02 febrero 2012

EL FIN DE TÓ

Pon tú que me da un pronto, me pongo en plan maestro Yoda y murmuro: “El universo que nosotros conocer de terminarse ha”. Parece una pijada intranscendente porque lo es, pero a la peña le puede dar por tomarlo de pretexto para anunciar el fin del mundo, el fin de los tiempos, el fin de lo que se menea. Pues si eso ocurriera, si se formara un gran revuelo porque cienes y cienes de especialistas en gilipolleces llenen páginas de Internet, programas de radio, revistas y libros para ganar dinero fácil diciendo tonterías, el “Telediario” no debería intranquilizar a la población intentando tranquilizarla. Y anteayer lo hizo.

El “Telediario” se ocupó anteayer de la pamplina esa del fin de mundo según los mayas. Que, a ver, si hay que dedicarle unos minutos porque, en efecto, la bola se hizo lo suficientemente grande, pues se dedican: cuentan que lo que hubieran dicho o hubieran dejado de decir los mayas al respecto no tiene absolutamente ningún valor y ya está. Pero lo que no tiene sentido es decir –como dijeron– que el actual alarmismo es infundado porque en realidad los mayas no anunciaron que el mundo se iba a acabar en 2012, que es un asunto que no preocupa a los mayas actuales, que no hay localizado ningún asteroide que vaya a impactar en la Tierra este año, que en tan solo unos meses no puede producirse la inversión de los polos magnéticos.

Es estupendo que en el “Telediario” salgan un antropólogo, un astrónomo y una física como hicieron anteayer, pero, si es para esto, mejor que no lo hagan porque mete miedo. Es como si dijeran que una antigua profecía egipcia no debe preocuparnos porque los actuales egipcios están tranquilos, y no porque es una paparrucha. O que el horóscopo que anuncia una desgracia carece de importancia porque un dato puede interpretarse de otra forma, y no porque es un timo. O que cuando me pongo en plan Yoda no pasa nada porque hablo al revés, y no porque digo idioteces.