13 agosto 2013

ESPARTACO, AKENATÓN Y EL CIELO

Si las plagas o terremotos no rompen ningún diseño del cielo, decía Alexander Pope, ¿por qué entonces algún Borgia? Es decir, si los males naturales no comprometen el poder de Dios, ¿por qué iban a hacerlo los males morales? Si aceptamos que ni el terremoto que arrasó Lisboa en el siglo XVIII ni el papa Alejandro VI rompen ningún diseño del cielo, entonces tenemos que aceptar también que ni el terremoto de sangre del último capítulo de “Spartacus: la guerra de los condenados” ni ese Rodrigo de Borja romano disfrazado de Craso rompen ningún diseño de la historia. El guion de “Spartacus” (Canal+) no tiene nada que ver con la auténtica historia de Espartaco, y ese Craso capaz de decir, sin despeinarse, que “las leyendas sólo son carne de los sueños pudriéndose en el duro sol de la realidad”, es una caricatura de un mal boceto. ¿Y qué? La relación que establece la serie entre Espartaco y Craso es completamente inventada, como la filosofía del propio Espartaco o el porte de caballero medieval de Craso. No pasa nada. A partir de septiembre, los profesores podrán corregir en los institutos los excesos de “Spartacus”, pero podrán hacerlo gracias a que los chavales ya saben quiénes eran Espartaco y Craso, y han aprendido que la libertad, como la fama, cuesta.

Si queremos disfrutar de la historia sin terremotos o papas renacentistas, podemos ver el documental “La ciudad perdida del faraón” (La 2). Es más, no hay mejor contrapunto a los excesos de “Spartacus” que el silencio de los conmovedores restos de Aketatón, la ciudad que el faraón Akenatón fundó en medio de una llanura desértica para mayor gloria del dios Atón. La paciencia de los arqueólogos que trabajan en la actual Amarna devolviendo a la vida los palacios, casas y almacenes de la ciudad de Akenatón es el remedio ideal para poner en su sitio los duelos imposibles entre Espartaco y Craso. El delicado arte de la época de Akenatón, tan reconocible como un dibujo de Picasso o una diagonal de Messi, está a mucha distancia de la sangre, muerte y torturas que ponen fin a “Spartacus”, y precisamente por eso el documental tranquilo y la serie nerviosa se complementan. El faraón Akenatón y el gladiador Espartaco deberían aparecen juntos en una serie o en un documental. No creo que se rompa ningún diseño del cielo.