16/3/17

LA MIERDA Y "GH VIP"


I. Hasta ahora, cada vez que nos referíamos a “la mierda de ‘GH VIP’”, utilizábamos la voz “mierda” en un sentido amplio, más cercano a las últimas acepciones que recoge la RAE que a las primeras. Ya no. Aída Nízar se ha encargado de dar una literalidad a dicha expresión que obliga a los críticos a buscar nuevos circunloquios para referirnos al programa de Mediaset. No sé lo que ocurrirá en la gala de hoy. No sé si se descubrirá que todo era mentira o si Jordi González también defecará en medio del plató. Lo que ya es indiscutible es que “GH VIP” es una auténtica mierda, sensu lato y sensu stricto, y sus espectadores son unos auténticos coprófagos.

II. En español pocas homonimias son tan chocantes como la referida a la palabra “escatología”. Dos derivaciones etimológicas independientes han confluido en esa misma grafía, significando, por un lado, el estudio teológico de las realidades últimas de la humanidad y el universo -a través de έσχατος: último-; y, por otro, la parte de la fisiología dedicada al estudio de los excrementos -a través de σκατό: caquitas-. Quizá alguno de ustedes haya visto titulares en donde se afirma que “GH VIP” ha dado un giro escatológico y se hayan ilusionado pensando que había entrado como nuevo concursante un very important teólogo, o que habían sorprendido a Aylén y Elettra discutiendo como perras sobre el preterismo dispensacionalista… No, no, nada de eso: los titulares de la prensa se refieren al contenido de los intestinos de Aída Nízar, que, aunque a ella le cueste creerlo, no tienen una conexión directa con la divinidad.

III. Una vieja leyenda ancestral cuenta que las diosas de la televisión reuniéronse para convivir una temporada en una casa situada en Guadalix de la Sierra. Dos de ellas afanáronse en gastar una broma a otra, y la diosa de la televisión embromada, orgullosa y resentida, colocose en cuclillas sobre el suelo del cuarto de baño y defecó una cadena de televisión, a la que puso por nombre Telecinco. En antiguos bajorrelieves sumerios se recoge la escena, y se pueden apreciar con nitidez, embadurnados entre las heces, los rostros de Jordi González y Sandra Barneda.