28/8/18

SYMPLOKÉ

Darren Aronofski seguramente no lo sabe, pero su ab-so-lu-ta-men-te ma-ra-vi-llo-sa serie documental “One strange rock” (aquí, quién sabe por qué, “Nuestro planeta”, National Geographic) debería haberse llamado “Symploké”. Al menos, el verdadero tema del que trata esta obra es la symploké platónica, la idea de que en el cosmos unas cosas tienen que ver con otras, ni de forma caótica, ni de forma aislada, formando una red ni continua y homogénea, ni dispersa y desmembrada. “One strange rock” no trata sobre geología, ni astronomía, ni biología, sino sobre las relaciones entre la Tierra, el espacio exterior y los seres vivos en un planeta que, desde los ojos de un astronauta, se ve como un todo, aunque no como una unidad.

Vean “One strange rock”, háganme caso. Pertenece a la estirpe de las grandísimas series documentales que se van a estar revisando durante los próximos años. Juega en la misma liga, y sólo pierde por poco ante “Cosmos” o “Planet Earth”. ¿Qué tiene que ver el sexo con que los efemerópteros no tengan aparato digestivo? Los vientos del norte de África transportan polvo mineral hasta la selva amazónica, lo que cambia la vegetación y las corrientes atmosféricas de esa parte de Sudamérica, repercutiendo en la composición del hielo del Polo Norte. ¿Conoce la relación entre las tormentas solares, el nitrógeno de los cadáveres de los salmones y las fumarolas sulfurosas de las fosas submarinas abisales?

Con su concepto de “symploké”, Platón entiende que el conocimiento sólo es posible en un mundo en el que ni todo está aislado respecto de todo, ni todo está relacionado con todo. Es la idea que vertebra la serie de Aronofski conducida por Will Smith -¡el príncipe debe leer!-. “One strange rock” no trata sobre cosas, sino sobre relaciones entre cosas. Ya contábamos con grandes series documentales sobre física o zoología. Por fin, gracias a National Geographic, contamos ahora con la primera gran serie documental sobre, -atrevámonos a decirlo-, filosofía.

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