10/3/17

LA ARBITRARIEDAD DE LA CARIDAD


Tras el “Caso Nadia”, el “Caso Paco Sanz”. Lo destapó anteayer “Espejo público” (mañanas de Antena 3). Ya saben cómo va esto: es una enfermedad rara pero me tocó, no dan esperanzas pero no me rindo, hay un tratamiento experimental pero no hay garantías, hay que ser positivos pero esto es duro, no hay que rendirse pero solo no puedo, hay que ir a Estados Unidos pero es muy caro, os agradezco el apoyo pero más el dinero. La primera palabra es enfermedad. La última, dinero. En medio, una campaña mediática en la que la tele sirve de caja de resonancia y los famosos son víctimas que abren la puerta a más víctimas aun.

Risto Mejide fue una de ellas. Y, por supuesto, como a todos los engañados, no hay nada que reprocharles. Pero sí deberíamos aprender algo. No parece prudente dejar la asistencia a los necesitados fuera de la protección social del Estado y en manos de campañas sin control externo ni supervisión oficial ninguna. No parece que la manera en que la sociedad deba enfrentar estas situaciones sea confiar en lo bien que los afectados den pena en pantalla, en lo eficaces que sean inspirando compasión y en lo hábiles que resulten haciendo sentirse mal a quienes nos encontramos bien. ¿Se acuerdan de cuando, hace un par de años, Toñi Moreno mostraba en “Entre todos” (La 1) aquella retahíla de desdichas que cada tarde competían a ver quién conseguía más llamadas y más limosnas?

Dos meses después de Nadia y un mes antes de Paco Sanz, Mejide fue muy crítico en “Chester in love” con el presidente de la asociación “Europa Laica”. Ya lo contamos. Antonio Gómez pidió que los servicios sociales del Estado hicieran su trabajo y no delegaran en la caridad. Risto le paró los pies porque en el Estado hay mucha corrupción. No, Risto. Si hubiera corrupción policial, la solución no sería disolver ni privatizar, sino mejorar la policía. Si hubiera corrupción en los servicios sociales, la solución no sería la privatización o la caridad, sino mejorar los servicios sociales. Ya lo vemos: la caridad, y más llevada por impulsos, es más arriesgada, menos justa, más arbitraria.