6/11/17

LA TERCERA EDAD (DE ORO) DE LA TELE

Si usted ve la televisión a menudo, usted tiene más de 40 años. Si usted pone la televisión al sentarse en el sofá y zapea entre los canales, usted tiene más de 50 años. Si usted habitualmente se informa a través de los informativos televisivos y se ha quedado dormido más de dos veces durante el último mes con la televisión de fondo, usted tiene más de 60 años. Al menos, esto es verdad si usted es un ciudadano estadounidense, aunque todo indica que también lo es -o también lo será a corto plazo- en el resto de los países occidentales. Son conclusiones extraídas de los datos de la última macroencuesta de consumo de medios de comunicación -cinco preposiciones “de” seguidas- hecha en el país gobernado por Donald Trump.

Y se nota en todos los aspectos. Ha envejecido la edad de los espectadores de la televisión en general, pero también la edad media de los espectadores de informativos, de programas de entretenimiento generalistas -realities y talent shows- e incluso de series. Shows de marcado perfil juvenil -por ejemplo, “The Big Bang theory”- registran reducciones del 40% relativas a su consumo a través de los canales televisivos clásicos. Disminuye el porcentaje de penetración de la televisión de pago y el porcentaje de la publicidad televisiva respecto del total de la publicidad. La BBC acaba de informar de que la media de edad de los espectadores de BBC1 y BBC2 ya supera los 60 años -y dentro de una década, no lo duden, superará los 70-.

Y eso que probablemente estamos ante la mejor televisión de la historia. Algunos especialistas señalan que vivimos la tercera edad de oro de la televisión. Sea o no dorada, no cabe duda de que es una tercera edad. El entretenimiento basado en imágenes continuará, pero ya no con un horario determinado, en “cadenas de televisión” o vistas en un aparato colocado en un sitio determinado de la casa. Betty White, la última superviviente del cuarteto de “Las chicas de oro”, declaró esta semana que le encantaría participar en un remake de la serie. Tiene 95 años.

5/11/17

AH, SÍ... ¡PERIODISMO!


La Sexta anuncia una importante exclusiva política para hoy a las 7. Llevan días haciéndolo. Como cuando se anuncia el primer teaser de una nueva peli de “Star Wars”. O el lanzamiento de un nuevo disco de Lady Gaga. Han grabado incluso una promo, una promo cebo, en donde se asegura que la noticia nos interesa a todos. Como hacen en “Sálvame” con sus chismes sobre María Jesús Campanario. Ellos la saben, pero se la callan hasta que llegue el momento de audiencia que mejor les convenga. Puritito espectáculo. ¿Cómo decían que se llamaba esto? Ah, sí… ¡periodismo!

Les propongo que cuenten la noticia muy lentamente, que la lean sacándola de un sobre, que permanezcan callados unos segundos antes de dar el nombre de su protagonista para aumentar la emoción. Como hace Carlos Sobera en los concursos al desvelar si la respuesta es correcta o no. Como hacen en “Gran Hermano” o en “Operación Triunfo” para decir el nombre del eliminado de la semana. Como hace Conchita al asegurar si el invitado mintió o dijo la verdad en tal pregunta del polígrafo. Hay que cuidar la escenografía, con luces de colores recorriendo incansablemente el plató. Y música de fondo, claro. Épica, emocionante, solemne. La que usan imperceptiblemente en “Al rojo vivo” servirá. Ah, sí… ¡periodismo!

Y a partir de ahí podemos aplicar este nuevo estilo de periodismo a todos los ámbitos. Lasexticemos la vida. Los profesores podrían colgar tuits diciendo algo así como “el próximo martes salen las notas de Encriptación Estocástica. 85% de suspensos. Descubre el próximo martes si tú eres uno de ellos”. Los jueces podrían dictar sus sentencias con procedimientos parecidos; es exactamente lo que nos faltaba en el ámbito judicial. Nuevos aires en la relación médico-paciente: “El Área de Anatomía Patológica desvelará este jueves qué biopsias han dado positivo para carcinoma. Descubre quiénes son los implicados. ¡Sólo en la planta de Oncología a partir de mañana a las 10!”. Ah, sí… ¡periodismo!

4/11/17

POSVERDAD EN TVE


Hoy TVE va a tapar muchas bocas. Pero muchas. Empezando por la mía. Será por la noche después del “Telediario”, en “Informe semanal”, en La 1, no se lo pierdan.

Tantos vamos a recibir nuestro merecido que tendremos que ponernos en fila para evitar aglomeraciones. Los primeros, los miles de tuiteros picajosos que lo critican todo, unos seres viles que amparados en las redes incluso criticaron que La 1 emitiera el nuevo programa de un tipo tan simpaticote como Carlos Herrera simplemente porque aquella noche ardían Galicia y Asturias. Estos cobardes, en vez de dejarse atrapar por el magnetismo personal de Herrera, tenían la loca pretensión de informarse en la tele pública, algo innecesario porque para eso está laSexta. Los segundos, desfilarán los miembros del Consejo de Informativos de RTVE, que no hacen más que molestar denunciando las constantes trampas que hacen sus informativos. Últimamente su monomanía con la cobertura del procés es un incordio. Los terceros, los listos de laSexta, que tuvieron el valor de criticar en “laSexta noche” la actuación de los informativos de TVE. Y, para cerrar, todos los que no dejamos pasar una a TVE con la disculpa rancia que la tele pública es de todos y bla bla bla.

Hoy “Informe semanal” emitirá un reportaje que será una bomba. Trata sobre la manipulación en los medios informativos de titularidad pública. Para abrir boca, la semana pasada emitió la primera parte titulada “Posverdad y separatismo”. Habló de las trampas de la catalana TV3 y de cómo “el Gobierno de Rajoy se está enfrentando con mucha serenidad” a ellas. Después, TVE aumentó más la expectación con alguna simpática trastada, como debatir sobre Halloween en “Amigas y conocidas” en vez de cubrir la comparecencia de Carles Puigdemont en Bruselas. Pero a mí no me engaña. Tanta locura solo se entiende si es la pista de lanzamiento de algo muy gordo: la emisión en “Informe semanal” de “Posverdad en TVE”, un reportaje valiente en el que al fin demostrará su madurez, capacidad de autocrítica y buen hacer al margen de consignas políticas. ¡No se lo pierdan!

3/11/17

GIGANTE DE LA CALZADA

Pocas cosas son más irracionales que el humor. Y esto, que es cierto en referencia a casi todos los subgéneros del humor, se vuelve especialmente indiscutible cuando pensamos en Chiquito de la Calzada. He tenido la experiencia de ver alguna de sus actuaciones en compañía de amigos extranjeros que nos miraban a los españoles desternillados de risa sin poder encontrar el menor sentido a nada de lo que hacía ni el humorista ni su público. Al principio sólo era un friki del que reírse, hasta que descubrimos que su propuesta cómica surreal era un metametametahumor de grado tan elevado que era imposible de descomponer y al lado del cual el posthumor de “Muchachada Nui” quedaba a la altura de Esteso y Pajares. Sólo se podía acceder a él mediante la complicidad, y esa complicidad sólo se lograba si uno renunciaba a ser un pedante, un snob o un intelectual. En ese sentido, Chiquito nos hizo un poco mejores personas.

Pocas cosas son más tristes que un cómico viejo. El humor, por más que se disimule, está relacionado con la vitalidad y la novedad, con la sorpresa y el descubrimiento. Es una pulsión más de inicios que de finales, más de trayectos que de llegadas. Chiquito anda entrando y saliendo de hospitales estos días, pasándolo tan sólo regular con sus caiditas de Roma. Es un cómico viejo, lo más parecido que existe a un niño. Uno de los nuestros. Radicalmente humilde, radicalmente compadre, digno y sencillo, su plana sombra ya no tiene más dimensión que la estrictamente emocional. Maestro de la irracionalidad y la melancolía, se merece vivir lo mucho o poco que le quede notando lo muchísimo que se le quiere y la deuda de gratitud que tantos tenemos con él. Por esa inteligencia refleja, por depurar en un gesto o una frase cientos de años de evolución afectiva y social del sur de Europa. Ojalá le llegue esta columna. Ojalá le lleguen miles como ésta que borren la menor duda que pudiera tener de que lo que hizo fue valioso e importante. Cotidiano, irracional, emocional, popular. Radicalmente auténtico.

2/11/17

CÁRDENAS O LA NECEDAD NORMALIZADA


Poco a poco empiezan a aparecer señales de que estamos volviendo a la normalidad. Los titulares de los periódicos se ocupan de más de un tema. En algunos momentos del día laSexta no emite informativos. Llevamos por lo menos 48 o 72 horas en donde ningún periodista asegura que estamos viviendo una jornada histórica para Cataluña y España. Uno se siente aliviado de poder retomar las pequeñas rutinas cotidianas de su vida personal y su trabajo, y entre ellas, mi favorita, la que más sensación de tranquilidad y seguridad me transmite, la que más claramente demuestra que las cosas han vuelto a su cauce y todo vuelve a ser como fue siempre: escribir una columna poniendo a Cárdenas a bajar de un burro.

Son esas sencillas costumbres que dan sentido a este trabajo. Cárdenas nunca falla en lograr que nuestra televisión pública haga el ridículo. Y los críticos debemos estar a su altura y no fallar nunca en la denuncia -lo más dura que se pueda, por ejemplo, con el sintagma que viene a continuación- de esta puñetera vergüenza que arrastramos en TVE. Nunca faltan motivos: el último, haber dado altavoces para que uno de esos charlatanes que tanto gustan al incomprensible presentador asegure desde la televisión del Estado que los recientes huracanes que azotaron el sureste de EE.UU. no fueron naturales sino artificios creados por el hombre.

La propia cadena ha tenido que salir tristemente a pedir disculpas a través de su espacio “RTVE responde” intentando un mínimo descargo al señalar que “no ha habido intención de darle el más mínimo valor científico” a tales declaraciones. Cárdenas aborda un tema científico sin intención de darle el más mínimo valor científico. ¿Por qué no nos extraña? Es indignante, intolerable, humillante para los que mantenemos “Hora punta” con nuestro dinero. Pero a la vez sugiere el fin del DEFCON 1 de la crisis catalana y nos reconcilia con la vuelta a la normalidad. A la normalidad de la necedad, eso sí, que siempre será mejor que la necedad extraordinaria de los días pasados.

1/11/17

PATRIMONIO DE "JUEGO DE TRONOS"


La Unesco ha perdido la batalla frente a la televisión. Los bosques, montañas, desiertos, edificios, paisajes culturales o ciudades del mundo ya no quieren ser Patrimonio de la Humanidad, sino escenario de “Juego de tronos”. La ermita vizcaína de San Juan de Gaztelugatxe, por ejemplo, no es Patrimonio de la Humanidad, pero será para siempre Rocadragón, y eso es bueno para el turismo y  para la inspiración de los autores de folletos porque la Casa Targaryen mola mucho más que el Comité del Patrimonio de la Humanidad.

Nueva Jersey no necesita a Tony Soprano, Nueva York no necesita a “Friends”, Londres no necesita a “Sherlock”, Hawái no necesita a “Perdidos” y, por supuesto, el Coliseo de Roma no necesita al general Máximo. Petra no necesita a Indiana Jones, las cataratas del Iguazú no necesitan a “La misión”, Australia no necesita a Nicole Kidman, el templo camboyano de Angkor Wat no necesita al coronel Kurtz de “Apocalypse Now”, los tesoros egipcios no necesitan la ayuda de Hércules Poirot en “Muerte en el Nilo” y ninguna selva africana necesita verdaderamente a Tarzán. Pero la isla griega de Skópelos sí necesita a “Mamma Mia”, al castillo de La Mota en Medina del Campo le viene muy bien la serie “Isabel”, la capilla escocesa de Rosslyn se convirtió en un imán para los turistas gracias a Tom Hanks disfrazado de Robert Langdon en “El Código Da Vinci”, Lastres le debe un par de copas al doctor Mateo, Nueva Zelanda es algo más que los All Blacks gracias a “El señor de los anillos”, Tatooine es lo que es sobre todo por “La guerra de las galaxias”, todos queremos visitar Texas porque ahí nació Sheldon Cooper y hasta Peñíscola mira más hacia el chiringuito de Pepe que hacia al Papa Luna. Y, sobre todas las series y sobre todas las películas, está “Juego de tronos”, que convierte en oro las localizaciones que toca. Ojalá el equipo de producción de “Juego de tronos” decida incluir la única columna en pie del templo de Artemisa en Éfeso o la deliciosa cueva asturiana del Pindal en un capítulo de la serie. Ser Patrimonio de "Juego de Tronos" es, ahora mismo, bastante más importante  que ser Patrimonio de la Humanidad.