06 enero 2014

ANNE, MÍRAME, ¿QUÉ TE PASA? (aka AMOR)

¿El amor del que se habla constantemente en “Mujeres y hombres y viceversa” es el mismo amor del que se habla en “Amor” de Michael Haneke (reemitiéndose en Canal+ durante estas semanas)? ¿Pudiera ser, por ejemplo, que Suhaila y Fede terminaran consolidándose como pareja y dentro de cincuenta años vivieran una historia como la que nos cuenta el director austríaco en su película? ¿Anne (Emmanuelle Riva) y Georges (Jean Louis Trintignant) podrían haberse conocido en un concurso como el que presenta Emma García, haber sido tronistas, haber competido contra rivales como Cristini, Oriana, Yanira, Leo o Álvaro?

Seguramente no. Aunque en español usamos la misma palabra para referirnos tanto a lo que une a Georges y a Anne como a lo que une a Gina y a Nano, es obvio que nos estamos refiriendo a  realidades muy diferentes. Como cuando llamamos “música” tanto a la bossa nova como a las marchas militares, cuando llamamos “pintura” tanto a lo que hacía Francisco de Goya como a lo que hizo el profesional que echó gotelé al pasillo de mi casa, o cuando llamamos “periodismo” tanto a lo que hace Maruja Torres como a lo que hace Lydia Lozano. ¿Degeneración semántica? ¿Polisemia? Quizá Emma García lleva demasiados años viviendo de la carroña polisémica.

El amor no es, no puede ser la mierda caprichosa y egoísta de la que habla veinticuatro horas al día Telecinco en todos sus programas (bla, bla, amor, “Mujeres y hombres y viceversa”, amor, bla, bla, “Sálvame”, bla, bla, amor, “Hay una cosa que te quiero decir”). Pero eso no quita para que una buena parte de los jóvenes que se han educado emocionalmente bajo esos modelos se estén convirtiendo en hombres y mujeres arrogantes, orgullosos, manipuladores, elementalmente idiotas, que sencillamente no tienen capacidad para salir de sí mismos y, por tanto, son incapaces de amar. De amar como ama Georges a Anne cuando le pone un trapo húmedo en la nuca durante su primera crisis neurológica. “Anne, mírame, ¿qué te pasa?”.