12/12/08

ESTEINALAIF

La Asociación Americana del Corazón, -cardiólogos, nada que ver con Jesuses Mariñas ni Marías Patiños yanquis-, asegura que la canción de los Bee Gees "Stayin’ alive" posee el ritmo perfecto para realizar una reanimación cardiopulmonar en caso de parada cardiaca. El histórico tema que los hermanos Gibb cantaban con los pantalones muy apretados permite comprimir la caja torácica 103 veces por minuto, tasa muy cercana a los óptimos 100 golpes por minuto que recomiendan los médicos. Pronto, -NOTA PARA LOS LECTORES: hasta aquí la columna ha ido en serio, a partir de aquí ya es una parida de humor negro y dudoso gusto-, será obligatorio que todos los bares, pubs y discotecas tengan esta canción a mano, para ponerla rápidamente en caso de que algún cliente caiga fulminado por un ataque al corazón. Güel yucansei baidegüei ayusmaiguolk aim a guomansman no taimtutolk. Y el camarero bailando por los Bee Gees sobre el esternón del paciente hasta llegar al inconfundible a-a-a-a-esteinalaif esteinalaif.


Cuando apareció este estudio regalé una copia de la BSO de "Saturday Night Fever" a todos mis amigos con una entrañable dedicatoria en la que me desdecía de las múltiples blasfemias que cualquiera que me medio conozca me habrá oído soltar contra el trío australiano. Pero no. La visión este domingo de "Operación Tony Manero", nuevo bodrio telecinquero castingforme para elegir al próximo protagonista del musical español "Fiebre del Sábado Noche", me ha ratificado en mi posición previa. No sentía tanto miedo desde que escuché "Papito". Decidido: prefiero expirar y no inspirar más sobre el serrín mugriento de una sidrería antes que ser arrancado de las garras de la muerte por un Tony Manero de Albacete. Tened piedad, no me salvéis, dejadme morir. ¿No os dais cuenta de que a lo mejor me veis poco después sobre un suelo lleno de casillas de colores cambiantes, vistiendo camisas de raso con un traje blanco y dibujando en el aire una diagonal de metro y medio de largo con el índice derecho?

11/12/08

EPIGENÉTICA



No se asusten, que en el primer párrafo todavía no hablamos de epigenética. Anteayer por la tarde estrenaron la serie “Mi gemela es hija única” con vocación de asentarse en la parrilla vespertina y durar tanto como “Yo soy Bea”. Acaba de nacer y ya cumple objetivos: tras dos largas horas sobre las que Telecinco desparramó dos capitulazos como dos catedrales (aprovechando alevosamente que media España estaba encerrada en casa intentando sobrevivir al diluvio), los espectadores quedamos tan hartos como si nos hubieran inyectado en vena y sin anestesia los tropocientos capítulos de “Yo soy Bea, ¿y tú quién eres que tanto te pareces a mí?”.

Y ahora, vamos a ver cómo les hablo de epigenética sin que huyan en tropel. Dicen los que saben que la genética no lo explica todo, que la acción ambiental va más allá de lo que se pensaba en un principio, que ésta es tan importante que afecta incluso a la expresión de los genes mismos. La epigenética es una ciencia tan nueva que grandes sabios pioneros en genética como Severo Ochoa murieron sin saber nada de ella. Todos los avances punteros de esta prometedora rama del conocimiento los resume “Mi gemela es hija única” en una sola palabra: “tururú”.

La genética del siglo XX nos proporcionó joyas como “Vaya par de gemelas” o “Yo a Londres, tú a California”. La epigenética del s.XXI debería inspirar a los guionistas para que inventaran tramas que fueran más allá de dos gemelas que juegan al quítate tú pa’ ponerme yo. Pero no. Siguen empeñados en mostrar vínculos invisibles que anudan la vida de dos chicas con genoma idéntico: los mismos gustos musicales, el mismo peinado, el mismo traje, el mismo bolso y esa tontería de que cuando a una le pasa algo, la otra lo nota. Si esto fue el estreno, prepárense para el resto. Seguro que sólo contendrá genoma basura.

10/12/08

POR LAS VIEJAS METÁFORAS

En “Sangre fresca” (Canal +), vampiros y humanos intentan vivir juntos, la humana Sookie y el vampiro Bill se enamoran, y un pequeño pueblo de Lousiana se convierte en un laboratorio donde el creador de “A dos metros bajo tierra” coloca sus tubos de ensayo sociológicos. No esperen ver al conde Drácula en “Sangre fresca”, por supuesto. La distancia entre un castillo de Transilvania y un bar de copas de Lousiana es demasiado grande.

Muchos humanos miran con desconfianza a los vampiros, y no todos los vampiros son tan buenos como Bill. Pero los vampiros son pocos, son raros, son diferentes, son repugnantes (se alimentan con sangre sintética), son mejores en la cama que los humanos y tienen colmillos, aunque ya no los usan para poder chupar la sangre fresca. “Sangre fresca” se presenta como una metáfora sobre la intolerancia, la xenofobia y el racismo, y ya decía Aristóteles que la metáfora produce placer porque es un conocimiento. No niego que ver “Sangre fresca” como una metáfora produzca placer, pero ¿produce también conocimiento? Veo arder unos troncos en la chimenea, y el fuego se convierte en ese “perro rabioso de un millón de dientes” del que hablaba Pablo Neruda. Comprendemos la metáfora pero, como se pregunta José Antonio Marina, ¿conozco algo al comprenderla? Reconocemos en la furia con la que las llamas roen el tronco lo que ha motivado la metáfora, pero ¿podemos llamar conocimiento a ese reconocimiento? Reconocemos en las metáforas de “Sangre fresca” algunos engranajes defectuosos de la sociedad actual. ¿Eso significa que Sookie y Bill nos ayudan a conocer nuestro mundo?

“Sangre fresca” es una metáfora ingeniosa que, como diría Marina, mantiene al tiempo la conciencia del parecido y del disparate. Porque esos vampiros de Lousiana son un puro disparate. El perro rabioso de un millón de dientes del que hablaba Neruda no tiene nada que ver con la combustión. ¿Qué tiene que ver la extraña naturaleza del vampiro Bill con Lousiana? Ya veremos. Pero lamento que cuando Sookie sirve una copa de vino a Bill, el vampiro no diga: “Yo nunca bebo... vino”. Por los viejos tiempos y la viejas metáforas.

9/12/08

UNA DE DOS


¿"Depende" te parece "Bonito"?

Una de dos. O Buenafuente creó al Follonero y después lo lanzó al mundo para que montara un follón tras otro allá donde fuera, o Buenafuente sólo lo mantuvo embridado durante años dentro de su programa hasta que se le escapó. O Jordi Évole era un tipo con talento que en manos de Buenafuente fue moldeado hasta convertirse en el Follonero y ahora está atrapado en ese personaje, condenado a montar un follón tras otro para no decepcionar a su público, o Évole era un tío que no hacía más que fastidiar y Buenafuente fue el único capaz de contenerlo y mantenerlo encerrado en su programa hasta que un buen día se le escapó y corrió libre por la parrilla televisiva como si fuera Orzowei por el Serengueti.

El caso es que ahora el Follonero tiene su propio programa: “Salvados”. Y será un programa estupendo, de acuerdo, pero lo cierto es que apenas monta follones por mucho que se lo curre. Es un pobre balance para un Follonero curtido en mil batallas tener apenas un par de quejas menores por aquel “Salvados por la Iglesia” y por haber llevado a una pareja gay al Valle de los Caídos vestida con camisa azul. Con lo soliviantados que andábamos con las entrevistas a Roldán y a Julián Muñoz, y nadie dijo nada porque anunciara la siniestra continuación del temible “chorizo show” entrevistando al Dioni.

Una de dos. O Buenafuente nos enseñó a encajar las burlas, a aguantar las provocaciones del Follonero, a reírnos de las críticas y a encajar los comentarios de los que no piensan como nosotros, o Buenafuente es sólo un ciudadano más, uno como tantos que sabe verle la gracia a las provocaciones que no pretenden hacer sangre, un bufón en tierra de bufones que sabe reírse de las gracias del bufón de enfrente. O somos así y Buenafuente es sólo uno más, o somos discípulos suyos, barro moldeado por esas manos que están siempre a un tris de abrochar el botón de la chaqueta.

8/12/08

POCO, POQUÍSIMO

Dicen... los jóvenes que... se presentan al casting... de "Fama" que todo... en esta vida se puede hacer... bailando... No lo sé... Yo lo estoy... intentando, y, de hecho,... me he propuesto... escribir esta... columna... mientras... bailo. Pero es muy... incómodo. Aprovecho cuando mis giros... y pasos... me acercan al teclado... para... alargar el brazo y... teclear algunas palabras. Me rindo. Me siento delante del ordenador como siempre. Qué comodidad. Dónde va a parar. Ya lo sospechaba pero confirmo la idea de que lo único que se puede hacer en esta vida bailando es bailar. Lo cual no es poco, aunque rebaja las pretensiones de los aspirantes a famosos.

Dicen los jóvenes que se presentan al casting de "Fama" que para ellos el baile es su principal forma de expresión. Lo dicen, eso sí, de viva voz. No interpretan una coreografía mediante la que expresar que para ellos el baile es su principal forma de expresión cuando Marbelys les pregunta por qué quieren entrar en "Fama". Yo también lo he intentado. Mi hija me pregunta qué vamos a comer y me pongo a bailar delante de ella para transmitirle el mensaje "lentejas y pollo". No me entiende, y me convenzo de lo que ya intuía: mediante el baile sólo se pueden expresar contenidos que tengan que ver con el movimiento del cuerpo, como emociones elementales o ganas de ir al baño. De nuevo eso no es poco, aunque es menos de lo que aseguran los hiphoperos que bailan 30 segundos ante Rafa Méndez con la esperanza de oírle decir "ameisin".

Dice una aspirante que ha sido eliminada del casting que "el mundo se me ha derrumbado encima". Dice un chaval que pasó el primer corte que "hace un año yo no era nadie y ahora mira adónde he llegado". Una vez más he intentado entender a ambos inútilmente. "Fama", como su propio nombre indica, no es más que un espejismo: si se te derrumba encima ni te enteras, si llegas hasta él notas que no te has movido de sitio. Y eso sí, eso sí es poco, poquísimo, en contra de lo que les quieren hacer creer a estos chicos Víctor Ullate Roche y Lola González.

7/12/08

ANAXÍMENES, PATRÓN

¿Anaxímenes hacía como que tocaba la guitarra cuando bailaba con sus amigos en Mileto? Ya sé que en el siglo VI a.C. no existía la guitarra, pero hay registros que hablan de un instrumento arcaico parecido llamado "panduri". Durante las fiestas del lugar, cuando los milesios bailaban danzas populares, ¿Anaxímenes fingía tocar el pandurion en el aire? A lo mejor fue de esa manera como se le ocurrió la idea de que todo el cosmos procede del aire, de su condensación y su rarefacción. Los instrumentos musicales no son más que aire condensado que provocan sonidos que no son más que vibraciones del aire que llegan hasta nuestros oídos que igualmente son sólo aire. Todo es aire, dijo Anaxímenes, y sólo por eso ya merece que los premios de "air guitar", -tocar la guitarra en el aire-, cuya edición española se está resolviendo estos días en "Buenafuente", lleven su nombre.

Lo crean o no, hay un certamen europeo en el que se disputa quién interpreta mejor mediante mímica los grandes momentos guitarreros de la historia del rock. Tiene su lógica indudable, al menos dada la afición que buena parte de la población ha, hemos, mostrado por ese instrumento y el virtuosismo que casi todos hemos, han, alcanzado en él. Pero sobre todo tiene su lógica que el campeonato se resuelva en la televisión, medio de comunicación en donde el aire no es ya sólo el origen de todas las cosas, sino también su final y sus puntos intermedios. El mismo jueves en el que un entusiasmado concursante tocaba en el aire el "Sweet child o’ mine" de Guns’n’Roses, el Andréu entrevistaba a una directora de porno, -otro género de la mímica que bien pudiera llamarse "air sex"-. Y la entrevista de DEC a María José Cantudo del viernes fue puritito "air talkin’". Y los actores del "Escenas de matrimonio" del sábado fingían en el aire que hacían comedia.

Todo es aire, dijo Anaxímenes, y sólo por eso ya merece ser nombrado patrón de la televisión actual.