21 noviembre 2015

LEER A LORCA DURANTE "ZAPEANDO"



Se puede ver la primera parte de “El intermedio” en Oviedo y la segunda en Gijón sin saltarse las normas de circulación. O en Vigo y en Pontevedra. O en Tordesillas y en Valladolid. Las pausas publicitarias dobles con las que pretende engañarnos Atresmedia abren un fascinante abanico de posibilidades a sus espectadores. Es sabido que programas como “Zapeando”, “Más vale tarde” o “Espejo público” avisan de una pausa de seis o siete minutos, tras la que emiten unos pocos segundos de programa y de nuevo otros seis o siete minutos de anuncios. Aunque fingen hacer interrupciones más cortas, todo el follón viene a ocupar unos quince minutos. La legislación española permite conducir por autopista a 120 kilómetros por hora, es decir, dos kilómetros por minuto. Se puede ver a Wyoming dar paso a la publicidad en Torrelavega, coger el coche, llegar a Santander y verle saludar al público tras el intermedio de “El intermedio”.

Se puede ver a Mamen Mendizábal en “Más vale tarde” dar paso a la publicidad, ir a la cocina, cocer unos huevos duros, darte cuenta de que has cocido pocos, cocer otra tanda de huevos, y volver a la salita antes de que recomience el espacio. Jamie Oliver, afamado cocinero televisivo, tiene unos preciosos vídeos en youtube dedicados a platos que se pueden preparar en quince minutos. Si lo de las dos rondas de huevos cocidos no parece un buen plan, sépase que se puede ir a la cocina un sábado por la noche y cocinar un pollo crujiente con gratinado de papa entre la mentira que contará Eduardo Inda justo antes de la pausa publicitaria en “La sexta noche” y la mentira que contará Eduardo Inda justo después de la pausa publicitaria en “La sexta noche”.

Y eso que no hablamos de los libros que da tiempo a leer, -muchos cuentos de Benedetti-, los discos que da tiempo a escuchar -la cuarta cara del “Blonde on blonde” de Dylan-, o las pelis que se pueden disfrutar -cualquiera de los diecinueve cortos que Buster Keaton rodó entre 1920 y 1923-. Atresmedia nos cree tontos y nosotros lo aprovechamos para viajar, cocinar o leer el “Poema del cante jondo” de Federico García Lorca.