02 noviembre 2015

LA GRAVEDAD DE LA LEY Y LA LEY DE LA GRAVEDAD

Unas cosas dan vueltas alrededor de otras. Es la primera ley fundamental del universo y la principal lección que nos enseña “Gravity” (ayer domingo noche en Antena 3). La segunda ley fundamental del universo -y la segunda lección que nos enseña “Gravity”- es que la existencia es un gigantesco plano secuencia sin cortes de cámara. El plano secuencia con el que comienza la bellísima película de Alfonso Cuarón dura diecisiete minutos y el plano secuencia de la vida media de los que están leyendo estas líneas durará unos ochenta años sin ninguna interrupción, ni siquiera cortes publicitarios como los que Antena 3 nos ofreció ayer durante “Gravity” para aclararnos que George Clooney no se perdió en las inmensidades del espacio, sino que bajó a una villa de la Toscana para degustar un nespresso -what else?-.

Pero volvamos a la primera ley. Sandra Bullock orbita alrededor de su estación espacial, su estación espacial orbita alrededor de la Tierra, y todo en la Tierra orbita alrededor de la independencia catalana. Bastó ver los cinco “Al rojo vivo” de la semana pasada o el “La sexta noche” del sábado para darse cuenta. No se habló de otra cosa. Diputados de la CUP describen órbitas elípticas, chocan contra unas cuentas secretas de Pujol y un montón de residuos ideológicos, financieros, textiles, salen disparados trazando las parábolas que describiría la ley de la gravedad. Antonio García Ferreras e Iñaki López comprueban el cordón umbilical que les asegura a laSexta y el oxígeno que les queda, mientras ellos mismos giran también alrededor de la audiencia y los cortes publicitarios dobles.

La palabra televisiva de la semana pasada ha sido “gravedad”. Y el mayor temor de todo el mundo era que se incumpliera la ley. Por eso fue alegórico ver ayer a Sandra Bullock dando vueltas durante hora y media en cumplimiento de las leyes de la Física que nos hemos dado entre todos. Cuarón habla de la ley de la gravedad y Paco Marhuenda habla de la gravedad de la ley. En su tumba de Westminster, Newton recordó aquella tarde en que le cayó una manzana en la cabeza y descubrió la Constitución Española.