04 agosto 2013

¿QUÉ PASA, SANTO TOMÁS?


Como a Amélie, me gusta hacer rebotar las piedras en el agua, me gusta mirar hacia atrás en el cine y ver la cara de los espectadores y me gusta hacer preguntas idiotas sobre las series de televisión que se extienden ante mis ojos. Amélie odia las viejas películas cuando el que conduce nunca mira a la carretera. Yo odio las nuevas series cuando alguien llama por teléfono y el otro descuelga al instante. ¿Por qué en “Big Bang” siempre que Leonard llama a Howard o a Penny, el ingeniero y la camarera aspirante a actriz responden al segundo toque del móvil? Es una pregunta idiota, lo sé. Amélie se preguntaba cuántas parejas estarán teniendo un orgasmo en ese momento, y yo me pregunto por qué en las series de televisión todo el mundo coge el teléfono tan rápido. Santo Tomás de Aquino empleó mucho tiempo y esfuerzo en analizar el número, variedades, inteligencia y origen de los ángeles, y se preguntaba si los ángeles atraviesan o no el espacio cuando se desplazan de un lugar a otro. ¿Por qué Amélie y yo no podemos preguntarnos por los orgasmos y los teléfonos?

En “Pulp fiction”, un desesperado Vincent Vega lleva en su coche a Mia, la mujer de Marsellus Wallace, que está a punto de morir de sobredosis, y llama por teléfono a su camello para que le eche una mano, pero el tipo está viendo la tele y tarda una eternidad en contestar. Así es la vida, amigo Vincent. Sin embargo, en las series televisivas nadie hace esperar a nadie. La diferencia entre el cine y la televisión es que en televisión nunca hay tiempo para que un personaje tarde más de dos segundos en contestar al teléfono. La tensión dramática que supone que el teléfono suene y suene sin que nadie responda es imprescindible en “Pulp fiction”, pero en “Big Bang” tenemos que suspender nuestra incredulidad telefónica y aceptar que Howard y Penny siempre están a punto al otro lado del móvil. Por cierto, estoy pensando que Howard Wolowitz puede ser Felipe, el entrañable amigo de Mafalda, que se ha hecho mayor, ha estudiado ingeniería con beca en el MIT, ha descubierto que hay más chicas que Muriel y sigue amando los tebeos. ¿Es Howard un Felipe judío, moreno y con ropa ajustada?

¿Qué pasa, santo Tomás? ¿Acaso los ángeles son más importantes que los orgasmos, los teléfonos y Felipe?