25 junio 2010

PERROS MALCRIADOS

Lean estas líneas: “A ningún campesino, dada la sensatez que suele caracterizar a ese colectivo, hay que recordarle que el perro que cuida sus tierras, casa o rebaños es un animal merecedor de cariño. Pero, obviamente, a ese campesino no se le ocurre confundirlo con su hijo, llevarlo a la peluquería, comprarle un jersey, preocuparse de que esté guapo, etc. Pues bien: la sensatez del campesino parece cosa del pasado”. Es un fragmento del libro “Entre lobos y autómatas” con el que Víctor Gómez Pin ganó el Premio Espasa Ensayo 2006, antes de que “El encantador de perros” se hiciera tan famoso en Cuatro que la cadena se atrevió a hacer su propia versión: “Malas pulgas”.

Comentábamos hace unas semanas cómo proliferan en Cuatro programas destinados a resolver problemas de comportamiento en diferentes especies animales, ya sean hombres, como en “Supernanny”, o perros, como en los antes citados. Pero no habíamos señalado un dato curioso: los humanos que se portan mal en un programa y los perros que se portan mal en otro lo hacen por el mismo motivo: ambos crecieron como niños malcriados. O sea, en los niños se comete el error de malcriarlos y en los perros se comete el doble error de, primero, tratarlos como si fueran niños, y, segundo, malcriarlos. Se les enseña igual (igual de mal), pero con los perros (y las mascotas en general) se comete el gran error inicial de tratarlos como si fueran personas y no animales.

En la web de “Malas pulgas” vemos que lo que más reclama la audiencia es que se traten “problemas de educación de mascotas”, algo imposible. Podrán tratar problemas de adiestramiento, amaestramiento o doma, pero sólo a las personas se nos puede educar (bien o mal). Una cosa es que en la tele enseñen al dueño de un perro a adiestrarlo poniéndose en el lugar del macho alfa, del jefe de la manada. Otra muy distinta es que pretendan que el perro sea un miembro de la familia, un niño, que tiene que aprender a portarse bien cuando hay visita.