24/2/18

¡CHUNDA, CHUNDA; TACHUNDA, CHUNDA, CHUNDA!


Pretendiendo ser divertido, “El hormiguero” no siempre acaba siendo infantil. Invitado, Jordi Évole: “Hoy, que era un día como para felicitar a esos pensionistas que nos han vuelto a dar una lección (porque ya salieron a la calle en los años 70 y 80 permitiendo a nuestra generación tener un bienestar que ahora vemos cómo va hacia atrás), no he visto en todo el día ni un ‘tuit’ de Rivera ni de Rajoy, y el día de Marta Sánchez perdían el culo por decir "qué bonito, el himno". Que me parece muy bien que se ponga letra al himno, y que la ponga Marta Sánchez, todo mi respeto a Marta Sánchez, pero, hombre, lecciones de patriotismo cuando estás viviendo en Miami, no”.

Évole se queda corto. No estamos de acuerdo en si hay que ponerle letra al himno, como para consensuar el contenido. Pero si de “himnovar” se trata, inspirémonos en las “Añoralgias” que Les Luthiers sienten por su pueblito: “Los hambrientos lobos aullando estremecen cuando son mordidos por fieros mosquitos, no se puede dormir por los gritos de miles de buitres que el cielo oscurecen; siempre algún terremoto aparece, y al atardecer llueven meteoritos”. O formemos una Comisión de Mantenimiento y Actualización Permanente de la Canción Patria (la CMAPCP) que encargue al Maestro Mangiacaprini lindas estrofas patrióticas como esta: “Hoy es futuro y es pasado, hoy es el antes y el después; hoy es libre nuestra patria, hoy es... hoy es... ¡Oh, yes!”. ¿Queda? ¡Queda!

Es arbitrario nombrar letrista a Marta Sánchez porque sí sin recordar a Leonardo Dantés en “El intermedio” (“Viva, viva, el buen rollo entre la gente, que es algo genial, debemos procurar”) o sin oír a María Lapiedra en “Cazamariposas” (que va de “Tengo un sueño, vivir en paz sin miedo y con libertad de hablar y de pensar” a “y la corrupción directa a prisión”).

Sospecho que los sanchistas aspiran a la idiocia de la hipnopedia de “Un mundo feliz” a través de la himnopedia. No lo digo por falta de patriotismo: es que nuestra patria descansa sobre los cimientos críticos de los abuelitos griegos, que nos dejaron muy pequeñas tragaderas. Un himno debe incluir a todos no excluyendo a nadie. Quienes quieren letra en el himno que dejen que la pongamos los que no la queremos. Si no, sigamos con “Chunda, chunda; tachunda, chunda, chunda”, la letra que, de hecho, alcanza mayor consenso.

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