27 agosto 2013

1001 MANERAS DE MORIR


“He dicho que te bultes, mamá”, dice la chavalería muerta de risa imitando la voz de la animada Princesa Bultos de los dibujos “Hora de Aventuras” (Cartoon Network y Boing). Por su culpa, la muerte del “aventurero del aire” Álvaro Bultó en un accidente no sé si laboral me cortocircuitó: ahora que “bultar” es un verbo, en mi cabeza recalentada la Princesa Bultos repetía “He dicho que te bultes, Álvaro. Y Álvaro se bultó”. No, no es el momento de estúpidos juegos de palabras, así que vamos por otro lado.

Sospecho que la muerte de un personaje televisivo como Bultó será tarde o temprano una muerte televisada. Si vimos montones de grabaciones en las que se jugaba la vida, seguro que hay una grabación de cómo la perdió. Alguien la colgará un día, la recogerán los telediarios y la aprenderemos fotograma a fotograma como nos tuvimos que aprender la curva del tren de Santiago.

Con la impactante noticia del accidente vimos que esa forma de jugar con la muerte (que este año ya lleva veinte muertos, incluido el paracaidista que hizo de James Bond en la inauguración de los JJ.OO. de Londres) se puede llamar “el hombre pájaro” o “salto con traje de alas”, pero mola más “wingsuit flying” o “wingfly”. Tal vez, cuando el vídeo salga ayude además a desmitificar el divinizado deporte de riesgo, la glorificada aventura extrema y la celebrada vida al límite, en cuya órbita gira, no lo olvidemos, esa estupidez unánimemente despreciada del balconing.

Así son las cosas: no deberíamos habernos quejado tanto de “¡Mira quién baila!” y de “'Splash! Famosos al agua”, programas en los que Bultó nos dio la brasa bailando y saltando al agua. Mejor bailar con Anne Igartiburu y saltar al agua con Arturo Valls que esa manera 1001 de morir que aún no entiendo por qué se llama deporte y se promociona en la tele con más impunidad y menos vergüenza que las corridas de toros.