09 junio 2010

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A Inés Méndez le gusta mucho el cine. Por eso el pasado sábado quiso terminar un día de duro trabajo viendo una peli que echaban por la tele. Mientras su marido iba dando la cena a los niños, ella fue ganando tiempo. Les preparó la habitación, abrió las camas, colocó el libro de cuentos abierto por la página de siempre y ocultó los últimos rayos de sol que aún se filtraban entre las cortinas. “Que las persianas corrijan el crepúsculo”, pensó sonriendo con permiso de Joaquín Sabina y Chavela Vargas.

Cepillo de dientes, un besito a los abuelos, pis y a la cama. El pequeño está aprendiendo a ponerse el pijama él solo. Se pone la parte de arriba del revés, pero no le dice nada. Le felicita para que aprenda que el esfuerzo es siempre importante y se pone a leer el cuento de buenas noches: “Cenicienta”. Siempre querían que les leyera “Cenicienta”. Había probado con otras muchas historias, pero ninguna tenía el éxito de “Cenicienta”. Otras veces le resultaba aburrido tener que contar una y otra vez el mismo cuento, pero ese día se alegró. Sabía que funcionaría como un bálsamo y que los niños estaban cansados, así que cuando el príncipe fue a buscar a Cenicienta los niños ya estaban dormidos como benditos.

La casa estaba en silencio cuando empezó en La 1 “La película de la semana”. Emitían “Pretty woman”. No se la había perdido nunca desde que la habían emitido por primera vez por la tele en 1994. Y con ésta ya iban catorce. Le gustaban muchísimas pelis, pero ninguna tenía el éxito de “Pretty woman”. A su marido otras veces le resultaba aburrido tener que ver una y otra vez el mismo cuento, pero ese día se alegró. Sabía que funcionaría como un bálsamo y que estaba cansado, así que cuando Richard Gere trepó por la escalera de incendios para ir a buscar a Julia Roberts por decimocuarta vez, estaba dormido como un bendito.

1 comentario:

Alvariño dijo...

Pués, yo volví a verla y me gustó. En estos tiempos, los adultos también necesitamos nuestros propios cuentos, no para dormir sino para poder seguir soñando. Me fuí a la cama con una sonrisa en la cara.