6/2/12

TRISCAIDECAFOBOFOBIA

Hola, me llamo Antonio Rico y soy triscaidecafobofóbico. Sufro mucho. La sociedad tolera la triscaidecafobia. La aversión obsesiva al número 13 está bien vista, pero lo que a mí me pasa no es eso. Lo mío es un temor irracional hacia la aversión obsesiva al número 13. ¡Tengo fobia a la triscaidecafobia! Así que tengo triscaidecafobofobia.

Es terrible. Sufro porque soy un marginado social con una fobia que no está bien vista como lo está la aversión al 13. ¡Ya me gustaría a mí tener triscadecafobia! Si así fuera andaría por ahí tan chulo como cualquier otro triscaidecafóbico presumiendo de que soy guay porque no soporto el número 13, de que digo “12+1” que mola más, de que gracias a gente chupichachi como yo hay edificios sin planta 13, aviones sin fila 13, hoteles sin habitación 13, metros sin línea 13. Pero es que, ay, soy triscaidecafobofóbico y eso me condena al aislamiento social, a la soledad, al solipsismo, a convivir con palabras así de raras.

Yo antes llevaba una vida normal en la que podía convivir sin problemas con la triscaidecafobia. Si veía que un triscaidecafóbico sufría porque dentro de una casa 13 gatos negros rompían 13 espejos junto a 13 paraguas abiertos, echaba un gato, cerraba un paraguas y salvaba un espejo para que se tranquilizara. Hasta que Telecinco estrenó “Gran hermano 12+1”. Ahí empezó mi infierno. Desde entonces me da miedo el miedo al 13, no soporto no soportar el 13, temo el temor al 13. Es ver escrito “12+1” y me da repelús. Es oír decir “12+1” y me salen granos. Es ver que emiten “GH 12+1” y apago la tele.

No vengo aquí buscando cura. Lo mío no tiene arreglo mientras Telecinco siga emitiendo ese horror. Solo espero dejar de parecer un bicho raro, sentirme arropado, encontrar el apoyo de otros que, como yo, padezcan triscaidecafobofobia, me comprendan y me acepten como soy.

5/2/12

MILLION DOLLAR PANTOJA

La diferencia fundamental entre Elvis Presley e Isabel Pantoja radica en que Elvis no mintió en ridículos comunicados ni movilizó un ejército de abogados cuando grabó unas canciones en una compañía diferente de aquélla con la que tenía un contrato de exclusividad. Ocurrió el 4 de diciembre de 1956 en Memphis, la capital de Tennessee en donde Sun Records tenía localizados los estudios de grabación que oyeron nacer al rock and roll. Aquella tarde Carl Perkins ensayaba con un pianista local llamado Jerry Lee Lewis buscando una canción que continuara el éxito de “Blue suede shoes”. Johnny Cash se había llegado hasta allí para arreglar un asunto de dinero con el dueño Sam Phillips. Y Elvis Presley, que ya no pertenecía a Sun y acababa de firmar un supercontrato con RCA, también se acercó a saludar a viejos amigos tras haber estado fuera de Memphis una temporada. Perkins, Lewis, Cash y Presley empezaron a improvisar alrededor de un piano. Alguien apretó el botón de grabar y una hora y diecisiete canciones después había nacido “The Million Dollar Quartet”, una de las grabaciones míticas de la historia del rock que no pudo ver la luz hasta décadas más tarde debido al vínculo legal de Elvis Presley con RCA.

¿Tendremos que esperar décadas para escuchar la entrevista que Susanna Griso hizo a Isabel Pantoja en “Espejo público”? Me la sopla. La folksinger se enteró de que estaban hablando de ella en Antena 3, se le calentaron los piños y llamó a Grissom, digo a Griso, para largar lo que que su alma y sus glándulas suprarrenales le pidieran. Luego resulta que cayó en la cuenta corriente del millonario contrato que le une ahora a su antaño archienemigo telecinquero y empezó a mentir malayamente acusando a Antena 3 de haberla grabado sin permiso. Hace 56 años RCA y Sam Phillips llegaron a un sencillo acuerdo y Elvis no tuvo problemas en reconocer su error. Fue mucho más elegante que Isabel Pantoja. Aunque conociendo a Elvis Presley y a Isabel Pantoja no hacía falta contar esta historia para llegar a esta conclusión.

4/2/12

LA CEREMONIA DEL REGIDOR

Vean hoy “El gran debate” en Telecinco. Véanlo y asistan maravillados al increíble milagro de la unanimidad en los aplausos. Es sencillamente prodigioso. Inexplicable con el nivel de conocimientos de la ciencia actual. Los debatientes en el programa discuten acerca de los asuntos tratados cada semana. El público presente en el plató sigue con atención el curso de los argumentos. Y si alguna de las intervenciones de los participantes es particularmente brillante, contundente o apasionadamente esclarecedora del nudo al que se enfrenta, los cien asistentes en las gradas pueden aplaudir libremente llevados de un encomiable entusiasmo ciudadano y racionalista. Por elemental cálculo de probabilidades, entre el público habrá de haber gente de derechas y de izquierdas, más emocional y más cohibida, más ágil o más espesa de entendederas.

Pues bien, el público asistente a “El gran debate” aplaude o calla como si fuera un sólo hombre. Y tanto es así que efectivamente estoy empezando a pensar que es un sólo hombre: el regidor. O una intervención arrebata al 100% del tendido o arrebata al 0%. Fíjense hoy. ¿Cómo es posible que una respuesta de Isabel Durán no arranque el aplauso del, por ejemplo, 10% de los presentes dejando en desacuerdo al 90% restante? Las réplicas, los argumentos, las razones esgrimidas por Ignacio Escolar a veces no despiertan ningún aplauso y a veces los despiertan todos. No hay que ser Sheldon Cooper para saber que, si en verdad cada miembro del público aplaude libremente, la probabilidad de que eso ocurra está tan cercana a cero que no hay forma de distinguirla de cero. ¿No hay un puñetero concejal del PPSOE que diga algo que lleve al aplauso al 40% de los presentes pero no al 60% restante? ¿Un subdirector de alguna subdirección, un alguien de un algo, quien sea, cuyas palabras gusten tan sólo a una parte de la grada?. Los opinadores que rodean a Jordi González discrepan respecto de los temas de debate, pero el 100% del público asistente es unánime respecto de las opiniones discrepantes. Esto no es un debate. Esto es una ceremonia.

3/2/12

UN POQUITO DE 'BURGALÓS'

La competencia televisiva sin denuncias de plagio es como un “Sálvame” sin gritos: parece que falta algo. Hace dos semanas se resolvió la demanda que Antena 3 puso contra Telecinco porque, decía, “Aquí no hay quien viva” había sido plagiada por “La que se avecina”. Perdió. Normal: estaba claro que no tenían nada que ver porque la primera transcurría en el edificio de “Desengaño 21”, mientras que la segunda lo hace en la urbanización “Mirador de Montepinar”, lo que hace que ambas series sean totalmente diferentes e inconfundibles para cualquiera que no se líe por lo parecidas que son y las confunda.

Pues ahora Telecinco se la puede devolver a Antena 3 denunciando por plagio la serie que estrenó anteayer por la noche. En efecto, viendo “Con el culo al aire” se tiene la sensación constante de estar viendo “La que se avecina” (¿o era “Aquí no hay quien viva”). La demanda animará la habitualmente animada competencia televisiva, pero también será desestimada. Es que “Con el culo al aire” no transcurre en una urbanización ni nada, sino en un camping. O sea, un camping desestructurado con familias desestructuradas de personas desestructuradas a las que la crisis obliga a recortar gastos y vivir en unos cutres ‘burgalós’. Y que, córcholis, para aumentar aún más su cercanía con el público dicen cosas como “cuando seas padre, comerás huevos” y “vamos cuesta abajo, de culo y sin frenos”. Realismo pata negra.

Más recortes: RTVE anuncia que, para que no figuren como gasto de este ejercicio, meterá en un congelador capítulos grabados de series como “Águila Roja”, “Cuéntame cómo pasó”, “Amar en tiempos revueltos” y la anunciada “Isabel”. Si todo sigue como hasta ahora, calculo que cuando los descriogenicen allá por 2013, Telecinco estará preparando su próxima serie de éxito ambientada en una futurista base lunar en la que todos los vecinos lunares no hacen más que meterse en la lunar vida de los demás. Menuda demanda que le va a arrear Antena 3 por plagiar “Con el culo al aire”.

2/2/12

EL FIN DE TÓ

Pon tú que me da un pronto, me pongo en plan maestro Yoda y murmuro: “El universo que nosotros conocer de terminarse ha”. Parece una pijada intranscendente porque lo es, pero a la peña le puede dar por tomarlo de pretexto para anunciar el fin del mundo, el fin de los tiempos, el fin de lo que se menea. Pues si eso ocurriera, si se formara un gran revuelo porque cienes y cienes de especialistas en gilipolleces llenen páginas de Internet, programas de radio, revistas y libros para ganar dinero fácil diciendo tonterías, el “Telediario” no debería intranquilizar a la población intentando tranquilizarla. Y anteayer lo hizo.

El “Telediario” se ocupó anteayer de la pamplina esa del fin de mundo según los mayas. Que, a ver, si hay que dedicarle unos minutos porque, en efecto, la bola se hizo lo suficientemente grande, pues se dedican: cuentan que lo que hubieran dicho o hubieran dejado de decir los mayas al respecto no tiene absolutamente ningún valor y ya está. Pero lo que no tiene sentido es decir –como dijeron– que el actual alarmismo es infundado porque en realidad los mayas no anunciaron que el mundo se iba a acabar en 2012, que es un asunto que no preocupa a los mayas actuales, que no hay localizado ningún asteroide que vaya a impactar en la Tierra este año, que en tan solo unos meses no puede producirse la inversión de los polos magnéticos.

Es estupendo que en el “Telediario” salgan un antropólogo, un astrónomo y una física como hicieron anteayer, pero, si es para esto, mejor que no lo hagan porque mete miedo. Es como si dijeran que una antigua profecía egipcia no debe preocuparnos porque los actuales egipcios están tranquilos, y no porque es una paparrucha. O que el horóscopo que anuncia una desgracia carece de importancia porque un dato puede interpretarse de otra forma, y no porque es un timo. O que cuando me pongo en plan Yoda no pasa nada porque hablo al revés, y no porque digo idioteces.

1/2/12

PERDIDOS EN ÁFRICA

Como un psicólogo que va el Folies Bergère y mira a los espectadores, los amantes del fútbol que siguen la Copa Africana de Naciones (Eurosport) corren el riesgo de perderse el espectáculo del partido Gabón-Marruecos por culpa de la grada. Decía Pericles que los atenienses amaban lo bello sin ostentación, pero el público africano ama lo bello con la mayor ostentación posible, hasta el punto de que es difícil concentrarse en un partido de fútbol cuando en la grada se cachondean de Pericles.

Y, sin embargo, no sólo recomiendo a los futboleros que se den una vuelta por la Copa Africana de Naciones, sino que les pediría un esfuerzo para concentrarse en el espectáculo que ofrece el Folies Bergère, y no en los espectadores que llenan las gradas de color, música, alegría y africana ostentación. Acostumbrados al fútbol español, el fútbol africano nos puede parecer extravagante en su desorden táctico y apabullante derroche físico. Pero es una extravagancia significativa. Ni la selección de Botsuana ni la de Burkina Faso pondrían en apuros a un Barça o a un Madrid, pero es significativo que la extravagancia de su juego hipnotice a un espectador español acostumbrado a la belleza clásica de las diagonales de Messi o los pases de Özil. El fútbol africano no es primitivo, ni tampoco infantil o inmaduro, ni siquiera ingenuo. El fútbol africano es extravagante. Y es significativo que nos parezca extravagante.

La extravagancia africana no es la extravagancia del argumento de la serie “Alcatraz” (TNT), porque después de “Perdidos” ya no nos sorprende que presos de la prisión de Alcatraz desaparecidos hace 50 años reaparezcan de forma inexplicable para seguir cometiendo delitos. Necesitamos un “Perdidos” para el fútbol. Necesitamos un J.J. Abrams que nos dé un buen meneo. Necesitamos que alguien abra las ventanas para que entre aire fresco en el fútbol, viciado por culpa de tanto “clásico” y tantas ruedas de prensa de Mourinho. El fútbol africano puede ser nuestro “Perdidos” particular, y la extravagante y maravillosa selección de Gabón podría ser el J.J. Abrams del fútbol. ¿Saben por qué los futboleros españoles no entendemos muy bien la extravagancia de la Premier League? Porque es como ver “Alcatraz” sin haber visto antes “Perdidos”. Hagan la prueba.