1/4/19

DISPAREN AL GUIONISTA


Pasan los días y nada. Ni un destierro, ni un boicot, ni una denuncia, ni una amenaza. Por no haber, no hay siquiera un insulto. Ya no digo una imprecación grandota y babosa como aquél “¡Marinconsón!” que disparó Fidel Castro al humorista que le gastó una broma telefónica hace unos años —cuando ni él ni la Revolución estaban para bromas—, es que no se oye ni la menor ofensa, ni un desprecio de trámite, testimonial, pequeñito. Desde la entrega de los primeros ALMA a los mejores guiones del año pasado solo hay un silencio que da vergüenza oírlo.

Es sorprendente tanta calma, porque hace casi una semana que el sindicato de guionistas entregó sus primeros premios; y, aunque entre los agasajados estaban los guionistas de “El Intermedio”, nadie ha dicho todavía esta ofensa es mía. Está muy bien que la gente a la que no le gustó “Fariña”, “Amar es para siempre” o “Arde Madrid” aceptaran deportivamente que sus guionistas recibieran los premios al mejor guion de serie dramática, serie diaria y serie de comedia respectivamente, pero, coño, es que entre los diecinueve guionistas de “El Intermedio” que recibieron el premio al mejor guion de programa está sin duda el (o la) sinvergüenza antipatriota que el pasado otoño tuvo la infame ocurrencia de que Dani Mateo simulara sonarse con la bandera de España.

¿No le hierve la sangre a nadie al saber que el (o la) guionista que parió tan ofensiva ofensa escapó de rositas mientras a Mateo le caía la del pulpo y ahora está recibiendo premios y aplausos? ¿No quedan patriotas en nuestra patria? ¿Nadie defiende España porque ya solo queremos España para llenarnos la boca de España cuando decimos “España”? ¿No hay ninguna asociación de fanáticos ociosos dispuesta a causarnos el sonrojo de vivir en un país que se preocupa más de vigilar a quienes nos hacen reír que a quienes nos roban? ¿O es que el desprecio al nobilísimo oficio de guionista llega a tal punto que incluso desprecian otorgarle su desprecio? Por favor, no disparen tanto al pianista y disparen si quiera un poquito al guionista. ¡Qué iba a ser de nuestra tele, de nuestras vidas y de nosotros mismos sin guiones!

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