27 agosto 2009

SOMOS GRIEGOS

Para Platón, los mares griegos semejaban enormes estanques con una gran población de ranas en sus orillas. Digamos, entonces, que las cadenas televisivas semejan enormes (y también pequeños) estanques con una gran (o pequeña) población de ranas en sus orillas. En el pequeño estanque de La 2 unas cuantas ranas reflexionan sobre lo que nos une en “Nexos, alianza de civilizaciones”, mientras que en el gran estanque de La 1 millones de ranas disfrutan con la victoria del Atlético de Madrid frente al Panathinaikos, un equipo griego. Grecia se cuela por todos los poros, incluidos los poros televisivos.

El mapa de Grecia es, en palabras de Javier Reverte, el retrato de una víscera humana despedazada. La parte continental del país es semejante a un corazón que ha estallado, y las islas parecen pedazos de carne diseminados en el mar. La descuartizada geografía de Grecia nos sirve para entender el mapa televisivo, semejante también a un corazón que ha estallado y cuyos pedazos en forma de programas flotan en las pantallas de nuestros televisores. Estanques alrededor de los cuales vivimos las ranas, o trozos de carne que llenan nuestros estómagos televisivos, la televisión es tan griega como el Panathinaikos. Porque el gran Eurípides afirma en “Las suplicantes” que la libertad consiste en que cada cual puede salir a la luz pública o, si le place, callarse. ¿Hay algo mejor acaso para su ciudad? ¿Hay algo mejor para la ciudad televisiva? Podemos criticar a Carlos Baute, desear que se hunda “Sálvame diario” y pronunciar discursos contra Jesús Mariñas, y también podemos callarnos y esquivar estos horrores utilizando el silencio del mando a distancia, e incluso hay ranas dispuestas a pasar un rato en las orillas de los estanques de Baute, Vázquez y Mariñas.

Los griegos amaban el teatro, y los autores clásicos llevaron a la escena todos los asuntos políticos, sociales, filosóficos y cotidianos del momento. Las ranas de hoy seguimos amando el teatro, las charcas, los trozos de carne diseminados por el inmenso mar televisivo. Somos griegos alrededor de un televisor. Por eso es una injusticia poética (no futbolística) que el Panathinaikos no juegue la fase de grupos de la Liga de Campeones. Un equipo ateniense fuera del Olimpo futbolístico. Así es la vida.