28/9/19

PARAGUAYO


Corremos el peligro de que lo que acabe con el heteropatriarcado sea el autopatriarcado. No sé en qué consistirá, pero sí que tendrá que ver con el tiránico yo, yo, yo y yo. Nos podemos hacer una idea viendo otros “autos” que circulan por ahí y van como locos: autorrespeto, autodignidad, autosuperación, autovaloración, autorrealización, autoreconocimiento, autoaceptación y, sobre todo y por encima de todo, autoestima. En realidad da igual de qué auto se trate, y da igual qué palabra le pongamos en el remolque, lo importante es que auto y remolque sirvan para transportar el ego.

“First dates”, en Cuatro, es un buen ejemplo. Nos dicen que es un programa de citas porque los participantes cenan en pareja, pero solo se trata de un yo frente a otro yo. Los comensales no van a buscar a otra persona porque la única persona que les importa son ellos mismos. No buscan un tú, exhiben un yo encantado de conocerse y de que lo conozcan. “Yo soy un narcisista redomado, vivo encantado de conocerme y enamorado de mí mismo”, dijo Yeray para impresionar a Nerea. “Me considero un chico atractivo. Yo saldría conmigo mismo”, dijo Daniel para deslumbrar a Nacho. A veces el yo está a flor de piel: este es mi tatuaje con la cara de Íker Jiménez y este es el mío con la de Frank de la Jungla, lucían Óscar y Leonel con orgullo de ser quienes son. Si esa es la medida del yo, Eliezer lo tiene más grande: “Tengo 426 tatuajes, tengo una Hello Kitty tatuada en mis partes íntimas y un pene con alas y turbopropulsores en la cabeza”. A veces el yo es algo más íntimo: “Mi espiritualidad viene de mi abuela que ha estudiado y ve cosas. A mí me encanta averiguar lo que hay más allá y he tenido bastantes experiencias con seres y con cosas astrales”, exhibía Lara. O, siendo algo íntimo, lo es de otra manera: “Yo riego mis plantas con mi menstruación”, epataba Almudena.

La autoestima es el lastre de “First dates”. Nunca veremos en él a un pretendiente tan generoso y desprendido como aquel que contaban Tip y Coll:
—Soy paraguayo y vengo a pedir la mano de su hija para hacerla feliz.
—¿Para qué?
—Paraguayo.

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