03 diciembre 2012

TELEVISIÓN ULTRAMEGANEOLIBERAL


La cosa se pone seria. “Pesadilla en la cocina” (noche de los jueves en laSexta) puede ser solo un programa de televisión o puede ser algo más: un ensayo del mundo futuro, una pesadilla de lo que nos espera, una distopía en la cocina. Alberto Chicote no sería entonces un asesor más de los muchos que pululan por la tele dando consejos a cantantes consentidos, padres con niños consentidos y propietarios de perros consentidos: sería un mensajero del futuro que, en vez de traernos lejía con oxiaction, nos trae una nueva versión psicodélica de los uniformes de “Star Trek” y una ventana a un futuro televisivo ultrameganeoliberal.

“Pesadilla en la cocina” funciona. A la gente le gusta y lo ve porque satisface una demanda social: informa del estado higiénico en que se hallan nuestros restaurantes. Eliminemos, entonces, la costosa inspección sanitaria y dejemos que sea la tele la que ofrezca el servicio y genere empleo creando exitosos programas televisivos. Y lo mismo puede hacerse con el resto de los servicios. Eliminemos los impuestos, el Estado bienestar, el Estado del medioestar y el Estado en general, y confiemos en los índices de
audiencia.

Sin impuestos, cada persona tendría que asumir la educación de sus hijos… o no: podría acudir a programas televisivos como “Curso de 63”, de gran éxito entre el público adolescente. Y a quien no dé juego en pantalla, se le expulsa al mercado laboral para que espabile. Los médicos siempre dieron bien en pantalla, así que también triunfarían los programas sobre hospitales y centros sanitarios que curarían a los enfermos que más suben la audiencia. Y así todo. Inspección fiscal televisiva. Policía televisiva. Justicia televisiva. Democracia televisiva. A ver por qué la tele iba a tener que limitarse a enseñar a cantar al que no sabe y a limpiar la cocina a los guarros para que den de comer al hambriento. La tímida televisión asistencial del pasado ha muerto. La nueva tele eliminará todos los gastos sociales y dinamizará la economía. Y para los excluidos, telemaratones a montones.