18/4/17

CÁRDENAS Y EL PRINCIPIO DE RICO

El principio de Hanlon asegura que no hay que atribuir a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez. No estoy de acuerdo. Analicemos, por ejemplo, el caso de Javier Cárdenas. Los psicólogos discuten acerca de la existencia de un factor de inteligencia general que esté detrás de todos los comportamientos inteligentes, pero no dudan sobre la existencia de un factor de estupidez general que esté detrás de todos los comportamientos estúpidos. Se puede ser muy inteligente para algunas cosas y no para otras, pero no se puede ser muy tonto sólo para unas cosas y no para otras. La inteligencia es selectiva, la idiocia no. Si “Hora punta” pudiera explicarse por la estupidez de Cárdenas, entonces nuestro querido presentador-de-la-televisión-pública-condenado-en-el-Tribunal-Constitucional-por-humillar-a-un-discapacitado-en-un-programa-de-televisión tendría que ser incapaz... no sé... de prepararse el desayuno, de conducir un coche, de construir frases gramaticalmente correctas en español -bueno, vale, éste último no ha sido un buen ejemplo si hablamos de Javier Cárdenas, pero creo que los lectores pillan la idea-. Cuando uno es muy tonto, es muy tonto para todo.

Es por ello que, contra Robert Hanlon -y con la esperanza de alcanzar su misma notoriedad-, proclamo en esta columna el principio de Rico: “Nunca hay que atribuir a la estupidez lo que puede ser explicado por la maldad”. No se crean que esto es un ataque a Cárdenas. Es más bien una defensa. Cada día que pasa estoy menos seguro de que sea mejor ser tonto que malvado, así que probablemente mi atribución del desatino que fue, es y, me temo, será “Hora punta” a la falta de ética de su conductor más que a su falta de luces sea una postura esperanzada frente al pesimismo hanloniano. Comparten la maldad y la estupidez el hecho de ser irreversibles e incurables, pero al menos la primera, como la inteligencia, es más selectiva que la segunda. Un Cárdenas malvado puede hacer mucho menos daño que un Cárdenas tonto, y eso convierte al principio de Rico en una afirmación mucho más optimista que el principio de Hanlon. Triste tiempo éste en el que tan sólo aspiramos a que la televisión pública haga el menor daño posible.

3 comentarios:

José Ignacio Pérez Culla-González dijo...

Cual es la maldad que cometió?

Comerranas dijo...

Y a la TV privada, que le pedimos ???
Son malvados, tontos o ambas cosas en la sexta ???
De todas formas me la bufa todo ...

Miguel dijo...

¡Qué grande eres, Antonio! Estoy contigo, ese principio tuyo explica muchísimo mejor muchas cosas; y, desde luego, explica a ese engendro...
A los intervinientes, si me permiten, les doy mi opinión. La maldad que ha cometido se puede resumir en una palabra: existir. Pero si quieres, me extiendo un poco: ser un grandísimo hdp y, encima, tener el altavoz de un programa de radio o de televisión.
Y para el otro contertulio, una sola puntualización: las TV privadas son... privadas, juegan con su dinero y, si te apetece, las ves y si no, no. La pública la pagamos tú y yo y todos (o sea que estoy financiando el sueldo de ese excremento), y debería dar un servicio público de calidad, no bazofias como ese programa.
Saludos