23/3/19

SERVIR Y PROTEGER


Juan José Cortés (número uno del PP por Huelva para las generales) e Isabel Díaz (número uno del PP por Madrid para las autonómicas) intercambian teléfonos. Un reportero de “Todo es mentira” (sobremesas de Cuatro) los aborda y bromea. Cortes explica que le falta ese número y se mete en un jardín rancio, maloliente y machista.
Un error de mi parte, porque no tener el teléfono de una belleza como esta...
Mientras habla, da un paso hacia ella, la abraza por el hombro, inclina la cabeza hacia la suya y sonríe buscando la complicidad de un reportero que está de suerte.
—¿Está ligando, señor Cortés?
Nooo… bueno, aunque…
A ella se le hiela la sonrisa. Aparta la mirada, da un paso atrás para alejarse de Cortés, y toma la palabra para terminar con la bromita. Con la mano izquierda aleja más a tan cortés correligionario mientras le da una lección.
No, no, no. Hay cosas mucho más importantes que nos unen. Dilo, sé político. A partir de aquí hay que ser muy político.
Él la parodia moviendo la mano en actitud profesoral.
Sí, sí, sí… correctamente político, je je.

Cuando Pablo Casado tenía 16 años, Ana Orantes se atrevió a dejar de esconderse y contó en Canal Sur las brutalidades que antes contó en el juzgado. Había sufrido las palizas y humillaciones de su marido durante cuarenta años, pero no había orden de alejamiento que la protegiera y debía vivir en una casa compartida con su agresor. Trece días después, él la roció con gasolina y la quemó viva en el jardín. Francisco Álvarez Cascos, vicepresidente del Gobierno, calificó el asesinato de “caso aislado obra de un excéntrico”. De vez en cuando, la tele la recuerda; últimamente porque le han dedicado alguna calle en pueblos justos y nobles. En una reciente entrevista, también Casado nos hace recordarla: “Es compatible la dureza extrema contra los maltratadores sin caer en esto que dice la izquierda de proteger más a las mujeres. ¿Qué hacemos, las escoltamos por la calle?”.

Señora Díaz, ¿qué tal acabar también con la bromita de Casado? Por ejemplo:
No, no, no. ¿De qué sirve que su marido fuera a la cárcel y muriera allí? Hay que proteger más a las mujeres. Dilo, sé político. A partir de aquí hay que ser muy político.

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