11/9/19

TRES SEGUNDOS CONTRA ROCKY


La película “Tres segundos” (Cuatro, FDF) es el contrapunto perfecto a los partidos del Mundial de Baloncesto (Cuatro) y un toque de atención a la selección de los Estados Unidos, gran favorita al título. En “Tres segundos” asistimos a la reconstrucción de la formidable victoria de la selección de la Unión Soviética ante Estados Unidos en la final de baloncesto de los Juegos Olímpicos de 1972, y el título hace referencia a los famosos tres segundos finales del partido, que tuvieron que repetirse dos veces (la primera por un fallo en el reloj y la segunda porque los jueces no atendieron un tiempo muerto pedido correctamente por los soviéticos). Los estadounidenses se negaron a reconocer la victoria soviética y no acudieron a recoger la medalla de plata. Pero perdieron. Era imposible, pero perdieron. Por un solo punto.

“Tres segundos” es una producción rusa con cierto tufillo antisoviético, un dudoso gusto por el melodrama (las enfermedades del hijo del seleccionador soviético y de uno de los jugadores), un empeño fuera de lugar en la invención de tramas absurdas (el nacionalista lituano Modestas Paulauskas intentado desertar) y, sobre todo, un ejemplo de libro de cómo conseguir que los espectadores nos pongamos de parte de los “buenos” y en contra de los “malos”. Y, en este caso, los “malos” son los estadounidenses y los “buenos” son los soviéticos. Los jugadores estadounidenses son arrogantes, violentos, maleducados y malos perdedores; su seleccionador es prepotente y más preocupado por su carrera que por sus jugadores; y el público estadounidense que asiste en directo al partido es zafio, con una manera ridícula de animar a los suyos y patético en la derrota. Los jugadores soviéticos, en cambio, son solidarios, amables, elegantes, humildes y sufren con estoicismo eslavo el juego duro y antideportivo de sus rivales; el entrenador soviético es perfecto en todo, desde sus sistemas de juego al trato a los jugadores pasando por una ética a prueba de zancadillas y malos rollos; y los aficionados soviéticos parecen recién salidos de una clase de Kant. La película es entretenida y muy emocionante, pero con otro punto de vista y otra producción  podría haberse convertido en la versión baloncestística de “Rocky IV”, esa peli en la que Rocky Balboa es el americano bueno e Iván Drago es el comunista malo.

Dadme una producción como punto de apoyo y moveré el mundo en tres segundos. No lo olvidemos.

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