22/2/20

JOSEMA YUSTE ME PEGA


Llenemos los teatros donde actúe Josema Yuste, ex “Martes y Trece”, para que deje de ir a la tele a promocionarse. Cuando lo hace, la lía. Desbarró criticando el gag de la bandera de Dani Mateo por ser un paria sin gracia ni talento que ofendía a millones de personas, contestando a Cristina Pardo “Yo ni soy machista ni soy feminista, soy persona”, y ahora largando esta perla en “LaSexta Noche”: “Hay programas de televisión, ahora mismo, de mujeres que van, provocando no, lo siguiente, ¡y nadie dice nada!”.

Quien provoca (“pro-vocare”: llamar hacia adelante, llamar para hacer salir, estimular) llama. Puede llamar adrede, como hace la publicidad; o sin intención, como la fruta roja que avisa de su madurez. En todo caso, es la persona que recibe la provocación la responsable de la respuesta que da a la llamada. Quien viola a una mujer o un menor es un violador. La responsabilidad de la violación nunca recae en la víctima. Solo añade bajeza moral a su delito el violador que intenta disculparse diciendo que las víctimas van provocando porque van sin burka, andan solas por la calle o llevan minifalda. También quien suscribe aquellas alucinantes declaraciones del obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, a “La Opinión de Tenerife”, que para intentar salir de este jardín: “El fenómeno de la homosexualidad es algo que perjudica a las personas y a la sociedad. A la larga pagaremos las consecuencias como las han pagado otras civilizaciones. Los valores de la feminidad y la masculinidad debemos inculcarlos en los niños. No hay que confundir la homosexualidad como necesidad existencial de una persona, con la que es practicada como vicio. La persona la practica como puede practicar el abuso de menores”, soltó esta barbaridad: “Puede haber menores que consientan, y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan”.

Es triste que un señor que es historia del humor y la tele en España, tenga que andar provocando para llevar gente al teatro. Llenémoslo a ver si así deja de provocar, pero hagámoslo sabiendo que la decisión, la conducta y la responsabilidad de haber ido es nuestra.

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