13 agosto 2009

EL DONCEL DE RUMANÍA

Valerio Lazarov, como Juana de Arco, fue definido en vida como visionario, místico, demente, líder guerrero, idólatra, liberador y brujo; y, como Juana de Arco, tras su muerte se ha convertido en un santo. Santo Valerio Lazarov, profeta del “zoom”, protector de las mamachichos, patrón de Telecinco, apóstol de “Hotel Royal Manzanares”. Pero, sobre todo, Lazarov fue un hereje venido del frío de Rumanía.

“Oportet haereses esse”, decían los antiguos Padres de la Iglesia: “Es beneficioso que haya herejes”. Sin herejes, sin malditos, sin demonios, sin tipos que te marean a golpe de “zoom” o ideólogos de la “Teleteta”, ¿qué sentido tienen los redentores, los críticos salvadores de las almas de los espectadores, los defensores de la fe? A diferencia de Juana de Arco, Lazarov no prometió conservar su virginidad tanto tiempo como placiera a Dios; pero, a semejanza de la doncella de Orleáns, el hereje rumano oía voces, hizo a Telecinco intrépida y a TVE temerosa y levantó el cerco a la Orleáns audiovisual en los primeros tiempos de la televisión privada. No es la primera vez que un hereje, un brujo, un visionario que escucha las voces de los ángeles san Miguel y san Gabriel y las santas Catalina y Margarita primero es quemado en la hoguera y luego elevado a los altares. Y no será el último.

Lazarov fue hereje y también imprenta, es decir, pionero en el arte de producir programas televisivos de manera artificial, que permitía obtener muchas copias a partir de un original. Los métodos de Lazarov elevaron la tirada media de sus productos, y puso en circulación muchos programas cuyas copias se obtenían en poco tiempo. Además, como pasó con la imprenta, a más ejemplares y menos tiempo para fabricarlos, menor precio. Lazarov, visionario audiovisual, místico de la Nochevieja, demente de la cámara, líder guerrero para ganar la batalla de la audiencia, idólatra de la teta, liberador de la imprenta catódica, brujo capaz de convertir el hostal de Lina Morgan en un hogar. San Lazarov, el doncel de Rumanía, ha dejado ya de escuchar voces en su cabeza, pero nuestras cabezas siguen dando vueltas por culpa del ballet “zoom”.