16/8/18

DIOS DISTINGUIRÁ A LOS SUYOS

No se sabe con seguridad si la historia es cierta, pero es una cita tan difundida que ya su veracidad sólo es un asunto secundario. En 1209 las tropas del papa Inocencio III están asediando Bèziers en una cruzada contra los herejes cátaros que el pontífice se había tomado como algo personal. Finalmente la plaza cae, y los católicos entran en el sitio dispuestos a cepillarse sin demasiados miramientos a tales infieles a la auténtica fe. Pero hay un problema: en Bèziers viven tanto cátaros como católicos romanos, ¿cómo saber a quién ajusticiar y a quién salvar? Se pregunta esta cuestión a Arnaud Amaury, monje cisterciense legado del Papa, en cuyo currículum figura haber sido abad del monasterio de Poblet. Amaury tiene claro el procedimiento: “Matadlos a todos, Dios distinguirá a los suyos”.

Defiendo los métodos de Amaury en lo que se refiere a la televisión veraniega: matadla entera, acabad con todos los programas; si alguno bueno hubiere ya lo distinguirá el Dios de las televisiones posteriormente. Hemos asediado con toda nuestra potencia bélica de críticos televisivos (pfffff…) la plaza hereje de la televisión de julio y agosto, y ahora que ha caído no nos podemos andar con miramientos. Pasemos por el cuchillo toooodas las reposiciones. A la hoguera toooodas las películas de relleno para cubrir noches muertas. Fusilemos toooodos los programas con ediciones “de verano” a cargo de presentadores que cubren las espaldas de estrellas que se han ido de vacaciones. Arrojemos desde lo alto de las murallas tras haber volcado sobre ellos aceite hirviendo a toooodas las noticias mínimas con las que los informativos están disimulando que no tienen nada que contar.

“Matadlos a todos, Dios distinguirá a los suyos”. Incluso las propias críticas televisivas: quemadlas todas en la misma pira en la que arden los programas. Dios va a tener un trabajo muy escaso: nunca se van a salvar tan pocos de un juicio tan numeroso.

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