7/1/18

LA LIBERTAD DE LO IDÉNTICO

La variedad de canales generalistas que Mediaset ofrece a la población es tan amplia que ningún espectador deja de encontrar un programa que se ajuste a sus gustos, por muy sofisticados que éstos sean. Este miércoles pudimos elegir simultáneamente entre ver a Carlos Sobera hacer de anfitrión para buscadores del amor en el “First dates” de Cuatro y ver a Carlos Sobera hacer de anfitrión de niños repipis en el “Little big show” de Telecinco. Al mismo tiempo. Técnicamente se llama “ampliar el target” hasta abarcar prácticamente a la totalidad de la audiencia nacional. ¿Te gusta ver a Carlos Sobera en programas de citas? Mediaset te lo da. ¿Te gusta ver a Carlos Sobera en programas de niños? Mediaset te lo da. ¿No te gusta ver a Carlos Sobera? Hombre, Mediaset no hace televisión para anormales como tú.

Lo ocurrido el miércoles en Mediaset no sólo fue un ejemplo de libertad de elección. También fue una muestra de libertad de competencia en igualdad de oportunidades. Porque el enorme parecido entre el Carlos Sobera de Cuatro y el Carlos Sobera de Telecinco garantizaba la limpieza de la contienda entre ambos presentadores. Ninguno de los dos partía con ventaja, y la única variable que explicaría la victoria de uno sobre el otro es su maestría diferencial como presentador. Las sociedades capitalistas incentivaban la libre competencia entre los agentes productivos. La gran innovación del neocapitalismo actual consiste en enfrentar a tales agentes, no solamente entre ellos, sino también contra sí mismos. Sobera contra Sobera. Uno ya no puede ser solidario ni respecto de su yo.

Han venido los Reyes y nos han traído el juego de la libertad de elección y el juego de la libertad de competencia. El único requisito para jugar es ser un clon, un clon espectador o un clon presentador. Dos Soberas idénticos simultáneamente en Cuatro y Telecinco para dos millones de espectadores idénticos simultáneamente en Cuatro y Telecinco. Libertad.

6/1/18

SHERLOCK EN LA CABALGATA


Entre 2010 y 2017 la BBC realizó la mejor recreación de la figura de Sherlock Holmes nunca llevada a cabo en cine o televisión. En ella, Sherlock y Watson corrían sus aventuras en el Londres del siglo XXI en medio de redes sociales, GPS y aviones supersónicos. En el último reinicio de la saga de Spiderman, la tía May, venerable anciana en los cómics originales de Stan Lee y Steve Ditko, se reencarnó gracias a Marisa Tomei en una ágil cuarentañera capaz de vencer al Dr. Octopus de un par de sopapos sin necesidad de superpoderes. Hemos visto llorar a James Bond en “Skyfall”. D’Artagnan y los tres mosqueteros se convirtieron en D’Artacán y los tres mosqueperros, y el caballero británico Phileas Fogg se transmutó en un perro llamado Willy Fog sin que haya motivos para sospechar de la responsabilidad de una mano oculta de Manuela Carmena en tal metamorfosis. ¿Se puede saber qué puñetas importa que en tal o cual cabalgata de Reyes los sabios de Oriente aparezcan reconvertidos en astronautas, drag queens, superhéroes de Marvel, inventores locos, perros de dibujos animados, hiphoperas hawaiianas, teloneros de los Rolling Stones o chefs franceses?

Entiendo que siembre habrá defensores acérrimos del canon holmesiano que nunca tolerarán la aparición de los pitufos o de caracteres LGTBI en una recreación de “El perro de los Baskerville”. Y entiendo que siempre habrá fundamentalistas bíblicos que rechacen colocar a los pitufos o a caracteres LGTBI en la cabalgata de los Reyes -un momento… los pitufos nunca les parecieron mal…-. En el fondo tengo simpatía por ellos, porque yo también soy un firme defensor de la tradición, concretamente, de la tradición más antigua de todas, que consiste en mandar a paseo las tradiciones. Ésa sí que tiene miles de años de antigüedad. Respetémosla. Practiquémosla. Este año ya es tarde, pero el año que viene sería una ocasión perfecta para colocar a Sherlock en nuestras cabalgatas. Y si es un Sherlock LGTBI de color azul pitufo, mejor.

5/1/18

CONSUMA NIÑOS SIN MODERACIÓN


Mira qué niños. Los niños son tan ricos que da gana comerlos. Qué bien que en navidades la tele se llene de niños para que así se nos pueda caer la baba viendo niños. Enciendes la tele en horario de máxima audiencia y te pones las botas viendo qué simpáticos son los niños, qué ocurrencias tienen los niños, qué cosas dicen los niños, qué adorables resultan los niños cuando se ponen a hacer cosas de mayores y no le salen bien del todo pero es mejor porque así ves cómo son los niños y son más adorables si ves en la tele que a las criaturas no le salen bien del todo las cosas de mayores. Aunque todavía puedes tener más suerte al encender la tele y ver qué encantadores resultan los niños cuando se ponen a hacer cosas de mayores y le salen bien las cosas de mayores y así ves que son como personitas y son más adorables todavía.

¿Y qué me dicen de los niños que salen en la tele haciendo cosas de niños? Entonces ya es la locura. Uno no se cansa de ver a los niños hacer lo que les gusta, que para eso son niños y les gusta hacer lo que la tele o las marcas comerciales o nosotros o entre todos les metemos por la cabeza para que sepan en qué consiste ser niños y les gusten las cosas que les tienen que gustar, y así sepan lo que tienen que hacer porque eso es lo que hacen los niños, y nos da una inmensa satisfacción ver qué cosas le gustan a los niños y cómo hacen todas esas cosas porque es lo que les gusta. Y lo felices que son. Y la ilusión que les hace. Y las ganas que dan de comérselos.

Lo de anteayer fue la apoteosis. En La 1 un montón de niños pasó la noche cocinado con jurado, evaluación y competición en “MasterChef Junior”. Porque les encanta. Y en Telecinco otro montón de niños la pasó haciendo otras cosas que no son cocinar pero sin jurado, evaluación ni competición en “Little Big Show”. Porque les encanta eso otro. De postre, Telecinco reemitió “Got Talent Junior”, donde lo que a los niños les encanta es hacer de todo menos cocinar, pero ya con jurado, evaluación y competición. Y eso hicieron. Qué linda noche pasamos consumiendo niños sin moderación.

4/1/18

ESPEJO MÁGICO, ¿QUIÉN ES LA MÁS HERMOSA DEL REINO?


Ay. Un “Telediario” informando del éxito del “Telediario”, del gran seguimiento que tiene, de su buena audiencia. Mala cosa. ¿Y si los datos que da son ciertos, si es verdad que recupera seguidores, si los audímetros cantan y las nubes se levantan? Entonces, peor.

La guerra de la audiencia no puede ser la guerra de TVE. Y mucho menos si se trata de sus informativos, la columna vertebral del servicio público que le da razón de ser. TVE no debería abrir el año presumiendo de unos datos parciales cogidos por los pelos del mes anterior que la favorecen. Es alucinante que un informativo demuestre cómo manipula la información precisamente manipulando los datos para presentarse como vencedora cuando el informativo más visto es de la competencia.

En vez de cocinar los datos que le permiten dar a entender que está ganando la guerra cuando solo gana batallas, TVE debería centrarse en si ha estado en todo momento donde debería estar —y no ha sido así—, si ha realizado los especiales informativos más completos y exhaustivos del panorama televisivo —y no ha sido así—, si ha demostrado lo bien que sus directivos aprovechan el hecho de ser la cadena con un más numeroso y más veterano equipo humano dotado de los más costosos y sofisticados medios técnicos —y no ha sido así—, si ha tenido la mayor capacidad de reacción ante los giros y acontecimientos de la tensa y cambiante situación política que hemos vivido —y no ha sido así—, si ha contado con las mesas de debate más plurales, los analistas más variados y los invitados más heterogéneos —y no ha sido así—. TVE, en fin, debería poder desmentir a Miguel Ángel Revilla, que se permitió el lujo de decir en laSexta que no cree en las televisiones públicas porque son la voz de su amo y él mismo está vetado en TVE. Pero, no, desgraciadamente, TVE no puede.

Un destello: Canal 24 Horas fue la única cadena que el día 31 informó en directo del hallazgo del cadáver de Diana Quer. Así debería ser TVE: la primera informando siempre.

3/1/18

SOPLANDO EN EL VIENTO


Observar la historia a través de la música es una idea fantástica, así que cada capítulo de la serie documental “Soundtracks: las canciones que hicieron historia” (MXtra) no sólo es fantástico, sino que debería utilizarse en los institutos en clase de historia, de música, de inglés y también de matemáticas, de física y hasta de latín. En el primer capítulo de la serie, los espectadores caminamos entre las sombras y cenizas de lo que fue la guerra del Vietnam y nos cruzamos con “War”, de Edwin Starr, una de las pocas  canciones antibelicistas que fue un gran éxito; nos enteramos de que el himno por antonomasia de los soldados estadounidenses era “We Gotta Get Out Of This Place”, de The Animals; y comprendemos por qué en aquel horror que fue la intervención militar estadounidense en Vietnam la música estaba por todas partes y la llegada de nuevos soldados era la oportunidad de escuchar el último disco de Crosby, Stills y Nash. Cada momento histórico del terrible y a la vez deslumbrante siglo XX tiene su banda sonora. De la guerra del Vietnam a la llegada del hombre a la Luna, y de la lucha de Martin Luther King por los derechos civiles al huracán Katrina. Bien. Sólo una precisión.

Se puede observar la historia a través de la música, sí, pero me pregunto qué escuchaban los cientos de miles de soldados vietnamitas que morían en una guerra que al menos ellos, a diferencia de sus enemigos estadounidenses, entendían. ¿Quiénes eran los Edwin Starr, los Animals, los Crosby, Stills y Nash de los vietnamitas? Impresiona y conmueve ver el monumento en Washington D. C. con los nombres de los casi sesenta mil estadounidenses muertos o desaparecidos en la guerra de Vietnam, pero me pregunto cuál fue la banda sonora que acompañó a los millones de vietnamitas que murieron en una guerra que no puede reducirse a lo mucho que los soldados estadounidenses echaban de menos su hogar cuando escuchaban “We Gotta Get Out Of This Place” y gritaban que tenían que salir de ese lugar. Los soldados de Estados Unidos querían salir de Vietnam y los soldados vietnamitas querían que se fueran. En eso estaban de acuerdo. ¿Por qué, entonces, tantos muertos? La respuesta, como casi siempre, está soplando en el viento.

2/1/18

APOLOGÍA DE LA GRIPE

Para ustedes será un fastidio, lo entiendo. Pero en la encrucijada vital en la que me hallo, la gripe se presenta como la única esperanza para poder ponerme al día en las docenas de series que tengo pendientes. ¿Justifica tal afán un gripón de aquí te espero con sus tiritonas, esputos ultravioletas y megacefaleas? Quizá no para ustedes, pero sí para un personaje ficticio de la crítica televisiva como yo. No vi aún “Mindhunter”. Ni la T3 de “Broadchurch”. No vi la T4 de “Black mirror”, que tendrá que esperar al lejano día en el que ya haya visto la T2 de “Stranger things”. Por favor, una semanita de baja. En batín. Tumbado en el sofá 24/7. Un caldito. “Better things”. Un zumito. “BoJack Horseman”. Un paracetamolito. “Fleabag”. Volver a ser persona.

Sé que 39º no es la temperatura corporal ideal para notar las sutilezas de las conversaciones de Holden Ford y Bill Tench con asesinos en serie. Un amigo mío que acaba de salir de la gripe -de la gripe también se sale- jura que se la pasó viendo “Big Bang Theory” y descubrió que es un drama. Otro, se enfrentó al capítulo de “The Crown” sobre la dimisión de Winston Churchill hasta el culo de dextrometorfano y acetilcisteína, y le sacó un parecido a Isabel II con Paquita Salas. ¿Acaso cuando me casé con Movistar+ no le juré fidelidad en la salud y en la enfermedad? Pues eso, renovemos los votos, especialmente los de la enfermedad.

Así que ando sin paraguas bajo la lluvia y, empapado, visito a mis amigos griposos. Se extrañan, pero más cuando me coloco bajo la onda expansiva de sus estornudos. Paso las manos por toda la habitación y después me muerdo las uñas. Pero nada. Aún nada. Ellos, identificándose con “The walking dead”, y yo, sin tiempo más que para ponerme al día en OT. Ni un dolorín de garganta. Ni unas decimucas a media tarde. En un par de semanas habrá pasado el pico de la epidemia y ya no tendré nada que hacer. Voy a empezar a dormir con el pelo mojado y la ventana abierta. Todo sea por ti, “Master of none”. Espérame, “Line of duty”.