prueban y puntúan unos solomillos como se merece un alimento que ha hecho de nosotros lo que evolutivamente somos: omnívoros con un gran y costoso cerebro pero con un débil y sencillo aparato digestivo. Hasta aquí, lógico. Pero luego la fastidiaron llevando a los niños a un parque de atracciones en el que los animales han sido despojados de su tradicional función económica y nutricional para ser humanizados de forma artificiosa y tramposa, de modo que tanto niños como espectadores corremos el peligro de creer que los animales nos quieren, nos abrazan y posan sonrientes a nuestro lado para hacerse fotos.

Un minuto de ternero en el plató más dos minutos de despiece no son nada frente a media hora de programa en un parque en el que los animales son como humanos porque, no lo olvidemos, dentro de la felpa hay auténticos seres humanos. Por cierto, allí los niños también cocinaron carne, pero procesada y presentada de forma que no recuerde su origen animal. Las hamburguesas y las fajitas de pollo se las comen incluso los que dicen que no pueden comer nada que haya tenido cara… aunque la cara se la haya dibujado Disney. 

3/1/14

"SOBREPESO A LO BESTIA"


Entre los requisitos para protagonizar los megadocurealities de Discovery MAX figura el tener sobrepeso. No hay otra explicación. Da igual que estés viendo “Minería a lo bestia”, “Subastas a lo bestia”, “Embargos a lo bestia”, “Demoliciones a lo bestia”, “Empeños a lo bestia”, “Recontrucciones de piernas rotas a lo bestia”, “Cabezazos contra una pared de cemento armado a lo bestia”, “Bestias a lo bestia” o “Superhaikus extremos”. Habrás visto comprar por sólo diez dólares una bala que disparó Robert E. Lee durante la Guerra de Secesión, recorrer 4.000 kilómetros de frontera canadoestadounidense en un día conduciendo un camión de 800 toneladas cargado con áridos para la construcción de una presa en Oregon, o demoler una mansión del siglo XIX para levantar un taller de tatuajes y tuneado de dientes con motivos heavies. Pero sobre todo habrás visto a gente obesa. Obesos y varones. Obesos y rubios de piel muy clara. Obesos y con cortes de pelo hechos poniendo la cabeza a escasos milímetros de una trilladora en marcha.

Que no tengo yo nada en contra, dios me libre. Ni del sobrepeso, ni de la masculinidad, ni de la claridad de la piel, ni de los cortes de pelo hechos poniendo la cabeza a escasos milímetros de una trilladora en marcha. Pero me llama la atención, oye. Como me la llamaría que toda esa peña tuviera gafas, se llamara “Harry” o sufriera diabetes tipo 2. Es una coincidencia demasiado coincidente para ser coincidental. Se buscan protagonistas para la nueva temporada de “Los trituradores”; requisitos: experiencia en el sector de la trituración y un IMC superior a 32. Nueva temporada de “Cazasubastas”; los interesados deberán tener conocimientos de subastas, un porrón de camisetas y un IMC superior a 30. Discovery MAX nos ofrece a diario un repaso por las actividades más extremas que se llevan a cabo en la Norteamérica más profunda, pero aún no se atreven con el megadocureality definitivo que todos estamos esperando: “Qué comen los presentadores de los megadocurealities de Discovery MAX”. A lo bestia.

2/1/14

URI "TIMADOR" GELLER


Las numerosas precelebraciones prefindeaño no son una forma ingeniosa y rompedora de escapar de las pesadas celebraciones de fin de año, sino la mejor manera de hacerlas aún más repetitivas y cansinas. Los telediarios despiden el año dedicando la mitad de su tiempo a prefiestas, precampanadas y preúvas. Una pesadez. Neox lo remata emitiendo desde hace tres años un especial “Feliz Año Neox” el 30 de diciembre. Los índices de audiencia ya le dieron a su última entrega donde más duele. Aquí vamos a centrarnos en lo peor de este programa, peor que el histrionismo egocéntrico de Mario Vaquerizo, peor que la transformación de El Hombre de Negro en un telepredicador cruce entre Paulo Coelho y Ana Rosa Quintana, peor incluso que las actuaciones de los humoristas Abraham Mateo y Why5 presentadas como si fueran músicos: ¡la presencia en carne mortal de Uri “Timador” Geller!

“Timador” Geller volvió con el mismo truco de la dichosa cuchara. ¿A qué se debe su fijación con la cubertería? Fácil: mago aficionado hace este truco y cien más, pero este no da para más. Si le sacas de ahí, le hundes. El charlatán también jugó, como en el “Directísimo” de 1975, con la trampa de que sus numeritos eran tan difíciles que no tal vez no salieran. Lo de siempre: si no sale, ya avisé; si sale, tengo poderes. También volvió con el cuento ese de que podía apagar bombillas y parar relojes (incluido el de la Puerta del Sol) con su mente. Sí, claro, con su mente, con su morro y con un simple cálculo matemático: en un conjunto de millones de relojes y bombillas hay inevitablemente cada minuto cientos de bajas de las que él se apropia. Menos mal que el reloj la Puerta del Sol fue bien; si no, cualquiera le aguanta después. Igual, hasta intenta resucitar su apagada carrera para escapar del circuito de programas de relleno en cadenas de segunda en el que ahora sobrevive. Un titán capaz de abastecer de energía al mundo gracias al poder de su mente que subsiste haciendo chorradas con Vaquerizo. Pobre “Timador” Geller. Solo le faltaba tener que ponerse a trabajar.