20 noviembre 2015

ELLOS Y NOSOTROS


Este es Juan Alberto González en la tele de 2011: “25 años. Ingeniero industrial. Almería. 3 años en Marsella”. Todo cambia cuatro años después de que en “Españoles por el mundo” nos mostrara cómo era su ciudad adoptiva y cómo vivía en el país extraño al que había ido a construir su vida (como tantos jóvenes, tantos españoles, tantos seres humanos). En 2015, la tele nos paraliza diciendo que González es uno de los asesinados en los atentados de París.

Circulan recopilaciones de meteduras de pata cometidas en televisión y en Twitter tras los atentados. La tele obliga a trabajar rápido y se cometen errores, vale, pero quien acepta someterse a la inmediatez de Twitter lo hace porque quiere. Esto tuiteó Arturo Pérez-Reverte: “Interesante, el deseo de vivir del ser humano. ¿Y si los centenares de la discoteca se hubieran abalanzado sobre los del Kalashnikov...?”. “¿Imaginan cuánto duraría un terrorista europeo con un arma en una mezquita siria a la hora de la oración? Ni a recargar, le daría tiempo”. “La gran diferencia es ésa, supongo. Su fuerza: saber que un millar de europeos jamás se lanzarán en masa contra un Kalashnikov”. “Somos víctimas de nuestra falta de memoria, nuestra comodidad y nuestra propia estupidez. Somos bobos. Nos creíamos a salvo en Disneylandia”. Abrumador.

Entonces, ¿quiénes son “ellos” y quiénes “nosotros”? En “Españoles por el mundo”, González era “nosotros”, y Francia, “ellos”. Tras los atentados, todos somos “nosotros”. Aunque no por ser europeos. Pero es que tampoco los sirios a la hora de la oración son “ellos”. Aunque sean asiáticos. Un inmigrante sirio en Francia es tan “nosotros” como lo es el inmigrante español González. Y un terrorista europeo con ocho apellidos franceses es “ellos”. Si en Siria estalla una bomba no hay miles que se abalancen en masa sobre ella. No existe “la gran diferencia”. Huyen buscando refugio como hacemos nosotros. Eso no es ser estúpido, bobo, comodón o desmemoriado. Si ante la barbarie buscamos refugio, demos refugio y ampliemos Disneylandia.