10 mayo 2016

¡VIVA "PODER CANIJO"!


Venga, venga, rapidito. Vamos a felicitar urgentemente a TVE por su nuevo programa “Poder canijo” para que nazca con bien. “Poder canijo” es un programa estupendo, tiene un planteamiento maravilloso y persigue un objetivo loable (Vaya. He ahí el poder de los monólogos televisivos: ¿hay alguien que, tras leer “loable”, no haya pensado automáticamente en el “lo hable quien lo hable” de Luis Piedrahita?). Lo único que le falta a “Poder canijo” para ser perfecto es realizarse, emitirse, existir. Pues ánimo, a ello.

Hay programas en TVE que a priori no son ni buenos ni malos. Será después de su emisión y rodaje cuando podremos saber si son buenos (es el caso de una serie como “El ministerio del tiempo”) o malos (es el caso de un magacín como “La mañana” de Mariló Montero). Hay otros que antes de ser emitidos ya son buenos o malos. Ya era malo “En la tuya o en la mía” antes de su estreno, sabiendo que iba a ser un frívolo programa de entrevistas en el que el periodista cualificado sería sustituido por un señorito campechano como Bertín Osborne intentando hacer de la necesidad virtud, y las entrevistas serían sustituidas por unos compadreos de vergüenza ajena. Del mismo modo, ya es bueno “Poder canijo” antes de su estreno, sabiendo que va a ser un programa familiar en el que los padres podrán ver en la tele junto a sus hijos cómo unos señores no compiten a ver quiénes son los mejores haciendo algo tan importante para su futuro como cocinar un “León come gamba”, sino quiénes son los profes mejores y más innovadores en su trabajo. ¿Se gasta el Estado una pasta en ofrecer a sus ciudadanos un costoso y beneficioso sistema educativo? Bienvenido sea un programa en el que la tele pública y los servicios públicos que nos damos entre todos coinciden buscando lo mismo.

Ahora solo hace falta que “Poder canijo” se realice y se remate como se merece una buena idea y como nos merecemos quienes lo pagamos. Ah, y puestos a pedir, que vuelva ya “Órbita Laika”. Un buen programa echado a perder por culpa de algún listo que ha decidido dejarlo morir.