21 agosto 2009

LEY DE COSTAS TELEVISIVA

Derrumbamiento y destrucción. Eso es. Todos los programas televisivos veraniegos construidos demasiado cerca del mar deben ser eliminados. Arrasamiento y derribo. Son típicos y llevan toda la vida ahí, pero da igual. Voladura y demolición. Por higiene. Por evitar tan desagradable impacto visual. Por despejar el litoral. Por recuperar el verano y el mar sin construcciones cutres y antiestéticas. Derribamiento y desplome. Derrumbe y devastación.

Todos esos programas que están construidos directamente sobre la playa no hacen más que fastidiarnos el verano dejándonos el salón de casa perdido de arena. Y esos otros que se levantan sobre los paseos marítimos, repletos de gente guapa prefabricada y tópicos, sustituyen la brisa marina por ruido y embotamiento. Todos los años igual, se empeñan en descubrirnos el Mediterráneo. La Ley de Costas Televisiva no deja lugar a dudas: deben desaparecer. También los que parecen más alejados del mar pero que han sido construidos en dominio público marítimo-terrestre, da igual que sean concursos o tertulias de sofá y mesa camilla: esconden, bajo los adoquines, una playa pisoteada y presa.

Hay quienes se oponen a la Ley de Costas Televisiva porque dicen que en estos chiringuitos audiovisuales sirven una sangría con pescaíto frito que están para chuparse los dedos. También alegan que dan trabajo a presentadores y contertulios, sobre todo contertulios, que de otra manera no tendrían forma de ganarse los cuartos. Vale, pues que hagan una moratoria o un plan de inserción audiovisual o lo que sea, pero la normativa debe ser respetada. Todos los programas televisivos veraniegos construidos demasiado cerca del mar deben ser eliminados. Polvo y ceniza. Y después, cuando retiren los escombros, arena, sólo arena frente al mar.