28 noviembre 2009

EL CAPELLÁN DEL DIABLO

Charles Darwin fue un tipo al que le gustaba la vida tranquila y no soportaba el estrés, pero se pasó media vida guardando una bomba que sabía que un día acabaría por estallarle en las manos. Se trataba de un artefacto que, finalmente encuadernado bajo el nombre de “El origen de las especies”, explotó justo hace 150 años y cuatro días causando una enorme onda expansiva que llega hasta hoy. “Qué libro escribiría un capellán del diablo sobre el trabajo torpe, derrochador, primitivo y terriblemente cruel de la naturaleza, sobre la horrible pero silenciosa guerra de los seres orgánicos que tiene lugar en los pacíficos bosques y los sonrientes campos”. En 1856 escribió estas palabras que extendían la vieja ley de la selva a los bosques, los campos y la naturaleza entera. En 1859 publicó el libro que a los ojos de medio mundo le convertiría precisamente a él en el capellán del diablo, un capellán con cuernos, rabo y el estómago destrozado por el estrés.

“Un científico no puede tener deseos ni amores, sólo un corazón de piedra”, así que el bueno de Charles hizo lo que tenía que hacer. La tele es más remolona. Estamos en el año Darwin y en febrero (en el 200 aniversario de su nacimiento) varias cadenas se acordaron de él. Ahora que es su obra la que cumple años sólo lo hacen canales de pago como Odisea (reemitiendo “El diseño inteligente. Darwin Vs. Dios”) e Historia (emitiendo “El paraíso perdido de Darwin”). En ellos se pueden conocer las aventuras de un viajero que se mareaba a bordo del Beagle, la revolución que puso en marcha un señor que amaba la vida tranquila, las enseñanzas de un tipo tan modesto que tuvo la insolencia de enfrentarse a todos para enseñar humildad: “En su arrogancia el hombre cree ser una creación especial digna de la intervención de un ser divino. En mi opinión sería más modesto y contendría mayor verdad si se viera como un ser que desciende de los animales”. Qué cosas: ese gusano, ese alcornoque y ese champiñón son primos nuestros.

1 comentario:

javiguerrero dijo...

Pues hablando de creencias chiripitifláuticas, hoy mismo vi a unos lapones pastores de renos, en el canal odisea, cuya vida era una mierda de tamaño directamente proporcional a la extravagancia de su religión y sus mitos. Eso sí, en el documental nos vendían con mucho cariño lo de la comunión con la naturaleza y todo eso.En mi opinión la selección natural estaba haciendo su trabajo y les quedan cuatro días.