29/9/19

ÍÑIGO, ÍKER, JOSÉ Y AMANDA


Si quedas quieto, no sales en la tele; y si te mueves, no sales en la foto. Qué estrés. Los políticos no se mueven para salir en la foto que retocarán sus asesores de imagen para los carteles electorales. Pero solo un ratito. El resto del tiempo se mueven para salir en la tele. Todo vale, incluidas las carambolas. Íñigo Errejón tuvo una estupenda: en “Al rojo vivo” la cámara lo cazó mordiendo distraído la tapa de un boli que sin querer salió volando. Los memes multiplicaron a coste cero la cara que puso de niño pillado en una trastada. A ver qué hacen ahora sus oponentes para contrarrestar esta involuntaria jugada maestra.

A Íker Jiménez, más acostumbrado a salir en la tele desde hace lustros, lo que le mola es salir en la foto. En “Cuarto Milenio” es un pupas que siempre está quejándose de que no se valora su trabajo, pero aquí se le ve ufano y más estirado que una espindarga. Con él feliz en el centro de la foto y lo que queda de los informativos de Cuatro por los rincones, se retrata él y se retrata la cadena.

Quien no se estuvo quieto para poder salir en la tele fue José Ortega Cano. Hace unos cuantos días se tomó la molestia de ir, ojalá no condujera él, a casa de Bertín Osborne para lavar su imagen. Allí pudo enseñar su pulsera con una bandera de España inconstitucional que no tiene la franja amarilla de doble ancho que las rojas. Además, cabreó a la familia de Carlos Parra y a todos los españoles: otra vez sostuvo, contra sentencia judicial firme, que el choque en el que mató a Parra se debió a un “vahído” y no a la conducción temeraria, el exceso de velocidad y el consumo de alcohol que acreditaron en el juicio los camareros que sirvieron, un rato antes del siniestro, un whisky con cola en copa de balón al diestro siniestro.

Y en la cima, Amanda, la niña que “Audiencia abierta” entrevistó cuando Letizia Ortiz fue a su pueblo a inaugurar el curso escolar. Apenas moviéndose un poquito, salió en la tele y en la foto:
—¿Qué te ha parecido la reina?
—Bien.
—¿Simpática?
—No.
No pasa nada. Cuando tenga edad de votar, ya nadie le preguntará nada.

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