17 junio 2010

ANTE TODO MUCHA CALMA

A la hora en punto empezaba el “Telediario”. Eso era la estabilidad en tiempos de Franco. Daba igual la cantidad de contubernios judeo masónicos que quisieran hacer los judeo masones especializados en contuberniar judeo masónicamente (si existe “complotar”, a ver por qué no iba a haber “contuberniar”. En “judeo masónicamente” igual ya me pasé). Y daban igual los ataques exteriores a la patria y el nacional catolicismo: un rato antes de las tres de la tarde y un poco antes de las nueve de la noche, los anuncios terminaban su importante labor desarrollista y un reloj ocupaba toda la pantalla. Era el reloj de la estabilidad. El segundero recorría la cuenta atrás ante toda España anunciando que todo iba bien. A en punto empezaría el “Telediario”. Mirábamos hipnotizados el segundero y sabíamos que la llegada de los titulares del día era inevitable. Porque todo estaba bien. En calma. En su sitio. No había por qué preocuparse.

No es nada nuevo. Hace 4500 años el Alto y el Bajo Egipto sabían que todo iba bien porque las pirámides se alzaban al cielo según el plan previsto y estarían terminadas a tiempo para albergar la momia del faraón. Pirámides y telediarios para la estabilidad. Ahora la estabilidad es el “Corazón” de Anne Igartiburu. Puede llegar uno nervioso a casa esquivando carreteras cortadas por las lluvias, oyendo noticias aciagas en la radio, viendo en la tele reporteros en directo sumergidos en localidades anegadas al final de la mañana, llamando a la familia por teléfono para ver hasta dónde inundó la casa el desbordamiento del río, pero a las dos y media, la Igartiburu presenta el sumario así se hunda el mundo. Chenoa después de su repentina ruptura con el último cantante con el que salía, la esposa de José Ponce se sincera, Vicky Martín Berrocal desvela su secreto para llevarse bien con su ex marido. Media hora de gilipolleces para que todos sepamos que no hay por qué preocuparse. El faraón garantiza que el Nilo garantiza la cosecha. Franco abre un día más el “Telediario”. Igartiburu sonríe tranquila. Ante todo mucha calma.