24 noviembre 2015

FIESTA DE LOS MANIQUÍES


Me gusta el anuncio de la lotería de Navidad de este año. Tanto, que también me ha hecho apreciar el del año pasado. Tanto, que me ha ganado para su causa. Tanto que voy a cambiar mi arisca actitud hacia la lotería de Navidad.

Los anuncios de años anteriores sí que eran malos. La Caballé dando miedo y el calvo aquél dando pena no invitaban a participar en la fiesta de la lotería. Pero este año el muñequín de Justino sí que lo hace. Anima a uno a involucrarse en el sorteo porque la historia que cuenta llega al alma. El tío anda por ahí, a su bola, haciendo lo que le sale de las narices, jugando con los materiales de la fábrica en la que trabaja, desordenándolo todo, pasándose las medidas de seguridad en el trabajo por el forro, no haciendo ni puñetero caso al ofrecimiento de los compañeros de trabajo para que se rasque el bolsillo y participe con todos en la compra de lotería. Sin embargo, cuando se produce el sorteo se encuentra con que no solo no le despiden por inconsciente ni se queda sin amigos por insolidario, sino que han puesto el dinerito por él para comprarle un décimo y encima se lo regalan cuando ya saben que está premiado. Un chollo.

Pues me apunto. Ya que el mayor premio es compartirlo, me comprometo a no gastar un euro en lotería de Navidad, a no comprar el mismo número al que jueguen mis compañeros, amigos, conocidos, familiares y vecinos con el noble fin de hacerles felices a todos permitiendo que sean ellos los que paguen la lotería y me la vayan regalando según va tocando. Espero, ya puestos, que estrenen pronto el anuncio de las burbujas Freixenet de este año y también enseñen la ilusión de compartir para poder beber cava con todo el mundo y sigan pagando los demás.

Este año sí que tengo ganas de que llegue la turra del sorteo. Me voy a hacer tiempo al trabajo a ver si encuentro por algún rincón unos cuantos muñecos con los que entretenerme jugando a la fiesta de los maniquíes.