30 marzo 2014

THE SITTING DEAD

Hay gente que cuando se muere ni abandona el cuerpo ni atraviesa un túnel de luz. Es gente que se queda en el más acá viendo la tele. Y eso que la tele no tiene ni la mitad de glamour sobrenatural que un túnel perfectamente iluminado, con su coro de ángeles y esa inmensa paz que lo inunda todo. ¡Mira que preferir la tele a un túnel metafísico con todos sus complementos! Hay gente que ni para morirse es como Dios manda.

El último caso se descubrió esta semana en Francfort, Alemania. La policía encontró a una señora de 66 años que llevaba 6 meses muerta pero que seguía sentada viendo la tele (¿666? Como se entere de esto Íker Jiménez, tiene para seguir viviendo sin trabajar una semana más). Parcialmente momificada, no hizo falta ni autopsia de la señora ni acudir al estudio de los insectos que habían anidado en ella para averiguar cuánto tiempo llevaba muerta: a su lado, frente a la tele encendida, estaba la teleguía de septiembre, su último alimento espiritual.

Es triste no abandonar el cuerpo después de muerto porque un cordón de plata te mantenga mirando la tele como si fueras un obstinado sitting dead. Y más triste es que nadie, ni siquiera Rick Grimes, te haya ido a visitar o te haya echado de menos en medio año. Así que podemos alegrarnos al enterarnos de que en el futuro estas cosas dejarán de ocurrir. En efecto, un reciente estudio muestra que los jóvenes de 14 a 24 años prefieren ver sus programas favoritos en ordenadores, teléfonos inteligentes, tabletas y videoconsolas a verlos en la tele. Así que, pronto, gracias a la civilización y el progreso, dejaremos de morir solos frente al televisor y podremos morir solos frente a las nuevas pantallas. Cuando el dispositivo lleve un tiempo sin interacción, se suspenderá para ahorrar energía. Y una aplicación avisará para que retiren el cuerpo antes de que los vecinos noten que huele mal el rellano de la escalera.