05 enero 2014

LOS REYES MAGOS Y EL REY


A ver, Reyes Magos, esta no es otra carta del montón pidiendo regalos. Es un chivatazo para preveniros de un peligro. Prestad atención: tenéis un infiltrado en vuestro real gremio que os está dañando la imagen de reyes simpáticos y guays. De hecho, este sujeto puede haceros más daño que Papá Noel (y mira que sé que no tenéis nada contra Papá Noel. Al fin y al cabo todos trabajáis para los mismos jefes como vendedores en esta orgía de compras en que se ha convertido el originario y prístino solsticio de invierno).

El infiltrado es un rey como vosotros, pero con su vida de privilegios, su mal ejemplo y el de su familia está perjudicando a la realeza a la que pertenecéis. Él no trabaja desinteresadamente para los demás, como hacéis vosotros. Tampoco aparece una vez al año vestido de forma estrambótica y divertida como vosotros, para luego desaparecer dejándonos en paz hasta el año siguiente, qué va. Está señor aquí el año entero y no hace más que salir en la tele hasta saturarnos a todos. Acapara telediarios con sus achaques. Aburre con un programa televisivo semanal llamado “Audiencia abierta” que es un tostón. Y remata arrasando la programación de todos los canales a la vez en Nochebuena. Vosotros también estáis hoy en todas partes y estos días salís mucho por la tele, pero con una puesta en escena bastante más currada. Y los mensajes que leéis desde los ayuntamientos son mejores que el suyo, no hay duda. Eso por no hablar de que él ni tira caramelos ni hace regalos. De regalos solo sabe lo que es llevar una vida regalada, que es lo suyo.

Por eso, Reyes Magos, deberíais llevaros a este peligroso elemento en vuestro viaje de regreso a Oriente para enseñarle modales y a portarse bien. Si queréis, el año que viene lo traéis de visita degradado a paje real para que aprenda. Seguro que entonces iba a dar gusto volver a verlo en el “Telediario” en un segundo término, detrás de vosotros, tirando caramelos y rompiendo el protocolo.