08 noviembre 2015

SEMIENANO AMADOR MOHEDANO


Fabricados en las propias granjas-criadero de Mediaset, sus trabajadores y colaboradores son especialmente diseñados para encajar en sus cadenas de montajes como las piezas de un engranaje perfectamente ajustado. Eso garantiza que el negocio nunca se detiene. La empresa no padece desabastecimiento de mano de obra ni se sufre la huida de personal a la competencia, en cuyo modelo televisivo resultaría inservible. Su provechoso proceso de producción perfecciona aquel en el que Aldous Huxley fabricaba los felices, eficientes y sumisos trabajadores semienanos Épsilon menos de “Un mundo feliz”. El procedimiento es sencillo, barato y viceversa.

Una vez fecundados por el consumo frecuente de telebasura en Telecinco, los candidatos son introducidos en diferentes programas incubadora y se les somete al método Vasile. Allí crecen sumergidos en un nutritivo caldo de cultivo enriquecido con gritos, polémicas, líos familiares, amenazas, alianzas, insultos, denuncias, reconciliaciones, hormonas desbocadas y operaciones de cirugía estética. Al final del proceso, los laboratorios de rentabilidad evalúan los índices de audiencia resultantes. Un análisis matemático favorable de las curvas de rendimiento les proporciona su primer contrato serio. Su posterior vida laboral irá dependiendo de los mismos parámetros.

Disponer de sus propias granjas-criadero evita la conflictividad laboral porque cualquier pieza puede ser sustituida por otra sin que el sistema se resienta. Amador Mohedano, Rosa Benito y el último mono del penúltimo “Gran hermano” pueden enfadarse con Mediaset y marchar si quieren, pero no tienen donde ir a trabajar o a contar su vida denunciando lo mal que han sido tratados (que para ellos es lo mismo). Fuera de la cadena amiga hace mucho frío. Su único camino es volver, sumisos y felices, al útero materno en un especial “Sálvame deluxe”. Si su rendimiento es bueno, siempre se puede negociar un nuevo contrato que permita seguir fabricando soma barato para emitir en abierto.