12 noviembre 2015

DESCONEXIÓN DE LA DESCONEXIÓN


Un viejo chiste cuenta que un visitante pasea por un manicomio en compañía de su director. Al llegar a una sala, el visitante observa a un grupo de internos sentados en círculo. Uno de ellos dice un número (¡el siete!) y todos los locos ríen. Después otro de ellos dice otro número (¡el dos!) y vuelven a reír. Tras varios números y varias risas, el visitante extrañado pregunta al director, y éste le explica que los internos se saben todos los chistes tan de memoria que les han puesto un número a cada uno, de forma que en vez de contarlos enteros basta con referirse a ellos con dicho número para que hagan su efecto humorístico.

No estoy queriendo decir (bueno, sí) que la psicosis independentista haya convertido España en un manicomio, ni estoy queriendo decir (bueno, sí) que la mayoría de los argumentos que escuchamos alrededor del problema catalán sean chistes. Lo que digo es que el nivel ad nauseam de repetición verbal de los contertulios televisivos en una u otra dirección sobre este asunto es tan asfixiante que ya estaríamos en condiciones de numerar la lista de argumentos a favor y en contra, y hacer programas debate en donde los participantes se limiten a decir los números de las ideas que quieren oponer.

“El cuatro”, diría Xavier Sardá en “La sexta noche”, y Miriam Nogueras le replicaría de inmediato “el diez”. Íñigo Errejón pediría la palabra para decir “el nueve, el siete y el o...”, pero no podría terminar porque Eduardo Inda le interrumpiría diciendo “el tres, esto es un tres clarísimo”. Errejón subrayaría “¡el uno!” (“el uno” es “déjame terminar, yo no te he interrumpido, no te pongas nervioso”). Y así las cinco horas de “La sexta noche” se convertirían en quince minutos, las dos horas diarias de “Al rojo vivo” pasarían a ser ocho minutos y la parte de debate de “Más vale tarde” duraría unos cuarenta y cinco segundos, ahorrándonos a los espectadores unas catorce horas semanales para que podamos desconectar de la desconexión y disfrutar como internacionalistas de, por ejemplo, la segunda temporada de “The Knick”.

(Nota: al final del chiste el visitante se acerca al corro de locos y dice “¡el cinco!”. Nadie ríe. El director se lo aclara: “es que usted los cuenta sin gracia”. Nuestro visitante sería Marhuenda).

1 comentario:

Angel Trabanco dijo...

Sobre todo y casualmente es el cinco el que no tiene gracia...