31/3/14

LO PETAMOS


¡Lo tengo, lo tengo! Un programa de baile. Pero no un programa de baile cualquiera, no. Un programa de baile en el que los concursantes sean famosos. Pero no un programa de baile en el que los concursantes sean famosos cualquiera, no. Un programa de baile en el que los concursantes sean famosos y cocinen mientras bailan. Pero no un programa de baile en el que los concursantes sean famosos y cocinen mientras bailan cualquiera, no. Un programa de baile en el que los concursantes sean famosos y cocinen mientras bailan en una isla tropical de Honduras. Pero no un programa de baile en el que los concursantes sean famosos y cocinen mientras bailan en una isla tropical de Honduras cualquiera, no. Un programa de baile en el que los concursantes sean famosos y cocinen mientras bailan en una isla tropical de Honduras al tiempo que lamentan profundamente la pérdida de Adolfo Suárez y alaban su inestimable contribución al reestablecimiento de la democracia en España. Pero no un programa de baile en el que los concursantes sean famosos y cocinen mientras bailan en una isla tropical de Honduras al tiempo que lamentan profundamente la pérdida de Adolfo Suárez y alaban su inestimable contribución al reestablecimiento de la democracia en España cualquiera, no. Un programa de baile en el que los concursantes sean famosos y cocinen mientras bailan en una isla tropical de Honduras al tiempo que lamentan profundamente la pérdida de Adolfo Suárez y alaban su inestimable contribución al reestablecimiento de la democracia en España caracterizados como cantantes nacionales e internacionales.

Y tras el éxito de la primera edición hacemos la versión kids. Un programa de baile en el que los concursantes sean niños famosos que cocinen mientras bailan en una isla tropical de Honduras al tiempo que lamentan profundamente la pérdida de Adolfo Suárez y alaban su inestimable contribución al reestablecimiento de la democracia en España caracterizados como cantantes nacionales e internacionales. El programa total. Lo petamos.

30/3/14

THE SITTING DEAD

Hay gente que cuando se muere ni abandona el cuerpo ni atraviesa un túnel de luz. Es gente que se queda en el más acá viendo la tele. Y eso que la tele no tiene ni la mitad de glamour sobrenatural que un túnel perfectamente iluminado, con su coro de ángeles y esa inmensa paz que lo inunda todo. ¡Mira que preferir la tele a un túnel metafísico con todos sus complementos! Hay gente que ni para morirse es como Dios manda.

El último caso se descubrió esta semana en Francfort, Alemania. La policía encontró a una señora de 66 años que llevaba 6 meses muerta pero que seguía sentada viendo la tele (¿666? Como se entere de esto Íker Jiménez, tiene para seguir viviendo sin trabajar una semana más). Parcialmente momificada, no hizo falta ni autopsia de la señora ni acudir al estudio de los insectos que habían anidado en ella para averiguar cuánto tiempo llevaba muerta: a su lado, frente a la tele encendida, estaba la teleguía de septiembre, su último alimento espiritual.

Es triste no abandonar el cuerpo después de muerto porque un cordón de plata te mantenga mirando la tele como si fueras un obstinado sitting dead. Y más triste es que nadie, ni siquiera Rick Grimes, te haya ido a visitar o te haya echado de menos en medio año. Así que podemos alegrarnos al enterarnos de que en el futuro estas cosas dejarán de ocurrir. En efecto, un reciente estudio muestra que los jóvenes de 14 a 24 años prefieren ver sus programas favoritos en ordenadores, teléfonos inteligentes, tabletas y videoconsolas a verlos en la tele. Así que, pronto, gracias a la civilización y el progreso, dejaremos de morir solos frente al televisor y podremos morir solos frente a las nuevas pantallas. Cuando el dispositivo lleve un tiempo sin interacción, se suspenderá para ahorrar energía. Y una aplicación avisará para que retiren el cuerpo antes de que los vecinos noten que huele mal el rellano de la escalera.

29/3/14

CERREMOS LAS ESCUELAS


A ver, que no es cerrar por cerrar, basta con cerrarlas por las mañanas. O dejarlas cerradas hasta las doce de la mañana. Con eso bastaría. Lo importante es que no haya escuela hasta una hora sensata, una hora que permita a los niños dormir un mínimo de ocho horas después de ver en la tele “La Voz Kids” por la noche hasta la una o las dos de la mañana. Porque ir al cole está bien porque haces amigos y presumes enseñando el móvil y eso, pero cantar y triunfar es más importante. Así que si es cierto que la nueva ley educativa quiere mejorar la calidad, debería dejar sus obsesiones por la religión católica y contra la educación para la ciudadanía para centrarse en lo importante: permitir que los niños sean famosos y cumplan los sueños que la tele les mete por la cabeza cuando tienen trece, diez, seis años.

Miremos atrás. Primero tuvimos dos meses de éxito arrollador de “La Voz Kids”. Anteanoche, por si no bastó una taza, tuvimos taza y media con “Lo mejor de La Voz Kids”. Algo debemos aprender de todo esto. Uno: que “La Voz” funciona mejor con niños que con adultos. Dos: que incluso una desgracia como la muerte de una niña concursante puede, triste negocio, mejorar los resultados disparando la audiencia. Tres: que ni la filtración de la niña ganadora evita que la final del concurso siga arrasando. Y cuatro: que, encima, la versión “Kids” tiene más recorrido porque vuelve a triunfar en las reemisiones de la cadena infantil Boing o en refritos como el que anteayer usó Telecinco para frenar la final de “Tu cara me suena”.

Los niños llevan dos meses durmiendo poco por culpa de la escuela. Y su voz se resiente. Eso lo sabe cualquier coach. Y un coach sabe más, mola más y dice cosas más importantes para la vida que un maestro, que ni es famoso ni canta ni gana gran cosa. Así que cerremos las escuelas. Pero no a lo loco, solo de forma que no interfieran en la formación y la voz de los kids.

28/3/14

DE FINLANDIA A COREA DEL NORTE


“Tu cara me suena” es un programa tan grande que tiene largas fronteras con muchísimos otros programas. Le pasa como a Rusia. Por su estética limita con “Ahora caigo” y con “A bailar”. Por su dinámica limita con países tan diferentes como “La Voz” o “Masterchef”. Por algunos de los miembros del jurado limita con “Operación Triunfo”. Por la zona de los concursantes limita con espacios muy variados: con la región de los espacios de humor como “Me resbala” o “Así nos va”, pero también con especiales musicales con algunos de los mejores showmen y showomen del país. Incluso “Tu cara me suena” tiene una pequeña línea limítrofe con “Supervivientes”, aquélla referida al tardofamoseo chunguitero de alguno de sus participantes.

Lo crean o no, para llegar desde Finlandia hasta Corea del Norte basta con atravesar un único Estado: Rusia. Compruébenlo mirando cualquier mapa. Es lo que tiene ser el país más extenso del mundo. Y la gran inteligencia que Antena 3 demuestra en cada edición  de “Tu cara me suena” no consiste tanto en hacer un gran programa de entretenimiento -que también-, como en hacer el espacio televisivo más extenso de la programación actual, no ya en tamaño -que también-, sino en géneros, en referencias, en continentes. Si Rusia se extiende a lo largo de dos continentes, “Tu cara me suena” lo hace ocupando al menos tres. Para pasar de ”Supervivientes” a “Me resbala” basta con cruzar “Tu cara me suena”. Una ruta que se inicie en “Masterchef” y termine en un país tan lejano como “Ahora caigo” sólo atraviesa el programa presentado por Manel Fuentes.

Rusia es lo único que separa Helsinki de Pionyang, lo que se interpone entre Sauli Niinistö y Kim Jong-un. Ayer se celebró la gran final, y la ausencia de este concurso durante los próximos meses desorganizará la programación televisiva tanto como Asia y Europa entera se desestabilizarían si desapareciera la madre Rusia. Aunque sólo fuese por cuestiones geoestratégicas de alta telepolítica, no es rechazable el regreso de “Tu cara me suena”.

27/3/14

INTESTINO Y METAINTESTINO



Tengo a Shakira en mi intestino. Lo he visto en el nuevo anuncio de Activia. Me da cosa. No es que piense demasiado en el tema, pero toda mi vida me he conformado con imaginar mi intestino como un tubito que da muchas vueltas, lleno de microvellosidades, flora microbiótica y algún bichito. Una vez, de pequeño, tuve lombrices. Me lo dijo mi madre. Ahora tengo a Shakira. He pasado de los oxiuros a Shakira. Y no una Shakira, sino muchas Shakiras. Que mueven la barriga. Mueven la barriga dentro de mi barriga. Hacen la danza del vientre dentro de mi vientre. Y la flora microbiótica se ha convertido en un bajomonte de clima tropical. Y las microvellosidades son lianas de las que colgaría encantado Johnny Weissmüller.

Me siento inquieto. Si noto algún movimiento intestinal se me vienen imágenes desagradables a la cabeza y pierdo el hilo de la conversación. Y el anuncio no me provoca sólo un malestar fenoménico-experiencial. También es una anomalía epistemológica. Si nunca he comido callos por no meter un estómago ajeno dentro de mi propio estómago, ¿por qué ahora tengo que tener un montón de intestinos dentro de mi intestino? Lenguaje y metalenguaje. Intestino y metaintestino. ¿Dentro del intestino de la Shakira que hay dentro de mi intestino hay otra Shakira, o a ese nivel ya nos encontramos, pongo por caso, con Alaska y Vaquerizo? Échame una mano, Bertrand Russell.

¡Con lo que Shakira ha sido para García Márquez, para Piqué, para mí!, y ha terminado convertida en una escherichia coli. Un amigo me dice que no, que en el anuncio sale una enteroshakira porque es Shakira la que se come el yogur. Pero que la idea es que dentro de las tripas de cada uno estamos cada uno. Yo mismo dentro de mi propio intestino. Pues peor me lo pones. Como mal menor prefiero a Shakira. Aunque, puestos a elegir, lo ideal hubiera sido que la E. coli hubiera sido enteropatogénica, estuviera en el colon del publicista y le hubiera sentado en el inodoro justo cuando tenía que crear este anuncio. Carmen Machi y José Coronado nunca se me metieron tan adentro.

26/3/14

LA LUCHA POR LA MUERTE


Inesperada noticia bomba: Adolfo Suárez acaba de legalizar el Partido Comunista de España. Es el nueve de abril de 1977, Sábado Santo. Nada más llegar la noticia a La Casa de la Radio, el periodista Alejo García Ortega corre de la primera planta a la segunda subiendo los peldaños de dos en dos, se pone al micrófono, interrumpe la programación y, entre jadeos, da la primicia con la sintonía de informativos entrando y saliendo sin ton ni son: “Señoras y señores: hace unos momentos, fuentes autorizadas… del Ministerio de Gobernación han confirmado que el Partido Comunista… perdón… que el Partido Comunista de España… ha quedado legalizado, e inscrito en el… Repetimos la noticia: hace unos momentos, fuentes autorizadas…”. Más tarde, fue el presentador Lalo Azcona quien interrumpió la programación de TVE para, de forma ya más pausada, confirmar la noticia en un “Avance Telediario”.

El domingo, 23 de marzo de 2014 muere Adolfo Suárez. Ni Alejo García ni Lalo Azcona dan la noticia. Ocho años y un día antes de la muerte de Suárez, un Viernes Santo, había muerto el primero; pero de seguir vivo y en activo no habría corrido de una planta a otra, no habría subido los peldaños de dos en dos y no habría interrumpido la programación para dar ninguna primicia hablando sin resuello. El segundo ya no trabaja en televisión, pero aunque lo hiciera tampoco habría interrumpido la programación para confirmar nada en ningún “Avance Telediario”. En realidad, nadie dio el domingo la noticia de la muerte de Suárez porque para entonces ya llevaba dos días premuerto. Así que su muerte no fue una noticia: solo fue la confirmación de lo que todos ya sabíamos.

Algo aprendimos estos días. Por ejemplo, que la premuerte no es telegénica. Ya sabíamos que la muerte y los obituarios dan bien en pantalla, ahora sabemos que la premuerte no. Así que, en lo sucesivo, evitemos los mensajes que anuncian lo peor y transforman esos terribles últimos días de lucha por la vida en unos días pesados y sin sentido de lucha por la muerte.