24 marzo 2013

ELOGIO DE LOS GUIONISTAS

En algún momento nos confundimos y empezamos a pensar que los profesionales fundamentales de las series de televisión son los actores (“Daños y perjuicios”, Glenn Close; “House of Cards”, Kevin Spacey), los directores (“Twin Peaks”, David Lynch; Bryan Singer dirigió algunos capítulos de “House” y Martin Scorsese se ocupó del primero de “Boardwalk Empire”) o incluso los responsables de las cadenas de televisión (“Los Soprano”, HBO; “Los Tudor”, ShowTime). Y no es así. Ni de coña. Los responsables de que las series de televisión modernas se hayan convertido en uno de los grandes placeres que nos ofrece la vida son, por este orden, los guionistas, los guionistas y los guionistas. A continuación vienen los ayudantes de los guionistas. Y luego, a mucha distancia y en orden alfábetico, los actores, los directores, los iluminadores, los maquilladores, los productores, los técnicos y los zoquetes de los patrocinadores.

Viene esto a cuento porque esta semana falleció Henry Bromell, productor de televisión y autor de guiones de series de perfección asintótica como “Doctor en Alaska” o “Homeland”. Si hubieran muerto Claire Danes o Damien Lewis la noticia hubiera abierto todos los programas de variedades del planeta, pero la desaparición de uno de los airados dioses que sopló sobre las figuras de Joel Fleischmann o Carrie Mathison dotándoles a ellos de vida y a nosotros de ternura y valentía sólo ha sido recogida en columnas de páginas pares. Bromell formó parte de una élite escogidísima que está creando en la actualidad delante de nuestras narices la mitología más fascinante de la historia de la humanidad y, por tanto, los modelos en los que todos nos miramos para ser quienes somos. Los actores y los directores son pilares fundamentales de las grandes series, pero si nos metemos hasta los ácidos nucleicos más elementales del ADN de sus capítulos nos encontramos a un hombre sentado ante un ordenador escribiendo un diálogo entre Saul Berenson y Carrie Mathison. Uno de ellos era Bromell.

1 comentario:

Amarok dijo...

Completamente de acuerdo; el mundo del cine y la televisión es muy injusto con los auténticos creadores, los guionistas. No se les da el reconocimiento que realmente merecen a pesar de que forman el pilar básico de cualquiera de los productos que nos venden tales industrias. Por muy bueno que sea el director o muy bien que lo hagan los actores, si el guión es malo, la película (o serie) también (véase el caso de la horrible Prometheus...).