28 diciembre 2012

SER JUAN CARLOS ORTEGA


El fin de la televisión pública nunca debe ser transformar a los ciudadanos en buenos espectadores, sino transformar a los espectadores en buenos ciudadanos. Es algo más que un juego de palabras. La tele pública nunca debe ser un fin en sí misma, no debe buscar espectadores sin más solo para justificar su propia existencia, debe ofrecer un servicio público que en muchas ocasiones pasa por animar al espectador a dejar de ser un mero espectador, a apagar la tele para convertirse en protagonista y participar en la vida haciendo algo más que zapping.

“La mitad invisible” (sábados, a las 8 de la tarde, en La 2) es un perfecto ejemplo de esta paradójica función de la tele pública. Desde hace tres hermosas temporadas, cada semana se dedica a un cuadro, un libro, una escultura, una canción, una película, un artista, una obra de arte que tenemos al alcance de la mano. Y cada semana nos tienta para que apaguemos la tele, abandonemos el letargo y paladeemos lo mucho que la vida y el arte nos ofrecen: la escultura del Doncel de Sigüenza, la Alhambra, el poema “Espacio” de Juan Ramón Jiménez, el teatro romano de Mérida, “Las Meninas”, “La vida es sueño”, el “Mediterráneo” de Serrat, el monólogo sobre la guerra de Gila

Cada sábado el dios de las televisiones se muestra magnánimo y nos permite ver al gran Juan Carlos Ortega presentar “La mitad invisible”. La envidia es un pecado feo, pero solo somos seres humanos: nos apetece darle un codazo a Ortega para ocupar su lugar y ver en vivo y en directo lo mismo que él vive y ve con ojos como platos. Es el “efecto Labordeta” (quién no sintió, viendo “Un país en la mochila”, el irrefrenable impulso de sustituir al insustituible José Antonio Labordeta). Afortunadamente, hay solución. Solo tenemos que esperar a que acabe la emisión para ir al libro, la canción o el teléfono (no para llamar a Gila, ojalá pudiéramos) y llamar a los amigos con los que visitar ese lugar, esa obra de arte, esa parte de la vida de la que acabamos de conocer su mitad invisible. Y ser, así, Juan Carlos Ortega.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es una manera de verlo. En mi pueblo se dice que quien de lejos lo parece, de cerca... Aún recuerdo lo que decía de él en radio nacional su "compañero" Iñigo. Una pena.