13 junio 2010

CASTRATI TV

A esto estuvimos de que unos cuantos niños españoles pidieran a sus padres que los castraran. Y los padres qué iban a hacer, los pobres, ¿oponerse a los deseos de sus hijos para que crecieran con un trauma, para que no pudieran ‘autorrealizarse’, para que los denunciaran el día de mañana por crueldad y maltrato? No, claro, los castrarían porque la ilusión de un niño es lo más importante del mundo. Y más si coincide con los intereses de unas empresas que ganan dinero mientras hacen felices a los niños y a sus papás y a España toda entera.

Pero no vamos a tener niños castrados. Las empresas han hecho números y nada más ver que no ganaban el dinero suficiente, han perdido interés por la felicidad ajena. El interés fue enorme hace mes y medio, cuando Antena 3 empezó a emitir “Quiero cantar” y Telecinco hizo lo mismo con “Cántame una canción”. Entonces, unos cuantos niños empezaron a ser felices en horario de máxima audiencia y sus padres no digamos. Pero España toda entera no mostró el entusiasmo que se esperaba y un mes y medio después esos programas han desaparecido sin dejar rastro. Si ahora algún niño dice “quiero cantar” tendrá que ir a casa de sus abuelitos a ver si alguno le pide “cántame una canción”.

Así que en vez de tener a unos cuantos niños pidiendo ser castrados para seguir triunfando en el altar del Dios de las televisiones con su voz prodigiosa, ahora tenemos a unos cuantos niños desconcertados porque quienes antes los adulaban ahora se han cansado de oírles cantar su versión del “Yo no he sido” que había hecho famoso a Bart Simpson… por un día. Y tenemos a unos cuantos padres que están decepcionados con Telecinco porque han descubierto que es una empresa capaz de suspender en el último momento y sin contemplaciones el último programa que iban a grabar sólo porque no estaban ganando el dinero que esperaban. Si es que la vida está llena de sorpresas.

1 comentario:

cantón dijo...

Todo lo que se añada a lo que acabas de decir serán lugares comunes... Pero desde la opinión de una que no tiene tele, hay una perversa satisfacción por leer que unos papás de esa generación que recibió una educación en la que el "no" empezaba a ser tabú, reciben uno bien grande. La vida es cruel. Sus hijos son más afortunados, han visto un "no" (de esos que ya están prácticamente extintos) a tierna edad.