7/4/19

¡MUERTE A LA EUTANASIA!



Demos a la eutanasia una muerte digna. Tanto hablar de ella en la tele no está bien. Callemos la boca, cambiemos de tema, guardemos silencio. Ni pensemos en ella, mejor así. ¿No hay alguna polémica abierta en Telecinco sobre lo mucho que sufre Paquirrín en “GH Dúo”? ¿No es más entretenido hablar de que hay quien no le comprende (y el chiquillo se enfada), hay quien no le apoya (y el niño se irrita), y el mundo en general no se acomoda a sus caprichos (y el crío se enfurece)? Pues ocupémonos de eso. A divertirse, ¡esto es televisión!

¿A qué tanto debate de la eutanasia en la tele? La tele es alegría, que lo manda el capitán. La tele es entretenimiento, que lo dice Jorge Javier Vázquez. Dejemos la eutanasia morir en silencio a un lado. Que muera por falta de pensamiento, por ausencia de palabra, por omisión. Lo que no puede ser es que cada dos por tres un caso terrible de desesperación, de vida prolongada más allá de lo que se quiere vivir, salte a la tele solo porque hay que rellenar horas de programación.

Fue mala suerte que un periodista de Cuatro (de cuando la cadena tenía informativos y emitía “Noticias Cuatro”) conociera el caso de María José Carrasco tan de cerca que incluso el marido le llamó tras aplicar la eutanasia a su esposa. Ya está la tele metiendo las narices. Y como Ana Rosa Quintana le dio bola en Telecinco, la caprichosa Susanna Griso no quiso quedarse atrás y entrevistó al marido. Peor aún: Griso metió la pata preguntándole si quería incidir en la campaña electoral y en el debate político. Ay, Grisete, Grisete, si no sabes entrevistar, pa’ qué te metes.

Resumiendo: nada de eutanasia, de dignidad humana, de soberanía personal. ¡A ver si ahora la tele va hacernos creer que nuestra vida es nuestra! La eutanasia es una aberración, un delito, un pecado que no se debe alimentar para que muera de inanición. Menos mal que llega la Semana Santa y la tele va a repetirnos a todas horas lo importante que es la resignación, aceptar el dolor y el sufrimiento, esperar la muerte como Dios manda.

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